Evitando la trampa de comparar iglesias

Comparar tu iglesia con otra iglesia puede ser una de las peores cosas que podrías hacer como líder.

Para ser claro, no me refiero a aprender de otras iglesias. Siempre podemos aprender de nuestros compañeros y nuestras congregaciones hermanas.

Sin embargo, es malo compararse solo por compararse. Permíteme compartir algunas reflexiones para ampliar el tema que me preocupa.

1. Deberíamos enfocarnos en las bendiciones de Dios en nuestras iglesias. ¿Recuerdas las palabras del apóstol Pablo en Filipenses 4:8? “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten”. No estamos pensando en las cosas de Dios cuando comparamos nuestra iglesia con otras. Estamos pensando en lo que no tenemos. La Palabra de Dios nos ordena centrarnos en las bendiciones que Dios nos da, incluyendo las bendiciones de nuestra congregación.

No estamos pensando en las cosas de Dios cuando comparamos nuestra iglesia con otras. Estamos pensando en lo que no tenemos.

2. Las comparaciones solo empeoran las cosas. No hay mucho bien que pueda venir de comparar nuestra iglesia con otras. Cuando lo hacemos, tomamos una de dos posturas. La primera es una de celos: deseamos tener lo que otro tiene. La segunda postura es de ingratitud, que lleva a mi siguiente punto.

3. Nuestra disposición continua debe ser una de gozo. Solo unos pocos versículos antes del texto en Filipenses 4:8 que mencioné anteriormente hay un mandato doble a regocijarnos. De hecho, es un mandato a estar en un modo constante de gozo: “Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!” (Fil. 4:4). Debemos tener gran alegría en el llamado que Dios nos ha dado. Él te tiene en el lugar exacto donde quiere que sirvas. Regocíjate en lugar hacer comparaciones.

4. Las comparaciones nos dan una perspectiva a corto plazo. Cuando nos comparamos, anhelamos algo que no tenemos. Nuestro enfoque cambia a un lugar y llamado que no es para nosotros. Como consecuencia, a menudo deseamos estar en otro lugar. Desarrollamos una perspectiva a corto plazo para nuestro llamado actual. Pero nuestras congregaciones necesitan líderes que estén dispuestos a servir a largo plazo. El pasto verde de la otra iglesia a menudo se torna marrón una vez que llegamos allí.

5. No estamos mostrando amor por la novia cuando hacemos comparaciones. Los matrimonios comienzan a deteriorarse cuando un esposo o esposa compara a su cónyuge con otra persona. “Si tan solo mi cónyuge fuera como esa persona”, podemos pensar. Tales pensamientos muestran deshonor a nuestro cónyuge. La iglesia es la novia de Cristo. No mostramos amor ni honor a Su novia cuando la comparamos con otras.

La iglesia es la novia de Cristo. No mostramos amor ni honor a Su novia cuando la comparamos con otras.

Aprende de otras iglesias. Siempre es saludable estar dispuesto a aprender. No obstante, no compares tu iglesia con otras en un sentido negativo. Nada bueno puede salir de eso.

Regocíjate en tu llamado presente. Esa actitud transformará tu liderazgo y, en consecuencia, transformará la iglesia a la que Dios te ha llamado.


Publicado originalmente por Thom Rainer. Traducido por Daniel Lobo.
Imagen: Lightstock.
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