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Nota del editor: 

Este artículo presenta una postura continuista en relación a los dones espirituales. Para conocer más sobre la otra postura en este tema y sus argumentos principales, te invitamos a leer este otro artículo. Para observar un diálogo entre representantes de ambas posturas, puedes ver este video.

La doctrina continuista afirma que ningún don (carisma) presentado en el Nuevo Testamento como disponible para la iglesia primitiva ha cesado de funcionar, sino que todos los dones continúan vigentes y están disponibles para la edificación de la iglesia. Lo que afirmamos es que todavía estamos en la época del Espíritu Santo que comenzó en Pentecostés y terminará con la segunda venida de Cristo.

Aunque entendemos que hubo aspectos particulares en la historia de la salvación durante el establecimiento de la iglesia, afirmamos que los dones están vigentes para la iglesia actual de la forma en que estaban vigente durante el tiempo de la iglesia primitiva. Entendemos que, al estar completo el canon bíblico, ya no hay revelación autoritaria nueva fuera de la Biblia y que estamos en un tiempo similar entre el último de los libros proféticos y la primera venida de Cristo, donde no se redactaron nuevas escrituras.

Este artículo no tiene como propósito prestar atención a los dones “controversiales”. Entonces, cuando leas el término “dones” concéntrate en los dones “olvidados”. Es un milagro del Espíritu cuando vemos el don de misericordia, enseñanza, liderazgo, o generosidad, siendo ejercidos en la iglesia para poder ver la gloria de Cristo por medio de ellos.

El rol de los dones no consiste en establecer dogmas o ejercer autoridad sobre los creyentes, sino en edificar a la iglesia (Ef 4:12). Lo que es claro en el Nuevo Testamento es que toda edificación del cuerpo se logra al ver a Cristo. Así que los dones espirituales deben apuntar a Cristo y estar alineados con la enseñanza bíblica para la vida y la piedad (2 P 1:3).

Los dones son un regalo de Dios en este mundo caído para apuntarnos a la cercanía de nuestro Salvador

Los dones no actúan independientemente del evangelio, como una experiencia independiente que nos da fuerza para continuar en nuestras vidas. Los dones usados bíblicamente deben apuntarnos a algún aspecto del evangelio para recibir ánimo al vivir en un mundo caído. Cuando alguien recibe sanidad, no se trata simplemente de la remoción de un problema, sino de un evento que nos apunta al día en que seremos sanados de toda enfermedad.

Cuando alguien me comparte una palabra de ánimo, no es simplemente para sentirme especial porque Dios me habló; es para recordar el día en que ya no le veremos como en un espejo borroso, sino que le veremos cara a cara y experimentaremos su cuidado sin ninguna interrupción. Cuando alguien sirve, no es para simplemente suplir una necesidad material, sino para recordar que Jesús nos sirvió para que tengamos vida eterna. Cuando alguien es generoso, recordamos la generosidad de Dios al dar a su Hijo. Cuando alguien enseña, recordamos que Jesús es nuestro gran Maestro.

Los dones son un regalo de Dios en este mundo caído para apuntarnos a la cercanía de nuestro Salvador por medio del ministerio del Espíritu Santo y para animarnos los unos a los otros con ese mensaje. Los dones practicados de forma bíblica están cargados del evangelio y nos muestran a Cristo. Si experimentas una manifestación de un don espiritual y no te apunta a Cristo, lo más probable es que el don no fue practicado bíblicamente o nuestros corazones están endurecidos para hacer un uso correcto de los mismos.

El trabajo diario del Espíritu Santo, donde las personas usan los dones dados por Él, es una grandiosa manifestación sobrenatural

El trabajo diario del Espíritu Santo, donde las personas usan los dones dados por Él, es una grandiosa manifestación sobrenatural. Esto se debe a que testifica del trabajo del evangelio que toma a personas que estaban muertas espiritualmente y ahora, por gracia, usan sus dones para el beneficio de la iglesia. El problema es que hemos restringido el trabajo del Espíritu Santo a lo que percibimos como extraordinario y no vemos que todo trabajo del Señor es, por naturaleza, sobrenatural. Cuando vemos los dones a través del lente del evangelio, advertimos que el hecho de que podamos utilizar habilidades espirituales para edificar a la iglesia es una obra de la gracia de Dios y, por consiguiente, es sobrenatural.

Los dones sin el evangelio son dañinos, porque estaríamos actuando por motivaciones egoístas. Ese era el problema de los corintios. Por eso Pablo les dice: “Porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y Este crucificado” (1 Co 2:2). En otras palabras, Pablo les dice: “todos los temas que voy a tocar tienen que ver con el evangelio, incluyendo los dones”.

Cuando los dones son usados para edificación de la iglesia, ellos están cargados del evangelio porque salen de un corazón redimido que desea bendecir a otros porque él mismo ha sido bendecido.

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