Danza, mimos, pintura… ¿es bíblico el arte en la iglesia? | #CoaliciónResponde

#CoaliciónResponde es una serie donde pastores y líderes de la iglesia responden a inquietudes que llegan a Coalición por el Evangelio por diversos medios, y que son parte de las inquietudes que caracterizan la iglesia en nuestra región.

¿Permite la Biblia la danza y el arte en los tiempos de adoración? O más bien, ¿la Biblia los restringe? ¿Habrá algún inconveniente bíblico para introducir y promover un ministerio de drama, mimos, o de alguna índole artística como parte de la liturgia dominical en nuestras iglesias? Estas y tantas otras interrogantes saltan a la atención al pensar en este difícil y escabroso tema, particularmente en los pastores fieles que quieren conducir correctamente el rebaño de acuerdo a la Verdad.

Para poder responder sucintamente estas preguntas es necesario primero destacar el propósito de la adoración corporativa y las razones por las cuales la Iglesia se reúne regularmente.

El propósito de la adoración

Una y otra vez la Escritura identifica y describe el propósito por el cual la Iglesia se reúne con frecuencia regular. En el Antiguo Testamento se identificaba la reunión del Pueblo de Dios como “asamblea”, reunida con el propósito de adorar a Dios, especialmente por medio a la lectura del Torá y la oración (2 Crónicas 7:9; Esdras 10:12; Nehemías 8:18; Joel 1:14; 2:15). Cabe destacar que no hay indicios ni registro bíblico de que en estas asambleas se incorporara algún otro ritual como la llamada danza hebrea, por ejemplo. (La famosa danza de David no fue en el templo, por ejemplo, y aun la misma lógica del evento nos muestra que esta no es algo a imitar por nosotros hoy [2 Samuel 6:14]).

El Nuevo Testamento es igual de enfático y puntual respecto al motivo por la cual la Iglesia se reúne. El propósito ulterior siempre será el exaltar el Nombre de Dios por medio a la obra del Señor Jesucristo y por mediación del Espíritu Santo. Observamos que la Iglesia se reunía básica y primordialmente para los siguientes propósitos:

  1. Alabanza (Lucas 19:37; Hebreos 2:12; Colosenses 3:16)
  2. Edificación (1 Corintios 14:26; Hechos 9:31; 1 Corintios 14:4, 12)
  3. Enseñanza (Hechos 11:26; 1 Corintios 4:17)
  4. Oración (Hechos 12:5)
  5. Administración de dones (1 Corintios 12:28)
  6. Testimonio (Hechos 14:27 & 15:4)
  7. Ofrendas (1 Corintios 16:1)
  8. Misiones (Hechos 13:1-2; 2 Corintios 8:19)
  9. Adoración (Juan 4:23)

Nótese que en esta lista no se incluye el derroche de talentos particulares o el despliegue de dotes personales. No se ve nada que vaya a atraer la atención hacia alguna criatura en lugar de al Creador. La Escritura no menciona nada que indique que la reunión de adoración de la iglesia necesite aditivos o elementos complementarios con la finalidad de dar mayor vistosidad, glamour, y calidad artística al programa, con fines de garantizar la concentración e interés en la absorta e insaciable audiencia.

Dificultades en la congregación

No es un secreto que muchas iglesias hoy día, conocidas popularmente en inglés como “seeker-friendly” (iglesias adaptadas al visitante), en su afán de querer ser relevantes, se han dejado fascinar y arrastrar por la corriente que procura “dinamizar” la adoración corporativa. A la vez, en América Latina se ven estos detalles periféricos y componentes sui-generis exaltados ya sea bajo el pretexto de o buscando parecerse a lo que consideran como la adoración original del pueblo de Israel.

En ningún modo estamos diciendo que la iglesia no debe contextualizarse ni aceptar el reto de tiempos dinámicos y una época digital. El problema no es indistintamente el arte (llámese dramatización/teatro, pantomima, show de marionetas, conciertos o algún otro tipo de exhibición). La disyuntiva no es el ingenio o la creatividad que en algún momento puedan adornar nuestros cultos, buscando la excelencia. Más bien, el problema es cuando estos medios se convierten en un fin en sí mismos, y cuando se incorporan elementos ajenos a la liturgia sugerida por la Palabra como respuesta reactiva a los intereses populares y competencia entre las iglesias. 

Si la iglesia se olvida de llevar toda atención y pensamiento cautivo a Cristo (2 Corintios 10:5), en busca del plato fuerte de la predicación de la Palabra no adulterada, y se entretiene con las migajas que caen de la mesa —cualquierizando así el contenido de su liturgia y sacramentos— se ve en el riesgo de su ruina y fosilización. Puede dejar de ser iglesia y convertirse más bien en un centro de atracción y entretenimiento de masas. 

Me partió el alma leer las declaraciones de un pastor que orgullosamente publicaba en Facebook unas fotos de su hija balanceándose y contorsionándose en el templo suspendida entre mantos, estrechando sus extremidades, como parte de su culto dominical. En su perorata, él explicaba que si bien esa no era una disciplina artística tradicional en un altar de adoración, y que con contorsionistas y pintores proféticos y otras artes Él estaba regalándole a Dios un sistema de adoración más completo que el tradicional. 

Una cosa es ser abierto y proclive a cambios y retos propios de la corriente contemporánea, y otra cosa es negociar lo innegociable, comprometiendo los principios y la ética de la Escritura para dar paso a la tolerancia y flexibilidad tan anhelada por el mundo hoy.

Pastores: Sola Escritura 

Como responsables directos del programa, de las actividades, y de la planificación del desarrollo y crecimiento saludable de la iglesia, nos corresponde a todos velar por evitar que fuego extraño arda en el altar y que elementos ajenos a la adoración corporativa dada por Dios sean incorporados deliberadamente.

Quiera Dios que abramos los ojos y que estemos a tiempo para frenar estas corrientes actuales que atentan contra la clara enseñanza de la Escritura, como ha sido entendida por los siglos en la Iglesia de Cristo. Tenemos la promesa de que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia, pero eso no significa que nuestras congregaciones no serán estremecidas y puesta en ignominia y ridículo en su haber como ya lo estamos presenciando y sufriendo. Que Cristo y su obra sea el centro de todo lo que hagamos: todo lo que distraiga de nuestro Señor no tiene lugar en nuestras congregaciones.

Imagen: Lightstock
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