Cuando el dolor de perder un bebé vuelve a atacar

En el verano de 2016 mi esposo y yo le pedimos a Dios que nos bendijera con un bebé. Pasaron meses sin signos de embarazo. Después de que finalmente obtuviera una prueba de embarazo positiva, fui a Walmart a comprar una tarjeta para John, para el día de san Valentín, y revelarle la noticia. Mientras leía la tarjeta, sus ojos se agrandaron, sus manos comenzaron a temblar, y dijo: “¡Wao, realmente está sucediendo!”. Estábamos tan felices de que Dios hubiera respondido nuestra oración. No podía esperar al primer ultrasonido para ver la razón de nuestra alegría.

Una semana antes de mi primer ultrasonido, empecé a tener dolores fuertes. Llamé a mi madre y le expliqué todos mis síntomas, esperando y orando para que todo fuera normal y todo estuviera bien. El dolor empeoró, luego vino el sangrado, todo lo cual condujo a mi primer aborto espontáneo. Me senté sola en mi departamento y lloré. Lloré fuerte, llenando con mi dolor todo el vacío que sentía adentro y a mi alrededor. ¿Cómo podía Dios hacerme esto?

Habíamos estado tan felices y emocionados. Hice mi tabla privada de Pinterest con todo tipo de regalos para nuevas mamás. Mi madre y yo estábamos pensando en las fechas para un baby shower. Estaba encantada de dar a luz en octubre, porque luego estaría libre durante toda la temporada navideña. Simplemente parecía tan perfecto.

Y en un momento, todo se desvaneció.

Duelo intensificado

A medida que pasaba el tiempo, lo superé. Pronto llegó octubre y nos estábamos preparando para celebrar el cumpleaños de John, que también era la fecha de nacimiento de nuestro primer hijo. Ahora estaba embarazada de nuestro segundo. Estaba feliz y asustada, pero decidí alegrarme por este embarazo y no dejarme gobernar por el miedo. Seguramente Dios no nos dejaría experimentar dos abortos consecutivos, ¿no?

Fuimos a las montañas con un grupo de amigos durante el fin de semana. En medio de la diversión y la risa de los juegos, caminar y comer terribles cantidades de pastel, comencé a sangrar nuevamente, y el miedo se apoderó de mi corazón. Le supliqué a Dios que no me dejara pasar por esto otra vez. Mi corazón no podía soportar otra pérdida. Unos días más tarde el sangrado empeoró, y era claro que estaba teniendo otro aborto.

Aunque me di cuenta de que Dios había permitido todo este dolor, Él también era el único que realmente podía sanarme.

Esta vez apenas tenía la energía para luchar con Dios. Todo lo que quería y necesitaba era su poder sanador. Aunque me di cuenta de que Dios había permitido todo este dolor, Él también era el único que realmente podía sanarme.

Mientras me aferraba a mi Salvador durante este tiempo, me reveló cuatro verdades principales.

1. Dios ha prometido que mi vida tiene significado

Incluso si nunca llego a sentir el gozo de tener mi propio hijo, Dios me ha dado la gran oportunidad de invertir y ser mentora de mujeres más jóvenes. En última instancia, mi deseo por tener hijos también es mi deseo de criar hijos que amen al Señor y lo den a conocer. Puedo hacer eso ahora de una manera pequeña con los hijos de otros. ¡Qué regalo!

2. Dios ha prometido que su gloria es más grande que mi sufrimiento

Jesús prometió que en este mundo tendremos tribulación (Jn. 16:33), pero más grande es su gran poder y las glorias que se nos revelarán. El sufrimiento que enfrentamos no se puede comparar con ellas (Ro. 8:18-20). El dolor en este mundo caído es profundo, muy profundo. Pero Su gloria es aún más profunda.

3. Dios me ha prometido su presencia

“Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20). Esta no es una declaración condicional. El Rey resucitado promete ir y permanecer con sus discípulos, siempre. Incluso en el dolor, allí mi Salvador estará conmigo.

4. Dios me ha mostrado quién es Él

Dios simplemente es. Quizá nunca entenderé por qué orquestó estos eventos. Él ha ordenado el dolor de un aborto espontáneo para mí, mientras que amigos y familiares conciben fácil o incluso accidentalmente.

Los caminos del Señor a menudo son misteriosos. Él perdona por completo. Él trae prosperidad. Él trae calamidad. Él castiga. Él da gracia a los que no lo merecen. Dios simplemente es, y no sería Dios si pudiéramos decodificar cada uno de sus planes. Su gracia me permite aferrarme a mi Salvador. Su gracia me está permitiendo comprender un poco mejor qué es realmente la humildad.

Los caminos del Señor a menudo son misteriosos. Dios simplemente es, y no sería Dios si pudiéramos decodificar cada uno de sus planes.

Su gracia me permite lamentar y llorar, y a pesar de todas las lágrimas, no perder la esperanza.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Alicia Ferreira.
Imagen: Lightstock.
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