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El evangelio merece toda nuestra lealtad, aprecio y cuidado. Nuestra prioridad como creyentes es predicar y atesorar las gloriosas verdades de la obra redentora de Cristo. La forma principal en que hacemos esto es proclamando a Cristo y a este crucificado (1 Co. 2:2). Nuestros púlpitos, conversaciones, y perfiles de Facebook deben estar repletos de la verdad de que Cristo es nuestro mayor tesoro y satisfacción. Otra forma en que reflejamos nuestro compromiso con el evangelio es identificando y combatiendo filosofías erróneas que pueden socavar la verdad en nuestras vidas, familias, iglesias, y sociedad.

En nuestros círculos bíblicos en Latinoamérica nos hemos concentrado en batallar contra los efectos del evangelio de la prosperidad. Afirmo querer terminar con este horrendo mensaje, pero en ocasiones pienso que pasamos mucho tiempo atacando la falsedad en lugar de mostrar la belleza de Cristo. Desde mi perspectiva, el evangelio de la prosperidad es peligroso, pero no es la única filosofía que se ha infiltrado en nuestras vidas. El evangelio de la prosperidad es una herejía que debe ser fácil de discernir para un verdadero creyente, pero en estos tiempos pienso que hay otro enemigo al cual también debemos prestar atención. Estoy hablando del marxismo cultural.

El peligro del marxismo cultural

La razón por la que el marxismo cultural es tan peligroso, es que no es simplemente una herejía que afecta la iglesia. Se trata de una cosmovisión que presenta una forma de vida contraria a la Palabra de Dios. En los Estados Unidos, donde pastoreo, el tema del marxismo cultural ha salido a relucir con las manifestaciones de índoles raciales a consecuencia de la muerte de George Floyd, en mayo del 2020. Todos podemos estar de acuerdo en que todo tipo de discriminación es pecado; todos podemos estar de acuerdo en que la brutalidad policial es algo horrendo. Lo que tenemos que cuidar es que se utilicen causas justas para mover agendas malvadas. Todo creyente debe estar en unidad contra la discriminación, pero atentos a no apoyar filosofías erróneas que se usan en el activismo.

Tenemos que reconocer que hay aspectos redimibles en casi toda cosmovisión. El marxismo cultural tiene un alto sentido de justicia y de rectificar sufrimientos. Estos impulsos están dentro de todo ser humano porque llevamos la imagen de Dios en nosotros. Pero es importante entender que solo mediante las verdades bíblicas podemos buscar justicia correctamente. 

Cuando una persona que estaba comisionada para proteger a la población asesina a un ser humano, debemos pedir justicia. Pero es evidente que la cultura está usando estos sucesos para mover una agenda no bíblica que va más allá de los aspectos raciales. Es evidente que la conversación actual se ha movido de permitir que se haga justicia, a promover filosofías enemigas del evangelio.

Voy a explicar a qué me refiero al tratar de definir el marxismo cultural. Karl Marx desarrolló la filosofía comunista en la que se presenta que la historia de la humanidad es una caracterizada por la lucha de masas por vencer la opresión económica. Así que el marxismo es, en esencia, una cosmovisión económica aunque tiene efectos en toda la sociedad. 

Algunos filósofos han tomado los argumentos del marxismo y lo han llevado a otros aspectos de la cultura en general, donde se puede dividir el mundo entre los oprimidos y los opresores. En esta filosofía se busca la igualdad de resultado para todos, y no igualdad de condiciones. En el marxismo clásico se busca la igualdad económica, y en el cultural la igualdad de todos los aspectos del ser humano. 

¿Es la igualdad de resultado un principio bíblico?

La búsqueda de la igualdad parece algo en lo que todos pudiéramos estar de acuerdo. Sin embargo, tenemos que entender qué tipo de igualdad se busca en el marxismo cultural. 

A la luz de la Biblia, todos tenemos igualdad de valor, oportunidades y derechos ante la ley, los cuales son definidos como libertad. Eso quiere decir que, como ser humano, tengo libertad de tomar decisiones que resulten en mi beneficio o mi perjuicio.

Sin embargo, la igualdad que se busca en el marxismo cultural es una igualdad de resultado. Y para lograrlo, se tiene que intervenir filosóficamente con la libertad de las personas. Si todos debemos tener lo mismo, entonces tengo que reprimir a unos para que otros lo tengan. El marxismo clásico planteaba este mismo argumento, pero a nivel económico. El marxismo cultural lo lleva a todo nivel. Es por eso que vemos cada vez más la definición no binaria de la sexualidad, a través de lemas como: “Todos debemos ser iguales”. Como creyentes debemos ser cautelosos, porque al apoyar la igualdad económica estamos afirmando filosóficamente el mismo argumento que respalda la igualdad sexual.

Los marxistas abogan por la igualdad de resultados. La cosmovisión bíblica aboga por la igualdad de proceso. Esto da lugar a la providencia de Dios donde, por razones misteriosas que dan gloria a Dios, no todos somos iguales. Es decir, no todos somos altos, ni bien parecidos, ni tenemos las mismas capacidades. Pero debemos abogar porque todos podamos tener los mismos derechos ante la ley.

Los marxistas ven el mundo como una guerra de jerarquías y privilegios, donde todo privilegio debe ser atacado para que el mundo tenga igualdad.

Los verdaderos oprimidos

Aunque parezca noble el deseo de ayudar a los oprimidos, es importante cómo se define a los oprimidos y el efecto que tiene esa clasificación en la cosmovisión de las personas.

El marxismo cultural, y el área de estudio donde se desarrolló la llamada Teoría Crítica, expone que todo grupo minoritario en la cultura es oprimido. En especial, esa opresión es observada en grupos sexuales minoritarios. Parte del argumento es que no existe una moral universal, pues  la moral es una construcción de la sociedad. Por tanto, para  ser liberados debemos despertar de este estado de aceptación. 

Una de las mayores libertades contra la autoridad son las expresiones personales, contrarias a la moral del sistema.Es por eso que estos grupos afirman al movimiento LBGTQ. Frases como “sé tú mismo” y “expresa lo que está en ti”, son expresiones de esta libertad de marxismo cultural, donde ser “real a ti mismo y tus emociones” constituyen el estado de liberación.

Lo que esta filosofía ha propuesto es el término de “interseccionalidad”, el cual se refiere a la congruencia de categorías de opresión en las personas. Ellos afirman que, mientras más categorías de opresión una persona tenga, eso le concede mayor autoridad moral para hablar de estos temas. Como resultado, tanto la Palabra de Dios como sus ministros han perdido relevancia, porque solo los oprimidos tienen la autoridad para expresarse moralmente sobre ciertos temas. Y de aquí nace la “cultura de cancelar”, pues si no ves la posición de los oprimidos es porque no has despertado y debes ser “cancelado”. Por eso una transexual, lesbiana, y afroamericana tiene mayor superioridad para hablar de moral que un pastor blanco.

Cuidado con el ejercicio de escuchar y la verdadera compasión

Aquí viene el error que podemos cometer en este tiempo: decir simplemente que “tenemos que escucharlos”. Cuando hacemos esto, estamos diciendo: “tú eres el que monopoliza la verdad en este asunto, ilumíname”, cuando sabemos que al final del día nuestras experiencias no son lo que dictan la verdad, sino la Palabra de Dios. No estoy diciendo que el escuchar las experiencias de otras personas sea algo malo, pero escucharlas sin evaluarlas a la luz de la Palabra de Dios es algo muy peligroso.

Los creyentes debemos mostrar compasión hacia los oprimidos, pero esa compasión no significa abrazar filosofías que anulan toda responsabilidad del pecado en las personas. En la Teoría Crítica, tus acciones son un efecto del grupo opresor al que perteneces. No eres responsable, ya que tus circunstancias dictaron las mismas, y por eso se pide que se quite todo veredicto de culpabilidad a personas de  grupos oprimidos, incluyendo asesinatos, robos, o crímenes violentos. En resumen, el individuo no es responsable, sino el sistema.

Por otro lado, si perteneces al grupo opresor (por ejemplo, en la narrativa “los hombres oprimen a las mujeres”), eres un opresor porque has permitido que el sistema se perpetúe, y el simple hecho de ser hombre te hace opresor. No hay un sentido de responsabilidad personal en este sistema filosófico. Mi esposa y mi hija deben verme como opresor, aunque yo sea un hombre que dé mi vida para servirles. Esto es contrario al evangelio, donde vemos que cada persona rendirá cuentas a Dios en el día del juicio final y no tendrá excusas por sus acciones (Ro. 2:6).

Nuestra compasión debe ser mostrada al presentar el evangelio como la solución a nuestra mayor opresión, que es el pecado. Luego de esto, caminamos con los oprimidos para que tomen decisiones que reflejen la imagen de Dios en ellos. Al que no está trabajando, le ayudamos a que busque trabajo (2 Ts. 3:10-12). El que está cometiendo crímenes, que dirija su vida al bien (Ef. 4:28). El que está cometiendo inmoralidad sexual, que sea puro (1 Ts. 4:3). A los indefensos, los defendemos (en el mundo, el mayor grupo indefenso son los niños abortados y los huérfanos). Como iglesia, extendemos compasión de forma bíblica y afirmamos justicia bíblica. La justicia bíblica dice que nadie merece nada bueno; todos merecemos el infierno. Pero Dios en su misericordia nos salva de las consecuencias del pecado y nos permite vivir vidas fructíferas al someternos a su Palabra.  

¿Qué debemos hacer?

Desde mi perspectiva, una de las principales razones por las que somos susceptibles a estas tendencias es que no tomamos el tiempo para estudiarlas. Debemos ser centinelas que vigilan doctrinas falsas que nos pueden mover de la verdad. La forma principal de hacer esto es conociendo la verdad. Debemos conocer la Palabra de Dios y a Cristo, de tal forma que cuando nos presentan falsos evangelios, nos sea fácil poder identificarlos. A la vez, debemos estar alertas a las tendencias culturales para así identificar las doctrinas falsas que le están enseñando a nuestros hijos y familias en las escuelas, o a través de la industria del entretenimiento y la prensa.

El evangelio es nuestra esperanza y compromiso

Deseo terminar con algo más. Parte del argumento del marxismo cultural es que, para que los oprimidos dejen de estar en ese estado, el sistema opresor tiene que ser derribado. Las batallas contra los opresores son el medio para traer purificación. Son el proceso para llegar al estado de utopía donde, al implementarse un sistema equitativo, el nuevo hombre podrá vivir sin ofensas porque no tendrá un sistema que lo lleva a cometer las mismas. Como podemos ver, esto es una religión. Por eso debemos oponernos a esta filosofía para defender lo único que trae un nuevo hombre: la regeneración por medio del evangelio.

Ninguna causa social puede hacer lo que solo el evangelio puede hacer. La Biblia no promete que debemos tener igualdad económica; la Biblia presenta principios de libertad ante la ley, en donde todos somos tratados con igualdad y tenemos las mismas oportunidades de subyugar la tierra para poder prosperar.

Como creyente, no estoy casado con ningún sistema económico. Mi esperanza no está en eso, mi esperanza está en el evangelio y puedo vivir con mucho o poco (Fil. 4). Pero, históricamente, el sistema económico con mayores principios bíblicos y que permite que la iglesia puede ejercer su libertad es el sistema de mercado abierto. Las filosofías económicas influencian grandemente las filosofías de la sociedad, y una filosofía de libertad económica promueve la libertad religiosa.

Al final, mi deseo es que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad, porque esto es bueno y agradable ante Dios, nuestro Salvador. Que en este tiempo Dios nos dé sabiduría y humildad, pero también valentía para defender nuestro mayor tesoro, que no es un sistema económico, sino el evangelio.

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