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Deshagámonos de la palabra “autopromoción” y dejemos de pensar de esa manera. Yo ni siquiera quiero ser un autopromotor. No me gusta esa palabra. Si lo que estoy promoviendo aquí soy yo, entonces no quiero hacerlo. Por supuesto, una persona siempre puede decir, “Bueno, eso es lo que realmente estás haciendo”, pero sigo pensando que vale la pena hacer la diferencia.

Lo que quiero promover es una verdad que, por gracia, creo que he visto: Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en él. Es una verdad que merece ser promovida

Eso es lo que la Biblia dice que hay que  hacer: “¡Cuenten Su gloria entre las naciones!”. ¡Muy bien! Tienes que abrir la boca y decir lo que has visto con tus ojos sobre Su Gloria. ¡Hay que decirlo! La Biblia nunca llamaría a esto autopromoción. Se supone que uno tiene que morir a sí mismo en el proceso. Eso no es autopromoción.

El proceso mismo de la verdadera difusión del evangelio es un proceso de autonegación. “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”, es decir, “Sígame en la proclamación, en la difusión del evangelio, en el servicio a otros”. Por supuesto que estás ahí, y estás usando las manos, la boca, el cerebro; pero, si lo estás haciendo bien, todo es muerte a ti mismo.

Así que el lenguaje que uso y que posiblemente pueda cerrar la brecha es “influencia”. ¿Es correcto que un cristiano quiera ser influyente?

Y la respuesta es que si a lo que estás influyendo la gente es a la verdad, la belleza de Cristo, y la gloria de Dios, entonces ¡sí, es correcto y bueno! Pablo no habría querido llegar a Filipos y no tener influencia sobre nadie. Eso es una locura. Es condenable, ¿verdad? Es desamor.

Conozco el camino al Cielo. Me han enviado para sufrir mucho para decir a la gente cómo escapar de sus pecados y tener acceso a Dios. ¿Acaso voy a decir: “Yo no quiero tener ninguna influencia aquí, porque eso es humildad”? No. ¡Eso no es humildad! ¡Eso es maldad! Es egoísmo.

Así que creo que deberíamos deshacernos del término “autopromoción” y en su lugar, hacernos la pregunta, “¿Cómo podemos buscar ser influyentes de un modo bueno y malo?”.

Y la respuesta sería, como Jesús lo dijo en Mateo 6: “Si haces buenas obras para ser visto por los hombres, tendrás tu recompensa, y obtendrás absolutamente nada en el Cielo”. Si yo oro para ser visto por los hombres o si contesto preguntas en vídeos con el fin de promover mi ego y mis puntos fuertes, entonces he perdido toda mi recompensa en el Cielo y voy a ser de poca utilidad para la gente.

Pero la influencia es buena si es impulsada por un corazón que dice: “Yo he visto algunas cosas en la Biblia. Son preciosas mas allá de toda medida. Jesucristo se ha convertido en un amigo más allá de todos mis amigos y mi esposa y mis hijos para mí. Me encantaría llevarlo y todo lo que he visto de Él a tantas personas como pueda”.

Él es digno de eso. Él es digno de nuestras plataformas. Por Él vale la pena morir. Y vale la pena no tener una plataforma si eso resulta ser demasiado alimento para mi ego. Tengo que vigilar constantemente el pecado y la maldad de mi corazón para que yo perciba, de la mejor manera posible, ya que estoy haciendo esto por la gloria de Cristo.

Quiero influir a la gente. Quiero cambiar las ideas de la gente para que vayan lejos de estar centrados en el hombre y estén más cerca a estar centrados en Dios. Quiero moverlos lejos de la exaltación de la voluntad humana y más hacia la exaltación de la voluntad de Dios. Quiero desarrollarles de cualquier forma usando la verdad que está en la Biblia. Y creo que es correcto, y que mantener el control sobre tu propio ego es la manera de buscarlo. Probablemente hay formas de lenguaje para perseguir esto también.

Una última reflexión. CJ Mahaney, un buen amigo y ayudante y animador para mí, ha dicho: “Nuestra percepción de nosotros mismos es tan fiable como un espejo de carnaval”. Esto significa que otras personas son necesarias para ayudarte a mejorar tu auto-percepción. Así que en respuesta a esta pregunta: “¿Qué podemos hacer para evitar la autopromoción o mala influencia?” una opción sería preguntarle a la gente: “¿Cómo estamos? ¿Estamos haciendo las cosas que exaltan a John Piper de manera pecaminosa? ¿Lo estamos haciendo de una manera tal que realmente se hable del gran Piper y no del gran Dios?”.

Luego escuchas. Yo solamente escucho, porque mi esfuerzo para negarme a mí mismo y no ser egocéntrico es tan fiable —sin ayuda— como un espejo de carnaval. Así que debo hacerlo, debo estar frente al espejo de la Palabra, y debo pedir a otras personas que ven esa palabra y a mí, tal vez mejor que yo.

Cuando he terminado de predicar un mensaje en algún lugar fuera de la ciudad, y alguien está conmigo, a menudo me dirijo a ellos cuando volvemos a la habitación de un hotel y les pregunto: “Bueno, ¿hay algo que hay que cambiar? ¿He hecho o dicho algo inútil?”. Quiero ser vulnerable. Tengo más de 6 y ellos más de 20, y se sienten incómodos diciéndole al predicador de tantos años que pudo haber dicho o hecho las cosas de otra manera. ¡Pero lo hacen!

Que Tom Rogstad —graciasTom— una vez me escribió una carta y señaló que algo que había dicho en una capilla del Southern Seminary. Él lo había ententido como autopromoción y que no exaltaba a Cristo. Y yo lo acepté. Le dije: “¡Soy culpable! Voy a aprender de eso”.

Así que eso es parte de lo que debemos hacer para evitar ser una mala influencia. Invitamos a otros a confrontarnos a la cara.


Publicado originalmente para Desiring God. Traducido por Carmen Herrera-Williams.
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