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Una de las primeras cosas que pensé al entrar a la escuela de periodismo fue: ¿cómo puedo usar esta profesión para servir a Dios? Por muchos años había hecho una separación entre el trabajo y el evangelio, e identificaba el trabajo como una actividad secular que tenía poco o nada que ver con la vida cristiana.

Sin embargo, las Escrituras me enseñaron que todo lo que hace aquel que ha sido redimido por Cristo debe estar moldeado por el evangelio. Cuando entendemos esta verdad, la manera de ver nuestra vida cambia, incluyendo el trabajo.

Soy de la nueva escuela del periodismo, y he dedicado mis últimos tres años y medio a buscar historias, hacer entrevistas, escribir reportajes, y tomar mucho café. A la luz de mis experiencias, quiero compartirte tres maneras en que puedes glorificar a Dios mientras ejerces lo que el nobel de literatura colombiano, Gabriel García Márquez, llamó “el mejor oficio del mundo”.

Todo lo que hace aquel que ha sido redimido por Cristo debe estar moldeado por el evangelio

Defiende el evangelio

Presentar defensa de la fe es una de nuestras responsabilidades como hijos de Dios. El apóstol Pedro nos exhorta a estar “siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 P. 3:15).

Recibí el primer ataque a mi fe un par de días después de ingresar a la universidad. Una profesora atea, al enterarse que yo era cristiano, me hizo objeto de burla frente al resto de la clase. Y desde aquel momento mi fe ha sido probada una y otra vez en el ejercicio del periodismo.

En una ocasión, mientras trabajaba en un periódico, el director me solicitó hacer la cobertura de un evento LGBTI. Tuve temor al recibir esta asignatura, y decidí consultar con varios hermanos si debía o no cumplir con este trabajo. Al final llegué a la conclusión que si se trataba únicamente de reportar el evento, no existía una contrariedad con mi fe. Pero si me pedían escribir un reportaje a favor de dicho evento, no podría hacerlo por causa de mis convicciones. Sin embargo, al final de todo este proceso llegué a enterarme que todo había sido una mala broma del director para probarme.

Dar a conocer nuestra fe en Dios debe ser una de las primeras cosas que hagamos donde quiera que lleguemos a trabajar. Esto le permitirá a tus superiores y compañeros entender que existen temas, o incluso conversaciones, de las cuales no serás partícipe por causa de tu fe.

Haz todo con excelencia

Si nuestro Dios hizo todo con excelencia al crear el mundo (Gn. 1:31), nosotros debemos procurar hacer las cosas de la misma manera. Desde el momento en que salí de la universidad, el Señor me ha bendecido con personas que no solo me han enseñado a amar esta profesión, sino también a crecer como periodista.

En mi último trabajo, el jefe que Dios puso en mi camino fue una persona que amaba hacer todo con excelencia. ¡Y eso se contagia! Las duras demandas, aun cuando son difíciles de recibir en el momento, son uno de los medios que Dios usa para formarnos como creyentes. Debemos esforzarnos por ver cada corrección o regaño como una muestra de la bondad de Dios en nuestra vida. Él nos está exigiendo hacer las cosas a como Él las hace: perfectas.

Cada vez que escribas o hagas un trabajo periodístico, busca hacer las cosas de la mejor manera. Dedica el tiempo que sea necesario para que el producto final sea el mejor, pues al hacerlo estarás glorificando al Señor (Col. 3:23).

Si nuestro Dios hizo todo con excelencia al crear el mundo, nosotros debemos procurar hacer las cosas de la misma manera

Sujétate a tus jefes

Pareciera que la mayoría de los medios de comunicación son dirigidos por personas malhumoradas y difíciles. Diferente a lo que un inconverso puede llegar a pensar de un mal jefe, los creyentes debemos someternos (siempre con sabiduría) a ellos a pesar de su cuestionable carácter.

Algunos meses antes de casarme trabajé en un medio de comunicación donde mi jefe probaba mi fe a cada momento. Sus regaños eran mi pan de cada día. Viví momentos tan difíciles que en varias ocasiones consideré renunciar debido al maltrato. Sin embargo, tuve la bendición de contar con la compañía y consejo de mi pastor, quien me ayudó a entender y poner en práctica la compleja instrucción de Dios en 1 Pedro 2:18: “Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no sólo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables”.

Esta verdad del evangelio transformó mi forma de pensar con respecto al sometimiento ante las autoridades impuestas por Dios. Veinte días después de mi boda recibí una carta de despido. De esa manera entendí que mi tiempo en ese lugar había terminado, y que había logrado pasar la difícil prueba de lidiar con un mal jefe y traer gloria a Dios en medio de ello.

Aquellas dudas que tuve al inicio de mi carrera se han disipado al entender que puedo glorificar a Dios mientras ejerzo mi profesión, a la luz del evangelio: defendiendo la verdad de su Palabra en medio de escenarios laborales complejos; haciendo todas las cosas con excelencia, como para el Señor; y sometiéndome a mis jefes insoportables, con humildad y respeto, pues sé que en esta carrera seguramente me encontraré con muchos de ellos.

Siempre estaré agradecido con el Señor al concederme la bendición de ejercer dos de mis mayores pasiones: predicar el evangelio y ser un periodista.


Imagen: Lightstock.
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