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El evangelismo no ha muerto: Cómo compartir la fe desde casa

Han pasado más de dos meses desde que comenzó la cuarentena debido al COVID-19, y la iglesia ha buscado alternativas para continuar con su misión.

De todas las disciplinas espirituales, la evangelización es quizá la que tenga el panorama más impredecible. Muchos se han preguntado: ¿cómo podemos “ir por todo el mundo” en medio del confinamiento en nuestro hogar?

No obstante, el llamado a “ir” no implica necesariamente un llamado ‘‘hacia afuera’’. Este hecho permite que la evangelización se mantenga tan viva como el mismo evangelio que da vida al pecador. Te comparto tres pensamientos al respecto.

1) El confinamiento presenta un escenario oportuno

Quizá para muchos este es el peor escenario para compartir su fe, porque no podemos realizar evangelismo tradicional en persona y con grupos. Sin embargo, debemos recordar dos aspectos del obrar de Dios:

Primero, la expansión del evangelio es indetenible. Pablo entendió esto y sabía que, aun siendo el apóstol de los gentiles, no era único ni indispensable. Dios haría Su obra con o sin él, sin importar las circunstancias (2 Ti. 2:8-9).

La expansión del evangelio no puede ser detenida por un virus; Dios trabaja en escenarios difíciles para mostrar su poder

Segundo, Dios trabaja en escenarios difíciles para mostrar su poder. Debemos identificar el conjunto de realidades que Dios dispuso en este momento para compartir nuestra fe. Si el mundo ahora está atemorizado, presentemos el perfecto amor que echa fuera el temor (1 Jn. 4:18) y hablemos de cómo Cristo trae reconciliación entre Dios y la humanidad (Ro. 5:1).

Si hay incertidumbre y muerte, presentemos al dador de la vida eterna (Jn. 14:6). Digamos a las personas que, si creen en Él, aunque mueran, vivirán (Jn. 11:25-27). Y si muestran convicción de pecado, entonces consolemos con la Palabra de “Aquel que justifica al impío” (Ro. 4:5).

2) El confinamiento nos recuerda el llamado hacia dentro

Me apasiona evangelizar, y como misionero me dirigí hacia fuera de mi país. Predicar al aire libre es mi principal ministerio en Lima, Perú. Pero me temo que un sector de la iglesia se ha olvidado del evangelismo en el lugar donde habita. Limitar la Gran Comisión a salir de tu país nos lleva a olvidar que cada nueva generación es un grupo no alcanzado.

La mayor parte de nuestra población todavía no ha escuchado de Cristo. En nuestras ciudades tenemos sectores marginados no alcanzados. Peor aún, en muchas iglesias, existen cristianos profesantes inseguros de su salvación y con miedo a morir. Parece que la noticia del evangelio ha dejado de ser buena en los supuestos lugares alcanzados.

En Marcos 16:15 encontramos el incuestionable llamado de Jesús a “ir”. No es un mandato pasivo ni sujeto a rechazo, sino que demanda una respuesta activa de los seguidores de Cristo. ¿Cómo podemos entender ese “ir” estando confinados en nuestros hogares? Nota las siguientes declaraciones: Todo el mundo y toda criatura (cp. Mat. 28:19-20).

Nuestra familia, vecinos, y colegas son parte de todo el mundo y de toda criatura. Debemos ser honestos y reconocer que nuestros hogares y círculos más cercanos han sido nuestros púlpitos más olvidados. Estoy convencido de que el Señor en esta pandemia nos recuerda que su llamado a “ir” es también “hacia dentro”.

3) El confinamiento motiva a la iglesia para que active su llamado

Dios nos llama a evangelizar porque el evangelismo no está muerto y no tiene por qué estarlo. Pensando en esto, te presento algunas ideas para evangelizar desde tu casa:  

Inicia en tu hogar: Organiza un tiempo con tu familia donde oren y mediten la Palabra a la luz del evangelio. Afianza con la Palabra la seguridad de salvación de tu cónyuge, tus hijos, y de quienes habiten tu casa.

Busca personas de tu entorno: Ya que estás distante de familiares y amigos, esta es tu oportunidad de hacer evangelismo persona a persona… ¡sí, como lo leíste! Tan solo una llamada puede ser una buena noticia bien recibida para un mundo rodeado de malas noticias.

Organiza grupos de estudio bíblico: Es increíble notar el interés que hay en personas que antes evitaban escuchar de Dios. Nosotros sabemos que Dios no está callado; Él está hablando con su poderosa Palabra. Organiza video-devocionales regulares con familiares y amigos. No escatimes la duración… créeme, es un tiempo de tierra fértil.

Predica en las plataformas de las redes sociales: ¿Quién dijo que el evangelismo masivo había terminado? Las meditaciones virtuales pueden ser campañas evangelísticas. Te recomiendo que pruebes compartirlas en vivo. Te asombrarás y te sentirás como predicando en una plaza concurrida, en plena hora pico.

Dios nos llama a evangelizar porque el evangelismo no está muerto y no tiene por qué estarlo

Comparte el evangelio a tus vecinos: En muchos países, a cierta hora parte de la población sale a sus balcones para saludar a médicos y soldados. Con mi familia tratamos de aprovechar ese tiempo y hacemos esto: con prudencia, utilizamos nuestra terraza como un púlpito al aire libre. Durante 10 minutos ponemos un himno cristiano (mejor si tocas un instrumento), meditamos en un pasaje de la Escritura apuntando a Cristo, y oramos. Puede sonar retador, pero el regocijo es mayor.

Predica a todo el mundo: En una era de difusión, existe mucho contenido falso e irrelevante para un mundo fuera de su statu quo. No podemos compartir folletos afuera, pero tenemos volantes digitales que tienen el alcance de llegar al dormitorio de un corazón angustiado. Así que, ¡difunde y no dejes de difundir! Tal vez alguien agradecido te ofrezca un espacio para una conversación futura.

Palabras finales a los de las trincheras

Finalmente, quiero dirigirme a quienes arriesgan sus vidas fuera de casa aprovechando permisos para eso. Recuerda que el Señor te ha puesto en un lugar privilegiado como doble testigo, es decir, como alguien con poder para testificar de Cristo con actos y palabras. Encuentra el tiempo apropiado para hablar a tus compañeros, al débil, al temeroso, y al abatido. Cuéntales la bendita historia de Jesús que vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10).

Que estos pensamientos te animen a mirar el escenario oportuno de Dios hoy para continuar con su llamado, aunque esto involucre para muchos quedarnos en casa.

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