El tiempo en la Palabra no es un deber sombrío

Frank Laubach (1884-1970) dedicó su vida a promover la alfabetización en todo el mundo con el objetivo de que las personas pudiera leer la Biblia. Escribió un influyente folleto titulado The Game with Minutes (El juego con minutos), en el que animaba a los cristianos a mantener a Dios en sus pensamientos por lo menos un segundo de cada minuto al día.1

Laubach escribió:

La gente humilde a menudo cree que caminar con Dios está por encima de ellos, o que pueden “perderse de un buen tiempo” si comparten todas sus alegrías con Cristo. ¡Es un malentendido trágico considerar al Señor como un asesino de la felicidad! Un coro de voces alegres alrededor del mundo cantan con justa razón que pasar sus horas con el Señor es la alegría más emocionante que jamás hayan experimentado, y que comparado con ello, un partido de futbol o una carrera de caballos son insignificantes. Pasar tiempo con el Señor no es un deber sombrío. Y si lo ignoras por unos minutos o incluso por días enteros, no te quejes o arrepientas, sino empieza de nuevo con una sonrisa. Vivimos un día a la vez. Cada segundo puede ser un nuevo comienzo.2

La mayor parte del tiempo (me gustaría poder decir que siempre), me acerco a Dios con la esperanza de ser alimentado y alentado, de recibir alegría y perspectiva. En algunos momentos siento la presencia de Dios más que en otros, pero sé que está siempre conmigo y por lo tanto estoy con Él. Su sabiduría, percepción, gracia, y amor a menudo me conmueven y casi siempre me alientan. Y si hoy no fuera un buen día, no tengo que esperar a mañana. Él aún está conmigo para hacerle frente a mi día. Todavía puedo pensar, orar, y meditar en las Escrituras, incluso cuando hago otras cosas, incluyendo (especialmente) lo rutinario. El tiempo que pasamos con Dios nunca es tiempo perdido; por el contrario, se derrama sobre el resto de nuestro día y le da color.

El puritano Thomas Brooks escribió:

Oh, amigos míos, si tan solo se comprometieran sinceramente a la lectura de las Sagradas Escrituras, encontrarían en ella tal gozo innumerable, tanta dicha inmensurable, abundantes alegrías inexplicables, y tan preciosa felicidad invaluable; y si todo esto no te atrae a leer las Sagradas Escrituras con esmero y constancia, no sé qué lo hará.3

Casi cuatrocientos años después, estas palabras siguen siendo ciertas. La inmensa felicidad que Brooks encontró en la Escritura está gratuitamente disponible para todos nosotros, y la promesa de ese gozo nos debe acercar a nuestra Biblia todos los días.


Extracto del libro Happiness de Randy Alcorn.
1. Frank C. Laubach, The Game with Minutes (Eastford, CT: Martino Fine Books, 2012).
2. Hermano Lorenzo y Frank Laubach, Practicing His Presence (Sargent, GA: Los SeedSowers, 1973), 36.
3. Thomas Brooks, “The Crown and Glory of Christianity”, The Complete Works of Thomas Brooks, vol.  4.
Publicado originalmente en Eternal Perspective Ministries. Traducido por Carolina López Ortiz.
Imagen: Lightstock
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