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¿Él descendió a los infiernos? Recuperando el Sábado Santo

Al llegar a otra temporada de Pascua, nuestros pensamientos se dirigen naturalmente a esos acontecimientos épicos de la semana de la pasión de Cristo: Su entrada triunfal, Sus últimos días de enseñanza, la última cena, Su traición, Su juicio injusto, Su crucifixión, Su sepultura y Su resurrección. Muchas iglesias hacen un gran esfuerzo para guiar a sus congregaciones a través del drama de esa semana de importancia cósmica (a pesar de lo que algunos católicos romanos en Twitter parecen pensar).

Ahora, volvamos a la lista de acontecimientos del párrafo anterior y veamos si podemos encontrar lo que falta. ¿He olvidado algún acontecimiento importante? Al menos un teólogo evangélico dice que sí. Él sostiene que la mayoría de nosotros nos saltamos los acontecimientos de lo que históricamente se ha denominado Sábado Santo: ese día completo en el que Jesús yacía en la tumba entre Su muerte el viernes y Su gloriosa resurrección el domingo por la mañana.

Pero muchos de nosotros no hemos prestado mucha atención a ese día intermedio. Yo sé que no lo he hecho. Entonces, ¿qué sucedió exactamente el sábado? ¿Acaso la Biblia habla de esto? Todos estamos familiarizados con el Credo de los Apóstoles. Este resume el fin de semana de Pascua con estas palabras inolvidables:

Padeció bajo Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado;
Descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.

Todos los cristianos han oído o repetido esas palabras: «Descendió a los infiernos». Pero ¿qué significa eso en realidad? ¿Cómo y por qué Cristo iría al infierno? Aquí es donde entra el útil libro de Matthew Y. Emerson: He Descended to the Dead: An Evangelical Theology of Holy Saturday [Él descendió a la muerte: Una teología evangélica del Sábado Santo].

¿Qué es el Sábado Santo?

El Dr. Emerson ha escrito este libro con el fin de tomar metafóricamente de la mano a los evangélicos confundidos y presentarles esta doctrina clásica del «descenso». Entonces, ¿cuál es el argumento del libro, en pocas palabras? Emerson resume esta doctrina de la siguiente manera:

La confesión de que Cristo «descendió a los muertos» se puede resumir así:
Cristo, al permanecer muerto durante tres días, experimentó la muerte como todos los seres humanos: Su cuerpo permaneció en la tumba y Su alma permaneció en el lugar de los muertos justos. No sufrió allí, sino que, sin dejar de ser el Hijo encarnado, proclamó la victoria obtenida por Su muerte sustitutiva y penal a todos los que se encontraban en el lugar de los muertos: los ángeles caídos, los muertos injustos y los santos [del Antiguo Testamento]. El descenso de Cristo es, por lo tanto, principalmente el comienzo de Su exaltación, no una continuación de Su humillación (p. 103).

Cada elemento de la descripción anterior se trata con gran detalle en el libro. Los detalles que probablemente ofrecen más confusión a los evangélicos de esta descripción son 1) la idea del «lugar de los muertos justos» y 2) la proclamación de la victoria «a todos los que se encuentran en el lugar de los muertos: los ángeles caídos, los muertos injustos y los santos [del Antiguo Testamento]». Veamos cada uno de ellos por separado.

El Seol: el lugar de los muertos

Emerson dedica tiempo a desentrañar las visiones del antiguo Oriente Próximo y del mundo grecorromano sobre el inframundo, hacia donde iban las almas de los difuntos después de la muerte. La idea de un lugar así está sin duda presente en el Antiguo Testamento, incluso si no siempre sabemos qué hacer con ella. La visión estándar en las iglesias evangélicas es una comprensión binaria de la vida después de la muerte: hay un cielo y hay un infierno. Pero una lectura más detallada de la evidencia bíblica nos lleva en realidad a una visión más matizada.

No tenemos una teología del descenso y no sabemos qué hacer con ella. Por lo general, simplemente la evitamos y pasamos por alto los pasajes que la tratan

Para decirlo en términos sencillos, la Biblia parece enseñar que, antes de la resurrección de Cristo, todos los que morían acababan en el lugar de los muertos, también conocido como Seol o Hades. Dentro de este lugar había diferentes secciones o niveles. El primero, y más alto, era el lugar de los muertos justos, a veces llamado paraíso o seno de Abraham. El siguiente era el lugar de los muertos injustos, también conocido como Seol o Hades, así como Gehena. Por último, estaba el Tártaro, o el Abismo, una especie de prisión para los ángeles caídos. Esto, por extraño que nos parezca, era el marco general que la audiencia de la época de Jesús daba por sentado.

Este marco también nos ayuda a comprender ciertas cosas que, de otro modo, no tendrían mucho sentido, como la parábola del hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31. Ahora estamos en mejores condiciones para considerar los presuntos acontecimientos del Sábado Santo.

La proclamación de la victoria y la procesión triunfal

Aunque el Nuevo Testamento no es tan claro sobre los acontecimientos del Sábado Santo como quisiéramos, Emerson sostiene que, una vez que el lector moderno comprende el marco cosmológico supuesto por los escritores del Nuevo Testamento, el panorama se vuelve mucho más claro.

En 1 Pedro 3:19-20 se afirma que Cristo «fue y predicó a los espíritus encarcelados, quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé», así como en ese enigmático pasaje de Efesios 4 sobre Cristo que «ascendió» y «había descendido a las profundidades de la tierra» (v. 9). Y Cristo mismo dice en Apocalipsis 1:17-18: «Yo soy el Primero y el Último, y el que vive, y estuve muerto. Pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades». Una vez que empiezas a verlo, de repente está en todas partes. Otros pasajes relevantes son Filipenses 2:10; Romanos 10:6-7; y 1 Pedro 4:6, cada uno de los cuales se trata en detalle en el libro.

Entonces, ¿cómo podemos resumir lo que parece haber ocurrido el Sábado Santo durante el descenso? Cristo proclamó la victoria de la cruz a todos los que se encontraban en el lugar de los muertos: a los santos del Antiguo Testamento, a los muertos injustos y a los ángeles caídos. Luego reunió a los muertos justos y los condujo en procesión triunfal fuera del Seol a la presencia de Dios en el cielo.

Emerson explica: «Cristo “libera” a los santos del Antiguo Testamento, lo que significa simplemente que, en lugar de morar en el seno de Abraham (o paraíso) esperando al Mesías, ahora moran en la presencia del Cristo resucitado». Por eso el Antiguo y el Nuevo Testamento parecen hablar de manera diferente sobre el destino de los santos difuntos, porque todo cambió después de que Cristo arrasara con el infierno el Sábado Santo y se llevara a los Suyos para estar con Él y con el Padre en el cielo. Esto añade una capa de profundidad y riqueza al fin de semana de Pascua que nunca antes había visto.

Consideremos una prueba más de Hechos 2:24-28, que cita el Salmo 16:8-11 y dice lo siguiente:

Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que Él quedara bajo el dominio de ella. Porque David dice de Él:
«Veía siempre al Señor en mi presencia;
Pues está a mi diestra para que yo no sea sacudido.
Por lo cual mi corazón se alegró y mi lengua se regocijó;
Y aun hasta mi carne descansará en esperanza;
Pues Tú no abandonarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que Tu Santo vea corrupción.
Me has hecho conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con Tu presencia» (énfasis añadido).

El apóstol Pedro continúa explicando que el rey David «murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy» (v. 29). Luego afirma que David «miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades, ni Su carne sufrió corrupción» (v. 31, énfasis añadido). En otras palabras, el rey David fue uno de los que Cristo sacó del seno de Abraham (situado en el Hades) aquel sábado inolvidable.

Incomodidad metafísica

Uno de los aspectos interesantes de esta doctrina es la incomodidad metafísica que provoca. Una cosa es creer en un reino celestial lejano. Pero decir que Jesús descendió a través de la tierra al reino de los muertos, dondequiera que esté, huele a una vergonzosa credulidad medieval. Esta vergüenza se debe en parte al dominio que la modernidad ha ejercido incluso sobre la teología evangélica fiel durante los últimos cien años o más. Tal es el increíble poder de las presuposiciones materialistas dominantes que sustentan nuestra época. A esto me refiero con incomodidad metafísica. Esta doctrina del descenso de Cristo el Sábado Santo significa estar más de acuerdo con los antiguos griegos e israelitas sobre la existencia del Hades o Seol que con la respetable metafísica materialista de la modernidad.

En ese momento, el Hijo de Dios, verdaderamente muerto en Su humanidad, proclamaba Su gloriosa victoria a todos los seres que habían vivido y muerto

Pero esta supuesta respetabilidad es en realidad un castillo de naipes, un espejismo, como la actitud «cool» que rodeaba a ciertas personas en la secundaria. No vale la pena luchar por ella, porque se basa en la duda y la incredulidad convertidas en armas.

Reflexiones finales

El libro de Emerson me pareció convincente, fascinante y edificante, especialmente los tres o cuatro primeros capítulos, los cuales constituyen el corazón del argumento bíblico e histórico. Es cierto que el libro se vuelve técnico en algunos momentos, pero el autor vuelve constantemente a las implicaciones prácticas, tanto personales como colectivas, de las verdades que aborda.

Así es como Emerson expresa su esperanza para el libro: «Mi objetivo […] es sencillo: recuperar la doctrina del descenso para los evangélicos de hoy». Creo que ha tenido éxito en ese aspecto. En la mayoría de los casos, los evangélicos no tienen ningún argumento real en contra de la doctrina, salvo la intuición metafísica de incomodidad que les produce. No es que haya otra creencia firmemente arraigada de que Jesús pasara el Sábado Santo haciendo otra cosa. Simplemente no hay nada. No tenemos una teología del descenso y no sabemos qué hacer con ella. Por lo general, simplemente la evitamos y pasamos por alto los pasajes que la tratan.

Por lo tanto, el libro sirve para curar nuestra ignorancia histórica, bíblica y teológica. Aquí hay riquezas y verdades para ganar y crecer que no debemos seguir perdiéndonos. ¿Y en cuanto a la tentación de sentirnos un poco avergonzados por creer tal cosa? Déjala ir. En la secundaria me avergonzaba de mis padres, pero era yo quien estaba equivocado. Había inhalado demasiado ese ambiente nauseabundo y eso había distorsionado mi visión de la realidad. Del mismo modo, hemos estado viviendo con una cosmovisión materialista truncada y distorsionada durante demasiado tiempo.

Espero que dediques algo de tiempo a los pasajes de la Biblia relacionados con el Sábado Santo, uno de los aspectos más ignorados de la Semana Santa. Puede que los discípulos hayan pasado un sábado miserable, acobardados y desesperados, pero piénsalo: en ese mismo momento, el Hijo de Dios, verdaderamente muerto en Su humanidad, proclamaba Su gloriosa victoria a todos los seres conscientes que habían vivido y muerto, tanto amigos como enemigos. Luego derribó las puertas del Hades y se llevó a todos los santos con Él al cielo, incluido aquel ladrón en la cruz al que tan recientemente le había dicho: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23:43).


Publicado originalmente en The Gospel Coalition Canada. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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