¿Era C.S. Lewis un evolucionista?

¿Era C.S. Lewis un evolucionista? He oído esta acusación en su contra más de una vez, a veces por los admiradores, pero más a menudo por aquellos que prefieren que estemos leyendo y citando a otra persona.

La mejor manera de responder a esta pregunta es mirar no solo de manera aislada los comentarios, sino mirar a la trayectoria intelectual de Lewis en su conjunto. Eso es lo que Douglas Wilson hizo cuando recientemente abordó la cuestión de las creencias de Lewis.

Aquí está la cita relevante de Wilson:

Pero recuerda que Lewis se había convertido de adulto … en etapas desde un ateísmo estridente. Cuanto más tiempo era cristiano, más podemos rastrear su distancia de la evolución. En 1942, publicó Perelandra, que él consideraba mítico, pero su tratamiento mítico incluyó un muy histórico Adán y Eva Perelándricos. Y otro buen lugar para buscar es en su ensayo “Funeral of a Great Myth” (Funeral de un gran mito), que se puede encontrar en “Christian Reflections” (Reflexiones cristianas). Ahí, Lewis dice que la evolución apela a cada parte de él a excepción de su razón.

Específicamente al punto, durante un período de años Lewis fue amigo por correspondencia de un hombre llamado Bernard Acworth, un creacionista que había enviado a Lewis su libro sobre la evolución. Este extracto proviene de una carta escrita por Lewis para Acworth en 1951.

“Debo confesar que me ha sacudido: no en mi creencia en la evolución, que era del tipo más vago y más intermitente, sino en mi creencia de que la cuestión era totalmente sin importancia. Desearía ser más joven. Lo que me inclina a pensar que ahora puedes tener razón en considerar como la mentira central y radical en toda la red de falsedad que ahora gobierna nuestras vidas, no son tanto sus argumentos en su contra como las actitudes fanáticas y retorcidas de sus defensores. La sección de Antropología fue especialmente buena. … El punto de que toda la economía de la naturaleza exige simultaneidad de al menos un gran número de especies es una dificultad”.

La trayectoria intelectual de Lewis aquí es importante. A veces Lewis es repicado por los comentaristas evangélicos modernos porque no se acerca a la Escritura de una manera más tradicionalmente inerrante. Hay algunas críticas legítimas de Lewis que se encuentran allí, sin duda. Pero creo que Wilson está en lo cierto de que la forma de escribir de Lewis indica un movimiento hacia una cosmovisión y antropología bíblica, no fuera de ella.

Hay más pruebas. Gran parte del argumento de Lewis en “Miracles” (Milagros), por ejemplo, es muy acogedor a la idea de que Dios interfiere directamente en las leyes naturales. Siempre me ha parecido que uno de los atractivos de la evolución es que alivia su patrón de la extraña doctrina de un Creador omnipotente en realidad dando vueltas en su creación haciendo cosas. Esto se siente como un punto de vista poco digno y muy impersonal de Dios, en lugar de uno en el que Dios simplemente implementa sus principios naturales de causa y efecto de tal manera que la aparición humana está garantizada. No estoy seguro de que Lewis se haya acercado al tema de Milagros de la manera que lo hizo si deseaba conservar las bases filosóficas de la evolución teísta.

También hay un pasaje fascinante en “The Weight of Glory” (El peso de la gloria) en el que Lewis critica el “evolucionismo universal” (naturalismo evolucionista). Parece bastante claro en este pasaje que Lewis creía que 1) la historia genética del mundo no es un ciclo infinito y 2) que la historia y la teleología cósmica no se dirigía, como afirman los darwinistas, hacia una mayor emergencia evolutiva:

…el evolucionismo universal es una especie de ilusión óptica, producida por ocuparse exclusivamente de la aparición [de la gallina] del huevo. Se nos enseña desde la infancia a notar cómo el roble perfecto crece de la bellota y olvidar que la bellota en sí fue arrojada por un roble perfecto. Constantemente se nos recuerda que el ser humano adulto era un embrión, nunca que la vida del embrión vino de dos seres humanos adultos. Nos encanta darnos cuenta de que el motor expreso de hoy es el descendiente del “Rocket”; no recordamos por igual que el “Rocket” no surge de algún motor aún más rudimentario, sino de algo mucho más perfecto y complicado en sí, a saber, un genio. La obviedad o naturalidad, que la mayoría de la gente parece encontrar en la idea de la evolución emergente parece, por lo tanto, ser una pura alucinación. (El peso de la gloria, 104-105)

Nada de esto demuestra que Lewis no era un teísta evolucionista. Sin embargo, sí sugiere que Lewis llegó a creer que el punto de vista evolutivo de la historia natural era, a lo sumo, un desastre real, y en el peor de los casos, pura tontería. Tendría absolutamente sentido si, al final de su vida, Lewis hubiera rechazado cualquier tipo de explicación evolutiva para los seres humanos. Una vez más, no hay prueba irrefutable para eso, pero ciertamente encajaría con el patrón de su trayectoria intelectual posterior.


Publicado originalmente en Samuel D. James. Traducido por Gimena Molina. 
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