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Consejos para el ministerio de adolescentes en la iglesia

Cuando se trata de trabajar con adolescentes, los consejos abundan. Van desde pequeños tips prácticos hasta estrategias que prometen grandes cambios. Y ni hablar de la variedad de rompehielos, juegos, e ideas creativas que existen. Tenemos una gran cantidad de recursos a nuestra disposición (aunque no todos son útiles o sanos). Sin embargo, en medio de todo eso, podemos olvidar de qué se trata realmente el ministerio a los jóvenes.

Al trabajar durante diez años con adolescentes cometí errores y aciertos, pero —más allá de todo— pude ver cómo Dios mantuvo la obra en buen camino. Espero que los siguientes consejos estimulen una reflexión autocrítica del ministerio y sean de ánimo para establecer mejores bases bíblicas.

1) Evita el aislamiento

El aislamiento no es un problema solo de nuestro ministerio, pero sí es muy frecuente en los adolescentes. Los grupos juveniles suelen diferenciarse mucho del resto de la iglesia, ya que algunos crean un microambiente de diversión, pizzas, y música a todo volúmen. En muchos casos, llegan al punto de parecer una iglesia dentro de otra. La mayoría de las veces todo sucede sin que nos demos cuenta, como si fuéramos llevados por una deriva silenciosa.

Nunca pienses, planifiques, o desarrolles tu ministerio de adolescentes separado del resto de la iglesia, pues estás sirviendo al cuerpo de Cristo

Por eso es importante estar atentos al respecto, pensando cómo vencer este problema. Digo problema porque, tal vez sin querer, podemos atentar contra la unidad de la iglesia. Nuestro programa debería incluir planes y actividades con el resto de la iglesia, y maneras de integrarnos al plan general que los pastores llevan adelante. Recuerda que en la iglesia local somos miembros entre todos, más allá de la edad (1 Co. 12:27).

Hay muchos hermanos que pueden visitar tu grupo para enseñar o simplemente compartir. Una iglesia unida y en armonía refleja la gloria de Dios. Nunca pienses, planifiques, o desarrolles tu ministerio de adolescentes por separado, pues estás sirviendo al cuerpo de Cristo. Además, es valioso inculcar en los adolescentes una cultura de iglesia local.

2) Predica la Biblia

Uno de los problemas más frecuentes de un ministerio de adolescentes es la facilidad con la que puede convertirse en una burbuja de entretenimiento. 

En muchos ministerios juveniles pareciera que ser relevantes es más valorado que ser fieles.

No tengas miedo a predicar la verdad, ni diluyas la Biblia con consejos superficiales y videos divertidos. Exponer y reflexionar sobre temas profundos —que preocupan a los adolescentes— es mejor que usar pantallas, videos, o recursos novedosos para solo entretenerlos. Si la Palabra de Dios habla de esos temas, ¿por qué callar al respecto? (Heb. 4:12; 2 Ti. 3:16).

Los adolescentes están bombardeados en nuestra cultura de malas enseñanzas que les generan dudas ¿y nosotros haremos de los juegos el momento más importante de la reunión? ¡Predícales el evangelio! Seguramente debas trabajar más duro en cómo aplicar las lecciones aprendidas a partir de una enseñanza básica. Tal vez no puedas ir muy profundo en la doctrina, pero aún así debes darles sana doctrina. El Espíritu Santo aplicará las verdades a sus corazones. Teme a Dios, quien te puso en el ministerio, y utiliza bien la palabra de verdad (2 Ti. 2:15).

3) Fomenta la lectura bíblica

Todo el mundo piensa que los adolescentes no leen, pero esto es un mito. Claro que los hábitos y medios de lectura han cambiado, pero los adolescentes siguen leyendo. Bien o mal, mucho o poco, pero leen. Y, mejor aún, pueden aprender a leer.

En muchos ministerios juveniles pareciera que ser relevantes es más valorado que ser fieles. No temas predicar la verdad

Muchas veces invertimos tiempo y esfuerzo en eventos que no aportan nada a largo plazo. Mejor invierte en estrategias para fomentar la lectura de la Biblia y formar una cultura que gire alrededor de la Palabra de Dios (Col 3:16). Puedes aprovechar apps, leer juntos en parques o en casas, enseñarles métodos de lectura (como el método sueco). Haz planes de lectura para leer la Biblia completa o secciones de ella, como el libro de Santiago en una semana. Algunos leerán más y otros menos, pero que eso no te desanime.

Es importante que los líderes con su ejemplo acompañen y motiven a los adolescentes. Los frutos se ven con el tiempo, te lo aseguro. La Palabra de Dios tiene poder para transformar sus vidas y nunca vuelve vacía.

4) Prioriza las relaciones sobre las actividades

No trates el ministerio como si fuese un segmento de marketing cristiano. No se trata de un servicio de entretenimiento; tus jóvenes no son espectadores de un show juvenil. Estamos tratando con vidas. Así que sería mejor ver a los adolescentes en dos grupos generales: aquellos que dan evidencias de fe y arrepentimiento, y que son tus hermanos en Cristo; y aquellos que no, y por tanto son campo para la misión.

Dios nos equipa y enseña en su Palabra cómo tratar a cada tipo de persona. Al final, gran parte de tu labor es hacer evangelismo y discipulado. Esfuérzate por construir buenas relaciones con ellos, para que tu trabajo lleve fruto. Las relaciones fuertes y sanas son cruciales en todo ministerio. Vive con ellos lo que les enseñas, y déjate conocer para que aprendan de tus errores y aciertos. Si no compartes tiempo con ellos ¿cómo podrías presentarte como ejemplo? (Tit. 2:6-8;1 Ti. 4:12).

Espero que estos consejos te ayuden a reflexionar acerca del ministerio y que seas creativo para practicarlos en tu grupo. Pero, más que creativo, mi oración es que seas fiel y perseverante. Ten siempre en mente que tu grupo pertenece a una iglesia, que la Palabra de Dios es viva, eficaz, y digna de confianza, y que las relaciones son más importantes que las actividades.

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