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El laboratorio estadounidense Pfizer y la firma BioNTech anunciaron este lunes que su vacuna contra el covid-19 es eficaz en más de 90% según un análisis preliminar. “Hoy es un gran día para la ciencia y la humanidad”, manifestaron en su comunicado.

La vacuna ha sido probada en más de 43 500 personas en seis países y hasta ahora no ha ocasionado ningún problema de seguridad. Pfizer y BioNTech planean solicitar una aprobación de emergencia en los EE. UU. para usar la vacuna antes del fin de mes. “Esperamos producir a nivel mundial hasta 50 millones de dosis de vacunas en 2020 y hasta 1300 millones de dosis en 2021”.

Es indudable que la situación mundial es muy complicada y la expectativa por una vacuna era un anhelo de escala mundial. “Esta [es] una situación devastadora, una pandemia, y nos hemos embarcado en un camino y una meta que nadie ha logrado nunca, para llegar a una vacuna en el plazo de un año”, dijo Kathrin Jansen, vicepresidenta y jefa de investigación y desarrollo de vacunas de Pfizer.

¿Cuál es nuestra reflexión como cristianos ante esta noticia?

Seamos cautelosos y pacientes

En un escrito anterior compartimos algunas cosas que los creyentes deberíamos saber sobre las vacunas contra el coronavirus que podemos tener en cuenta hoy. Al mismo tiempo, más allá de la promesa del laboratorio, es importante que seamos realistas en cuanto a esta vacuna anunciada.

Para empezar, en el comunicado las empresas no presentan un análisis final de la efectividad de la vacuna. Solo explican lo que lograron hasta ahora. Pfizer y BioNTech afirman que tendrán más datos sobre la seguridad de la vacuna para finales de este mes. Además, existen dudas sobre cuánto duraría la inmunidad en los vacunados y cómo podría distribuirse masivamente considerando el cuidado que esta vacuna requiere.

Aunque una eficacia del 90% es todo un hito, “necesitamos ver los datos reales y vamos a necesitar resultados a largo plazo”, dijo Jesse Goodman, profesor de medicina y enfermedades infecciosas de la Universidad de Georgetown.

Sigamos orando a nuestro Dios

Los cristianos somos llamados a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt. 22:39). Eso implica orar y trabajar por el bien de los demás conforme a la vocación que tengamos. Por lo tanto, en medio de esta crisis tenemos una excelente oportunidad para testificar y mostrar el amor de Dios de diferentes maneras. Debemos seguir orando con insistencia para que el Señor provea una solución a esta crisis y deseamos que esta pandemia acabe lo más pronto posible si esa es la voluntad de Dios.

Así que mientras creemos que Dios tiene un propósito bueno para esta pandemia y es soberano sobre esta situación, al mismo tiempo podemos entender que una vacuna podría ser una respuesta de Dios a nuestras oraciones por el fin de esta pandemia. De hecho, uno de los beneficios del fin de esta crisis de salubridad es que podríamos a volver a reunirnos en nuestras iglesias como antes y retomar muchos esfuerzos misioneros y evangelísticos presenciales.

La esperanza en el lugar correcto

No obstante, mientras el mundo podría poner todas sus esperanzas  en una vacuna, nuestra mayor esperanza está en el Señor. La pandemia no es el principal problema que tenemos, sino un efecto más del pecado en nuestro mundo. Como escribió el pastor Mark Oden:

“La pregunta más importante no es, ‘¿Qué esperanza tienes frente al coronavirus?’, porque Jesús vino a advertirnos de la presencia de un virus mucho más letal y generalizado, uno que ha afectado a todos los hombres, mujeres y niños. Un virus que termina no solo en una muerte segura, sino en la muerte eterna. Nuestra especie, según Jesús, vive en las garras de un brote pandémico llamado pecado. ¿Cuál es tu esperanza frente a ese virus?

La historia de la Biblia es la historia de un Dios que entró en un mundo infectado con este virus. Él vivió entre personas enfermas, no vistió un traje de protección química, sino que respiraba el mismo aire que nosotros, comiendo la misma comida que nosotros. Murió aislado, excluido de su pueblo, aparentemente lejos de su Padre en una cruz —todo para proporcionar a este mundo enfermo un antídoto contra el virus, para sanarnos y darnos vida eterna”.

Demos gracias a Dios por los avances médicos conseguidos hasta ahora mientras seguimos orando por nuestros países, pero no perdamos de vista la solución que nuestro mundo caído necesita.

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