¿Debemos al predicar “trazar una línea recta a la cruz”?

La muerte de Cristo, dos mil años antes de tu existencia, compró la presencia de Cristo en ti hoy. Proclamar a Cristo significa hacer gloriosamente claras y hermosas todas las implicaciones de la realidad de Cristo ahora en ti comprada con sangre.

Los textos que tratan sobre cómo experimentar a este Cristo viviente y cómo ser transformados por Él en las actitudes y conductas específicas de la vida, no están en la Biblia para enviarnos en línea recta hacia la cruz. La cruz está en la Biblia para enviarnos en línea recta a profundizar en esos textos y descubrir las maravillas de la vida obediente en Cristo, comprada con sangre. Eso no sucede al tratar esos textos rápida y superficialmente antes de dejarlos a un lado con el pretexto de predicar a Cristo crucificado.

Estoy ofreciendo una alternativa a aquellos que piensan que “predicar a Cristo” significa guiñarle el ojo al tema del texto y luego pasar a lo que en verdad importa, y terminar cada sermón con un ensayo de lo que Cristo hizo en la cruz. No creo que eso sea lo que significa “predicar a Cristo” semana tras semana en la labor del predicador en el pueblo reunido de Dios. Lo digo por varias razones.

¿Qué hizo Cristo?

Primero, hay razones secundarias: (1) Ese tipo de predicación tiende a atenuar las expectativas de las personas con un camino homilético predecible. (2) Tiende a considerar que las palabras y frases reales y la lógica del texto tienen un significado menor al dar la impresión de que no necesitan ser tratadas con cuidado y profundidad, sino solo como preparativos para el crescendo sobre el Cristo crucificado. (3) Tiende a capacitar a las personas en los malos hábitos de cómo leer sus Biblias, al disminuir el rigor y la seriedad con que meditan en las palabras de las Escrituras. (4) Tiende a debilitar la seriedad de los imperativos bíblicos sobre cómo vivir la vida cristiana mediante la inserción de la expiación sustitutiva en momentos críticos en los que el énfasis debe recaer en la urgencia de la obediencia.

La cruz nos envía en línea recta a los textos para descubrir las maravillas de la vida obediente y comprada con sangre en Cristo.

Pero aquí está la razón principal de mi preocupación con esta forma de entender el “predicar a Cristo”. Dije que estoy tratando de ofrecer una alternativa a una manera de “predicar a Cristo” que trata los detalles del texto de manera superficial y luego se mueve hacia lo que en verdad importa, y terminar con un ensayo de lo que Cristo hizo en la cruz. Pero pregunto: ¿qué hizo Cristo en la cruz con respecto a la realidad de este texto de sermón en particular? Toma 1 Pedro 4:7-9, por ejemplo:

“Pero el fin de todas las cosas se acerca. Sean pues ustedes prudentes y de espíritu sobrio para la oración. Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones”.

¿Qué hizo Cristo en la cruz con respecto a la realidad de este texto? ¿Murió por los pecadores para que este texto sobre el autocontrol, la sobriedad, el amor, y la hospitalidad sin quejas estuviera en la Biblia simplemente para recordarnos que Él murió por los pecadores? ¿O murió por los pecadores precisamente para hacer que este texto, en toda su sorprendente especificidad, fuera posible para las personas redimidas? ¿Murió por nosotros para que cuando lleguemos a este texto profundicemos en los detalles de esta clase de vida comprada con sangre y cómo vivirla? ¿Cuando Pedro dice que Cristo “llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia” (1 Pedro 2:24), quiso decir: “Gloríate en el poder de la cruz y en el método de Dios que, a través de la cruz, capacita a los cristianos a hacer lo que los textos bíblicos los llaman a hacer”?

¿Una línea recta a la cruz?

Cuando predicamos 1 Pedro 4:7-9, ¿debería nuestra mentalidad consistir en hacer algunos comentarios generales sobre los detalles, y luego “hacer una línea recta hacia la cruz”? Esa frase proviene de una cita atribuida (por cientos de personas) a Charles Spurgeon: “Tomo mi texto y me dirijo directamente a la cruz”. Que yo sepa, nadie ha citado el lugar donde Spurgeon dijo esto, y los que mejor conocen a Spurgeon no parecen poder demostrar que lo dijo. Pero la cita se ha utilizado para cultivar un tipo de predicación que estoy desalentando.

Por supuesto, la cita en sí no tiene por qué ser engañosa, como tampoco lo es Pablo cuando dice que no sabe nada más que a Cristo crucificado. Pero la cita ciertamente puede engañar a los predicadores. Entonces, volvamos a mi pregunta: mientras leemos y predicamos 1 Pedro 4:7-9, ¿nuestra mentalidad debe ser hacer algunos comentarios generales, y luego hacer una línea recta a un ensayo sobre la muerte y resurrección de Jesús, con un gran crescendo acerca de que Cristo murió por nuestros pecados? ¿Es eso lo que significa predicar “las riquezas inescrutables de Cristo” (Ef. 3:8) cuando predicamos 1 Pedro 4:7-9?

Girar el objetivo de la cruz al revés

No lo creo. De hecho, creo que esa mentalidad pone de cabeza la cruz y las realidades reveladas en las Escrituras. ¿Qué hizo Cristo en la cruz con respecto a la realidad de este texto? Compró la vida cristiana descrita y ordenada en este texto. Déjame decir eso otra vez: cuando Cristo murió por nosotros en la cruz, obtuvo para nosotros la gloria de la obediencia de 1 Pedro 4:7-9 impregnada de Cristo. Las realidades reveladas y exigidas en este texto no existen por el bien de la cruz. ¡La cruz existe por el bien de estas realidades!

Predicar a Cristo crucificado no es hacer que cada sermón llegue a un clímax con un ensayo de la expiación.

¡Esta es la gloria de la cruz! La cruz conduce a este tipo de vida de amor. No de la otra manera. La cruz compró esto. Cristo murió por esto, es decir, para que nosotros, con todos nuestros pecados perdonados, pudiéramos disfrutar de la presencia y el poder del Cristo vivo mientras trabaja en nosotros el autodominio, la sobriedad, el amor, y la hospitalidad sin quejarse comprados con sangre. Esta es la vida milagrosa: la gloria de la piedad llena de Cristo que Él murió para lograr.

Por lo tanto, la razón principal para rechazar la predicación que hace “una línea recta a la cruz” (como lo hemos descrito) es que disminuye la gloria de la cruz. Piensa que está haciendo todo lo contrario. Piensa que la cruz se magnifica más al llevar el sermón a un crescendo cada semana con una celebración de la expiación sustitutiva. Esa no es la manera de hacer mucho de las glorias de la cruz. De todos modos, asegúrate de que la congregación conozca los detalles del evento más grande en la historia del mundo: la muerte y resurrección de Jesús. Pero luego pasa la mayor parte de tu tiempo predicando los logros gloriosos de la cruz, que llenan las páginas de las Escrituras.

Y lo que hemos visto es que cada cosa beneficiosa en la Biblia, cada bendición, cada don, cada promesa, cada advertencia amable, cada visión útil de la gloria de Dios en cada sermón, se compra con sangre. Se debe a la cruz, al Cristo crucificado. Cada beneficio no merecido, cada gracia expresada en cualquier texto de la Biblia (ya sea una belleza revelada o una fealdad, una advertencia o una promesa) es una gracia comprada por la sangre, incluidas todas las del Antiguo Testamento (Ro. 3:25; 2 Co. 1:20).

Línea recta desde la cruz

La línea recta en la Biblia está en la otra dirección. Cristo murió para que pudiéramos ir directamente desde la cruz a la resurrección, a la efusión del Espíritu Santo, a la entrega de las Escrituras, al milagro del nuevo nacimiento comprado con sangre, al misterio de Cristo en ti, la esperanza de gloria, a las bellezas del autocontrol, la sobriedad, el amor, y la hospitalidad sin quejas impregnada de Cristo y que exalta a Cristo.

Pasa la mayor parte de tu tiempo predicando los gloriosos logros de la cruz, que llenan las páginas de las Escrituras.

Esto significa que si deseas glorificar la cruz en tu predicación, entrega una exposición de las maravillas del autocontrol, las raras bellezas y los beneficios de la sobriedad, la preciosidad y el dolor del amor fraternal, las poderosas gracias que trabajan en la hospitalidad práctica, y la rareza de una persona que nunca se queja. Y crea una conciencia constante y alegre en tu gente de que cada una de estas cosas (el vistazo de cada verdad, el saborear de cada gloria, y la obediencia a cada mandamiento) es un regalo que exalta a Cristo y que fue comprado con sangre.

Un buen árbol da buenos frutos. Cristo murió para que su cuerpo, la iglesia, fuera el árbol donde crezca este hermoso y delicioso fruto. Magnificaremos el éxito de su sacrificio si hacemos una línea recta en cada texto a las realidades concretas, detalladas y específicas con las que realmente se enfrenta el texto, y cómo se ven, y cómo llegan a pasar por el poder del Espíritu desatado por la sangre de Jesús. Él no murió para que se escribiera una Biblia con mil páginas que describieran solo el Calvario. Él fue al Calvario para que se describieran mil glorias en la Biblia para que podamos verlas, saborearlas, y mostrarlas a través de una vida crucificada.

Cristo murió para que podamos disfrutar a Dios en toda la vida

Déjame intentar decirlo de otra manera. Escribí un libro llamado Dios es el Evangelio. Aquí está la clave de lo que estoy diciendo acerca de la predicación y la cruz: “también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). Perdón, justicia imputada, escape de la ira divina, rescate del infierno, resurrección del cuerpo, vida eterna. Estos son logros gloriosos de Cristo crucificado. Pero no son el regalo principal del amor de Dios, ni el regalo supremo que Jesús compró con su sangre. Todos son medios, no el fin. El fin es ver a Dios en toda su belleza, y disfrutar de una amistad personal con Él, y estar conforme a su semejanza en todas las formas que maximizan nuestro disfrute y reflejo de su grandeza. Cristo murió principalmente por esto.

Cada cosa beneficiosa en la Biblia, cada bendición, cada promesa, cada amable advertencia, se compra con sangre.

Todas las Escrituras están escritas para promover esta experiencia de Dios. Cada revelación de su carácter y sus caminos, cada descripción de Cristo, cada palabra que pronunció, cada reprensión de nuestro pecado, cada promesa de su gracia, cada orden práctica de andar en amor y santidad, cada advertencia contra la injusticia — todos estos son medios comprados con sangre para caminar en gozosa comunión con Dios. Esto es por lo que Jesús murió.

Por lo tanto, predicar a Cristo crucificado, como lo indicó Pablo en 1 Corintios 2:2 y Gálatas 6:14, no es convertir cada sermón en un mensaje que culmine con un ensayo de la expiación. Más bien, es tratar con seriedad y cuidado cada palabra y cada cláusula y cada conexión lógica en el texto para mostrar cómo Cristo, crucificado y resucitado y presente por el Espíritu, otorga poder y da forma al nuevo modo de vida descrito en el texto.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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