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Nota del editor: 

El pastor John Piper recibe preguntas en su programa: Ask Pastor John. A continuación su respuesta a una de esas preguntas.

La siguiente pregunta es compleja y misteriosa, pero es planteada de manera simple. ¿Dónde está el cielo en este momento? Es una pregunta de Eleanor, en Londres:

“¡Hola, pastor John! Mis hijos quieren saber, y no sé cómo explicar la respuesta a esta pregunta: ¿Dónde se encuentra el cielo actualmente? ¿Hay alguna indicación que tengamos de las Escrituras?”.

Cuando oramos: “Padre nuestro que estás en el cielo”, estamos dando a entender que el cielo, al menos en uno de sus usos más comunes, es donde está Dios el Padre. Ahora, una de las cosas más básicas que sabemos acerca de Dios, y los niños lo saben, es que Él creó todo lo que no es Dios.

Antes de la creación no existía el universo material. Dado a lo que sabemos ahora sobre el espacio y el tiempo, podemos decir que antes de la creación del universo material y del mundo, no había espacio ni tiempo. Pero ni siquiera Albert Einstein es quien nos hace saber esto.

Antes de las edades

Tres veces el apóstol Pablo se refiere a la actividad de Dios antes de los siglos. Por ejemplo, 1 Corintios 2:7 dice: “Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria”.

Podemos decir con confianza que donde Dios habita no es un lugar geográfico al que podamos ir en una nave espacial.

Ahora, los siglos es el término bíblico para “temporadas de tiempo”, así lo entendían los escritores bíblicos. Antes de los siglos, Dios estaba allí. Creo que podemos decir con confianza que donde Dios habita no es un lugar geográfico al que podamos ir en una nave espacial, ni tiene dimensiones espaciales tal como las conocemos.

Entonces, si el cielo es donde Dios habita, el cielo no es técnicamente un lugar en el sentido en que generalmente pensamos de los lugares. Dondequiera que estaba Dios cuando creó el universo, entendiendo que dondequiera es un uso muy inexacto e inapropiado de la palabra, dondequiera que estuviera, ahí es donde está ahora. Él está fuera del universo en una dimensión de realidad que se adapta perfectamente a su propio ser y existencia.

El más alto cielo

Creo que los niños pueden entender esto. Quiero decir, hay aspectos de esto que los adultos no pueden entender, pero creo que los niños pueden entenderlo. No tienes que usar la teoría de la relatividad para explicarlo. Ellos entienden que alguna vez no hubo nada más que Dios. Nada. Nada. Sin dimensión espacial en absoluto.

No había arriba. No había abajo. No había lados. No había diagonal. La única realidad era Dios. Esa es la única realidad que había. Y no somos panteístas. Él no estaba llenando nada. Él solo era Dios. Este es el hecho más asombroso en el universo. Dios está fuera del universo.

El hecho de que algo más existe es porque Dios lo hizo, lo que significa que lo creado no es Dios. Es diferente de Dios, y Él está fuera de eso. Él es distinto de todo lo que hizo. Ahí es donde está el cielo, es decir, fuera del universo material creado tal como lo conocemos.

Esa es quizá la razón por la cual la Biblia dice al menos ocho veces que Dios es exaltado por encima de los cielos. En otras palabras, cualquiera que sea el cielo más alto que puedas imaginar, podríamos decir que las galaxias, o tan lejos como puedas poner ese telescopio Hubble, hasta el borde del universo, Dios está más allá de eso, por encima de eso, debajo de eso, sobre eso, y fuera de eso. Ese es el cielo más elevado y verdadero: el cielo por encima de todo el universo material creado y el lugar de la morada de Dios.

Dios encarnado

Sin embargo, hay un asunto que complica las cosas, ¿verdad? En el corazón del cristianismo está la enseñanza de la encarnación. El eterno Hijo de Dios, que está con Dios y fue Dios por toda la eternidad pasada, no era parte de la creación. Él siempre fue. Él no fue hecho.

El cielo está fuera del universo material creado tal y como lo conocemos.

Sin embargo, de acuerdo con Juan 1:14, Él fue hecho carne. El Dios no creado adquirió una naturaleza humana y un cuerpo físico y material. No solo eso, sino que se levantó física y materialmente de entre los muertos. Fue reconocido por sus amigos. Él estaba en su cuerpo de resurrección. Y para probar que Él no era un fantasma, comió pescado en su cuerpo de resurrección (Lc. 24:43).

Luego ascendió al cielo, y el ángel les dijo a los discípulos que lo vieron subir: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá de la misma manera, tal como Lo han visto ir al cielo” (Hch. 1:11). Y Jesús ya había dicho: “Desde ahora verás al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo” (Mt. 26:64).

Esto significa que Jesús, aunque tiene un cuerpo, está con Dios en el cielo, que está fuera del universo material. Ahora, ¿cómo puede ser eso? ¿Cómo puede ser? Si el cielo es el lugar que está fuera del mundo creado y material donde está Dios, ¿cómo puede estar Jesús a su mano derecha con un cuerpo?

Parte de la respuesta puede ser lo que Pablo dice en 1 Corintios 15:42-44: “Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder; se siembra un cuerpo natural; se resucita en un cuerpo espiritual”.

Hmm, ¿un cuerpo espiritual? Así como hay un cuerpo natural, dice Pablo, hay un cuerpo espiritual. En otras palabras, el cuerpo de resurrección que tendremos, puesto que Jesús fue la primicia de nuestra resurrección, será igual. Entonces, lo que sea que es cierto de Él, es más o menos cierto de nosotros en nuestra resurrección.

Cuerpo celestial

No es simplemente un cuerpo físico, material, y natural. Es un cuerpo; hay algún tipo de continuidad con los cuerpos que tenemos aquí. Pero es diferente. Es un cuerpo espiritual, y no sabemos completamente qué es un cuerpo espiritual. Un cuerpo espiritual trasciende, va más allá o está por encima de la experiencia ordinaria del espacio.

Recordarás que Jesús podía aparecer de maneras inesperadas después de su resurrección. Pasaba a través de las paredes. Sin embargo, no era un fantasma, pues comió pescado. Entonces no sabemos qué es esto.

El cielo es el lugar donde Dios habita y donde el Cristo resucitado se sienta a la diestra de Dios.

Entonces mi conclusión es que el cielo es el lugar donde Dios habita. También es el lugar donde el Cristo resucitado habita a la diestra de Dios. Entonces Cristo trae la humanidad —la humanidad suya, una naturaleza humana creada— a la presencia de Dios de una manera real y tangible que excede toda nuestra capacidad de comprensión.

Pero lo más importante que podemos decir sobre esto, en lo que respecta a nuestra experiencia, es lo que Pablo dice en Filipenses 1:23: “Teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor”. En otras palabras, cuando morimos, partimos para estar con Cristo. Y eso es mucho mejor.

El cielo para nosotros después de la muerte y antes de la resurrección es estar con Cristo. Es mil veces mejor que cualquier cosa aquí. Entonces en nuestra resurrección habrá un cielo nuevo y una tierra nueva donde mora la justicia. Y el cielo, el lugar donde Dios habita, descenderá (por así decirlo). De maneras que no podemos imaginar, Dios morará entre nosotros y será nuestro Dios.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Raúl Caban.
Imagen: Lightstock.
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