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Esta semana muchos evangélicos en el mundo occidental conocieron que Mark Galli fue confirmado en el catolicismo romano en nombre de San Francisco.

Esto resulta llamativo porque Galli fue por un tiempo conocido como uno de los evangélicos más influyentes en los Estados Unidos, especialmente por sus críticas al presidente Donald Trump en diciembre del año pasado y su experiencia como editor en jefe de la revista Christianity Today (uno de los medios evangélicos más grandes en el mundo, fundado por Billy Graham). Además, Galli fue un pastor presbiteriano en el pasado, y también anglicano.

“Los intereses teológicos de Mark siempre han sido eclécticos. Y ha cambiado a lo largo de los años entre varias iglesias diferentes. Entonces, si bien esta noticia es significativa, no es exactamente sorprendente”, comenta Collin Hansen, director editorial de The Gospel Coalition y quien previamente trabajó como editor asociado en Christianity Today.

Los evangélicos hispanos haríamos bien en examinar qué podemos aprender de esta situación. En especial cuando consideramos que en nuestros países el catolicismo romano es, por mucho, la religión más común de todas.

Necesitamos a la iglesia local para mantenernos profundizando en la verdad bíblica

¿Por qué algunas personas abandonan abiertamente el evangelio de la gracia de Dios para volver o irse al catolicismo romano? ¿Qué podemos aprender? Aunque hay mucho para hablar al respecto, incluyendo las verdades bíblicas sobre la perseverancia de los creyentes genuinos, la “desconversión” de Galli ilustra de manera muy particular (al igual que otros casos) cómo el abandono de la fe no es algo que ocurre de la noche a la mañana.

La importancia de la doctrina y la comunidad de fe

En su artículo, Un común denominador en las desconversiones, el pensador cristiano Caleb Wait señala a la falta de robustez teológica como una de las razones principales por las que las personas son desviadas de la verdad. Él escribe:

“Sin una definición doctrinal, sin las barreras de protección de la catequesis y la responsabilidad de una comunidad eclesiástica, el ‘viaje espiritual’ de uno se desvía con demasiada facilidad hacia alguna cosa subjetiva y adecuada para mí, donde el enfoque está menos en la verdad y más en la preferencia (las partes que me gustan) y el pragmatismo (lo que me funciona). Solo un cristiano cuya fe se construya sobre el sólido andamiaje de la doctrina y la catequesis en la iglesia, en lugar de las arenas movedizas del subjetivismo y el pragmatismo, podrá resistir las preguntas difíciles y los vientos corrosivos del secularismo que definen cada vez más nuestra era”.

Sin embargo, Wait también señala algo que muchos evangélicos podemos dejar a un lado: necesitamos a la iglesia local para mantenernos profundizando en la verdad bíblica. Nuestro “viaje espiritual” nunca es individual y como iglesia debemos enfatizar eso.

“Si la iglesia no solo debe retener a sus miembros sino también discipularlos en todo lo que Jesús ordenó (Mt. 28:20), debemos invitar a nuestros miembros a que salgan de sus ‘viajes espirituales’ individuales, para que entren a la emocionante historia de la ortodoxia, donde Dios está recreando y consagrando a un pueblo entero. Debemos mostrar, en nuestra enseñanza, adoración, y discipulado, cómo esta historia más grande es más bella y convincente que nuestras tramas secundarias individuales… Examinar y enfocarse en la historia de desconversión de un individuo, solo para preguntar ‘¿Qué le sucedió?’, es aislar su historia de la comunidad que está abandonando”.

Esto nos recuerda que muchas veces el camino a abandonar la verdad comienza primero por abandonar a la iglesia con la cual eres llamado a seguir a Jesús. Y una visión muy individualista de la fe justifica fácilmente cambiar de comunidad para buscar continuar nuestro propio viaje personal, ignorando el peligro que eso conlleva.

En el caso de Galli, su amigo Ed Stezer explica que “su viaje lo llevó del presbiterianismo a convertirse en episcopal, luego anglicano, con un breve tiempo asistiendo a la Iglesia Ortodoxa”. Aquí hay una señal de alerta para todos nosotros: cuando constantemente estamos en un viaje espiritual individualista, tiene sentido saltar de tradición en tradición, y de iglesia a iglesia; entonces no es extraño que terminemos abandonando algunas convicciones que antes afirmamos con nuestros labios.

Muchas veces el camino a abandonar la verdad comienza primero por abandonar a la iglesia con la cual eres llamado a seguir a Jesús

En otras palabras, la apostasía no suele ocurrir de repente. Muchas veces empieza simplemente siguiendo sin discernimiento a líderes no cristianos o cambiándote de iglesia. Si no tienes convicciones doctrinales firmes, esto puede desviarte de la verdad tarde o temprano.

Para que no seamos sacudidos

Mientras no conocemos todo lo que ocurre en los corazones de personas como Galli, somos llamados a orar por ellos para que puedan creer verdaderamente el evangelio. Al mismo tiempo, necesitamos entender la importancia de ayudarnos unos a otros en la iglesia para discipularnos mutuamente y alentarnos a seguir firmes en la fe (Heb. 10:24-25).

En palabras del apóstol Pablo, Dios ha dado dones a la iglesia…

“a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor”, Efesios 4:12-16.

Es cierto que ninguno de nosotros puede cambiar los corazones de otras personas para que tengan una fe genuina. El evangelio nos enseña que la salvación es del Señor; no nuestra. Pero sí podemos vivir conforme a su diseño para la iglesia y buscar guardarnos del error en comunidad, pues nuestro sentir no debe ser de superioridad y ninguno de nosotros está exento de caer en algún error. Oremos que, a medida que cuidamos nuestra doctrina y andar (1 Ti. 4:16), Dios nos use grandemente para la salvación de los perdidos, la edificación de su cuerpo, y la gloria de Su nombre.

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