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El evangelio según Chris Pratt

No soy de los que se emocionan cada vez que alguna celebridad empieza a hablar sobre su fe o menciona a Dios. Creo que hay demasiada adoración a las celebridades y los cristianos son absorbidos por eso como todos los demás. Es como si sintiéramos que significa algo si tenemos el endoso para Jesús por parte de una celebridad. No significa nada. Así que no lo tomen a mal cuando digo que me emocioné mucho cuando escuché el discurso de agradecimiento de Chris Pratt por su premio “Generation” en los 2018 MTV Movie & TV Awards.

La sustancia de su discurso fue una presentación de lo que él llamó “las 9 reglas de Chris Pratt”. Cuando escuché ese título, mi mente inmediatamente se fue al popular libro del profesor Jordan Peterson, “12 reglas para la vida”, que recientemente fue fuente de discusión entre muchos cristianos. En esta lista de reglas, sin embargo, Pratt no es un profesor. Su discurso estuvo salpicado de chistes acerca de excremento y otras tonterías. Pero entre el humor, podías darte cuenta de que la intención principal de Pratt era comunicar algunas ideas importantes acerca de Dios, los seres humanos y sí, incluso sobre la cruz de Jesús.

Mira sus “9 reglas” aquí:


Las 9 reglas de Chris Pratt

  1. “Respira; si no lo haces, te puedes sofocar”.
  2. “Tienes un alma. Cuídala”.
  3. “No seas un estúpido. Si eres fuerte, protege a los demás, y si eres inteligente, influencia de una manera humilde. La fuerza y la inteligencia pueden convertirse en armas; no las utilices contra los débiles. Eso te haría un abusador. Sé mejor que eso”.
  4. “Cuando debas darle medicina a un perro, coloca la medicina en un pedazo de carne. No se dará cuenta de que está siendo medicado”.
  5. “No importa de lo que se trate, gánatelo. Una buena acción puede rescatar a alguien en sufrimiento, sé servicial. Se siente bien y es bueno para tu alma”.
  6. “Dios es real. Dios te ama. Dios quiere lo mejor para ti. Cree eso. Yo lo creo”.
  7. (Nota del editor: Un comentario acerca de cómo hacer tus necesidades en una fiesta).
  8. “Aprende a orar. Es fácil, y es demasiado bueno para tu alma”.
  9. “Nadie es perfecto. La gente te dirá que eres perfecto así como eres, pero no eres perfecto. Tú eres imperfecto y siempre lo serás. Pero existe una fuerza poderosa que te diseñó de esa manera, y si tú estás dispuesto a aceptar eso, tendrás gracia, y la gracia es un regalo. Así como la libertad que disfrutamos en este país, ese regalo de gracia fue pagado con la sangre de alguien más. No te olvides de eso. No lo des por sentado”.

Lo ridículo y lo serio

Aunque los ocasionales comentarios ridículos o vulgares atrapan nuestra atención y nos hacen reír de manera superficial, si observas cuidadosamente la estructura de las 9 reglas de Chris Pratt, puedes ver en lo que se está enfocando realmente.

La número 1 es una lección de vida graciosa. La 2 es una verdad espiritual y la 3 una lección de vida profunda.

Luego él continúa con la número 4, que es otra lección de vida graciosa, y sigue con dos puntos importantes: 5, una lección de vida profunda y 6, una verdad espiritual.

En la regla 7 él ofrece una última lección de vida graciosa, antes de terminar con 2 lecciones más importantes; ambas son lecciones de vida profundas que están envueltas de verdades espirituales. Por supuesto, los chistes ridículos están ahí, pero simplemente están sirviendo el propósito de separar los puntos serios que quiere hacer.

Las ideas que más destacaron para mí fueron sus proclamaciones acerca de la realidad del alma, la realidad de un Dios amoroso, y la realidad de la imperfección humana. Me encantó su llamado a usar nuestras fortalezas para servir a los que están en necesidad y su exhortación a aprender a orar. Pero por sobre todo, me encantó su mención de la gracia y de la cruz de Cristo. Quizá se te pasó, pero estaba justo ahí, al final de su última regla.

Gracia gratuita pero no barata

La regla número 9 comienza recordándonos la verdad universal que todos conocemos acerca de nosotros mismos: nadie es perfecto. Esa es una manera suave de decir que todos somos pecadores quebrantados y necesitamos un Salvador. Pratt tiene razón. Como Pablo escribe en Romanos 3:23, “todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios”.

Pratt continúa diciendo la verdad de que Dios nos diseñó y que necesitamos aceptar la realidad de nuestra pecaminosidad. De nuevo, tiene razón. La Palabra de Dios claramente enseña que fuimos creados de manera única por Dios y debemos responder delante de Él. Ahora, cuando Pratt habla acerca de Dios, él usa de nuevo un lenguaje más suave, llamándolo una “fuerza poderosa”, pero por lo menos podemos ver a partir de la regla 6 que él realmente cree que Dios es un ser personal que nos ama y desea nuestro bien.

Finalmente, Pratt continúa diciendo que aquellos que aceptan su imperfección a la luz de Dios como nuestro creador, recibirán gracia. Ahora, él es un poco vago aquí: nuestras imperfecciones por ser criaturas (limitaciones, impedimentos, peculiaridades, etc) no son lo mismo que nuestros fracasos morales. No deberíamos pensar que aceptar la manera en que fuimos hechos es lo mismo que aceptar nuestro pecado. Pero Pratt entiende claramente que hay un problema y un precio a pagar, porque inmediatamente continúa para describir algo llamado “gracia”.

La gracia, dice Pratt, es un regalo. Es gratis. Pero no es barata. De hecho, costó muchísimo. Comparándola con la “libertad” que se logró solo a través de la sangre de aquellos que lucharon para obtener la independencia de Estados Unidos, Pratt sugiere que el regalo de la gracia es lo mismo. La gracia que necesitamos fue pagada, no con nuestras buenas obras o nuestros esfuerzos morales, sino “con la sangre de alguien más”. Esto, si no lo habías notado, se refiere a Jesús. Es su muerte sangrienta la que paga por nuestro pecado e imperfección, y compra para nosotros la gracia que nos reconcilia con Dios. Este es el evangelio. Fue un poco oscurecido, pero estaba ahí, y fue emocionante escucharlo proclamado desde un escenario como el de los MTV Awards.

“Nadie es perfecto”

Hay algunas cosas que desearía que Chris Pratt hubiera y no hubiera dicho durante su discurso. Más que todo, desearía que hubiera mencionado el nombre de Jesús. Esto le hubiera dado al público una persona más directa a quién acudir para encontrar gracia, cuando pongan en práctica la regla 8 y empiecen a orar al Dios que es real y los ama.

Pero al igual que el comentario sobre el reciente sermón en la boda real del obispo Michael Curry, creo que es mejor simplemente mirar lo positivo y poner nuestra energía en usar este tipo de mensajes como una plataforma de lanzamiento para conversaciones acerca del evangelio, en lugar de derribar el mensajero o las imperfecciones en el mensaje.

Para ser honesto, después de escuchar el discurso, no me enfoqué en las partes que Chris Pratt dejó de lado. Estaba emocionado. Y no fue porque estas palabras vinieran de la boca de un actor de Hollywood. Para nada. Estaba emocionado porque su discurso, mezclado con la comedia y vulgaridad, contenía unas pocas pepitas de verdades espirituales muy sencillas que —si se escuchan correctamente— realmente apuntarán a las personas al evangelio. Fue emocionante escuchar esas verdades siendo proclamadas desde una plataforma que será escuchada por millones. Recuerda, solo unos días antes, el discurso de “Trump” de Robert Deniro en los Tony Awards, lleno de superioridad moral y autocomplaciencia, estaba en todos los titulares. Esperemos que el discurso de Pratt sobre la humildad, la gracia, y un Dios amoroso lo reemplace.

Por supuesto, algunas de las personas que lo escuchen responderán con burla y muchos otros se olvidarán de él para mañana, pero oro que haya algunos que sean intrigados por estas declaraciones de verdades espirituales poco populares. Y, sobre todo, oro que alguien allá afuera se pregunte a qué se refería Chris Pratt cuando habló de un “regalo de gracia [que] fue pagado con la sangre de alguien más”. Que Dios los guíe a encontrar que la respuesta se encuentra en el sacrificio dador de gracia de Jesús.


Publicado originalmente en TGC AU. Traducido por Ana Ávila y Carolina Holguín.
Fotografía: Gage Skidmore.
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