Declaración de parte de The Gospel Coalition en el año 500 de la Reforma

Hoy nos unimos a millones de cristianos alrededor del mundo en celebrar 500 años de la Reforma.

Ciertamente es difícil ponerle fechas a estos momentos. ¿Quién puede decir cuándo verdaderamente inició algo tan grande como la Reforma? ¿Y qué de aquellos que buscaron reformas mucho antes del 31 de Octubre del 1517? Sin embargo, a través de los siglos, los protestantes han reconocido instintivamente que una serie de eventos providenciales fueron puestos en marcha en este día hace 500 años, cuando un profesor alemán llamado Martín Lutero clavó sus 95 Tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo de Gutenberg.

Damos gracias a Lutero, con sus fallas, por el rol que él jugó en encender un movimiento de reforma que agarró fuego en las ciudades del Sacro Imperio Romano, se propagó a lo largo de Europa, y hoy llega a los fines de la tierra. Donde sea que encontremos a la Escritura solamente como autoridad máxima y final, a la gracia solamente como la única esperanza para resucitar a los muertos espirituales, a la fe solamente como el único instrumento por el que somos unidos a Cristo y justificados por la imputación de su justicia, a Cristo solamente como el único sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, y a Dios solamente como el objeto máximo de nuestra adoración… dondequiera encontramos estas verdades cantadas, saboreadas, y celebradas, tenemos razón de gozarnos en la Reforma.

Pero este día hacemos algo más que dar gracias por el pasado. También nos maravillamos por lo que vemos en el presente. ¿Quién si no Dios podría haber previsto los triunfos del evangelio en los últimos 500 años? La plantación de iglesias de la Reforma en el Nuevo mundo; la explosión del cristianismo en el África sub-Sahariana, los avivamientos en Korea; la supervivencia (y crecimiento espectacular) de la iglesia en China; el renovado sentir del evangelio en lugares tan diversos como Australia, la Península Arábica, Brasil, la India, y lo que podemos sentir como los inicios de una Reforma en todo el mundo hispanohablante. ¿Quién si no Dios podría haber conocido que una vez la Biblia fuera traducida al Inglés y al Alemán y al Español sería traducida al Japonés, el Oshidonga, el Navajo, el Swahili, el Creole, el Náhuatl, el Achí, y el Pitjantjatjara? ¿Quién si no Dios pudo prever que con los aviones, radios, y el internet, las buenas nuevas de la justificación solo por la fe solo en Jesús solo por gracia estarían disponibles para más personas que en ningún otro momento de la historia. Obra del Señor es esto; admirable a nuestros ojos (Salmo 118:23).

A la vez, no somos ciegos a los desafíos de la iglesia: la secularización de los países que formaron parte de la Cristiandad, la oposición a la ortodoxia bíblica en el Occidente, y la violencia en contra de la iglesia en diversas partes del Medio Oriente, el Norte de África, y el Sur de Asia. La heterodoxia teológica tiene mucha fuerza en demasiados lugares, al igual que la profunda pobreza (por un lado), y la indiferencia afluente (por el otro). Y a eso le agregamos las crecientes tensiones raciales, el nominalismo, y el clamor de aquellos miles de millones que no tienen acceso al evangelio.

Pero las Escrituras nos dicen que la Palabra de Dios no está presa (2 Tim. 2:9). Lo que sabemos por la Biblia y hemos visto en la historia —que el evangelio es el poder de Dios para salvación (Rom. 1:16)— lo seguiremos viendo en los años por venir. No confiamos en nosotros mismos o nuestros ministerios. Somos un vapor, una neblina que aparece y se desvanece (Stg. 4:14). No cambiaremos el mundo, ni siquiera un solo corazón humano. Pero conocemos a Aquel que puede hacerlo y lo hace. El Dios que Lutero proclamó es el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, y es también nuestro Dios. Aunque las culturas cambien, y por momentos la iglesia cambie con ella, la Cabeza de la iglesia no cambia. Él es el mismo ayer, hoy, y por siempre (Heb. 13:8).

Es así como en este momento tan trascendental que celebramos el redescubrimiento del evangelio y la recuperación de la verdadera adoración, nos comprometemos una vez más a la adoración de nuestro trino Dios y a la declaración gozosa de este evangelio. Y si el Señor se tardase otro medio milenio, nuestra oración en primer lugar no es por otro Lutero, sino que seamos nosotros un instrumento en manos de Dios así como lo fue Lutero.

“Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”, Isaías 40:8

Kevin DeYoung, canciller de la junta de The Gospel Coalition, en nombre del Concilio de The Gospel Coalition y Coalición por el Evangelio.

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