Dios hace maravillas con gente promedio

Dios hace maravillas con gente promedio

Dios puede hacer maravillas con material promedio, si se lo permitimos.

C. S. Lewis apenas podía hacer álgebra, a pesar de que su madre se graduó con honores en ese tema del Queen’s College, en Belfast. De hecho, Lewis nunca aprobó el examen de matemáticas que normalmente se requería para ingresar a Oxford; más bien, se le permitió pasarlo por alto en función de su servicio militar, como sucedió con otros veteranos que regresaron de la Primera Guerra Mundial.

Lewis escribió tres novelas de ciencia ficción, y utilizó conceptos científicos para ilustrar ideas de defensa de la fe. Sin embargo, evitó las ciencias naturales en Oxford, porque todas ellas habrían involucrado números. Lewis explicó: “Nunca podría haber llegado muy lejos en ninguna ciencia, porque en el camino de cada ciencia te espera el león de las matemáticas. Incluso en las matemáticas mismas, cualquier cosa que podía hacer por mero razonamiento (como en la geometría simple) lo hice con deleite; pero el momento en que llegué a cálculo, estaba indefenso. Comprendía los principios, pero mis respuestas siempre fueron incorrectas”.

Cuando leí por primera vez la advertencia de Lewis sobre las matemáticas y las ciencias naturales, me eché a reír a carcajadas, pues yo mismo he odiado las matemáticas toda la vida. Me desempeñé de manera aceptable en ese terrible tema, pero nunca me fue bien y, habiendo aguantado las matemáticas mientras estudiaba física y química en la universidad, las dejé atrás. También aprendí con esta experiencia que no soy Einstein, ni en eso ni en nada.

Ese es un buen efecto secundario de la educación superior. Nos enfrentamos a temas difíciles y descubrimos nuestras fortalezas y debilidades. Aprendemos lo que podemos y no podemos hacer, y con este conocimiento podemos establecer una imagen de nosotros mismos que es saludable. Se hace evidente que no somos Platón ni Aristóteles. No somos Isaac Newton, Jonathan Edwards, o Gottfried Leibniz. Después de todo, solo somos personas normales que hacemos lo mejor que podemos.

Si nos medimos contra alguien como Tomás de Aquino, el tipo más inteligente en un salón de clases hoy en día estaría apenas por encima del promedio. Y aquí hay otra lección que aprendemos al estudiar: está bien ser tenue a la luz del sol. Necesitamos a nuestros héroes, pero cualquiera de nosotros puede agradar a Dios y ser usado significativamente por Él incluso con habilidades promedio. De hecho, ser astuto e inteligente podría ser un problema para algunos de nosotros. Podría subirse a nuestras cabezas de manera que nos haríamos más daño tanto a nosotros como a los demás, con la desventaja de hacerlo con creatividad especial.

Este artículo se trata sobre la educación teológica y la formación espiritual, pero a estas alturas, quizás su lección más amplia sea clara. Yo definiría la “formación espiritual” como un proceso que conduce a una mayor semejanza a Cristo. Mientras más formada esté una persona en Su semejanza, más pensará y actuará como Jesús, y lo hará por las razones correctas. Una persona así hace lo que hace, al seguir a Cristo, porque en realidad ama al pueblo de Dios y quiere tener relaciones significativas con ellos. Pero las personas así se desarrollan lentamente, y pasan por muchas experiencias que reducen su sentimiento de grandeza personal. Esas experiencias pueden incluir calificaciones mediocres en hebreo, sermones mal recibidos, y tareas olvidadas.

Dios puede hacer maravillas con material promedio, si se lo permitimos.

Se dice que el senador Robert Dole fue un estudiante excepcional, tanto en la universidad como en la escuela de derecho, aunque no podía tomar notas a mano debido a las lesiones que sufrió en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. La gente a veces le preguntaba al senador cómo le fue tan bien en la escuela y en la vida, sin importar su discapacidad. En respuesta dijo: “No lo sé. Supongo que nunca supe cómo estudiar para sacarme un 80 o 70”.  Y así debería ser con cualquier estudiante en la universidad o seminario.

Espero que mis alumnos nunca descubran cómo estudiar para sacar un 70. Espero que apunten lo más alto posible, incluso si algunos de ellos fallan muchas de las veces. Al mismo tiempo, espero que sus momentos bajos les enseñen lecciones que los momentos altos nunca podrían. Dios puede hacer maravillas con material promedio, si se lo permitimos. Pero primero necesitamos las experiencias correctas, para que nos muestren lo que podemos y no podemos hacer.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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