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Cómo vivir el segundo gran mandamiento en tiempos de Covid-19

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda mente y con toda tu fuerza. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, Marcos 12:30-31.

Así respondió Jesús al escriba que le preguntó por el mandamiento más importante. Con su respuesta, Cristo nos recuerda que el amor a Dios también incluye nuestro amor por el prójimo; este no es una opción. No separemos los conceptos que el Padre unifica: amar al prójimo no es algo adicional para los que amamos a Dios, sino una evidencia de que lo conocemos (1 Jn. 4:20).

Nuestro deber de amar al prójimo jamás cambia, aun frente a los desafíos que nos presenta la pandemia. Entonces, ¿cómo cumplimos este mandamiento en medio de la crisis de salud? ¿Cómo amar en tiempos de COVID-19? Aquí tienes algunas formas de cumplir con nuestro deber:

Fomenta el compañerismo

Debemos permanecer en contacto con los hermanos en la fe y buscar maneras de tener compañerismo con la iglesia, en la medida de lo posible y tomando en cuenta los lineamientos de las autoridades en nuestros países. No permitamos que la crisis actual atente contra la unidad y el amor en la congregación.

Nuestro deber de amar al prójimo jamás cambia, aún frente a los desafíos que nos presenta la pandemia

El autor de Hebreos nos advierte del peligro de apartarnos de Dios y nos anima: “antes exhórtense los unos a los otros cada día” (Heb. 3:13). Esta exhortación implica dos cosas: (1) que los creyentes tenemos la responsabilidad de exhortar a otros y (2) la necesidad de que otros nos exhorten “cada día”. Cuando esto sucede evitamos caer en “el engaño del pecado”.

Es aquí donde surge la importancia del compañerismo y de congregarnos con la iglesia si es posible: necesitas de tu iglesia, pero tu iglesia también te necesita. Debemos mantener contacto y alentarnos en la fe porque así trabajamos por el bienestar espiritual de nuestros hermanos.

Muestra reverencia y sensibilidad

Todos estamos de acuerdo en que debemos tomar los recaudos necesarios para no exponernos al contagio pero, en la práctica, eso puede tomar diferentes formas. Por ejemplo, algunos prefieren evitar los saludos y las conversaciones sin mascarillas; otros no tienen problemas con eso. Algunos prefieren no recibir personas en sus casas y otros están más abiertos a las visitas.

Una manera importante de amar es respetar las decisiones y posturas de los demás. Mostremos reverencia y sensibilidad: evitemos juzgar e imponer nuestras opiniones. Que el Señor nos ayude a hablar con gracia y amor cuando debamos tratar estos temas, aún en medio de discrepancias (Col. 4:6).

Busca suplir una necesidad física

La pandemia creó un enorme problema de salud y económico. Sabemos que muchas personas están en necesidad. Ahora podemos mostrarnos generosos y serviciales con ellas. Amamos al prójimo cuando lo ayudamos, aún en medio de nuestra necesidad, tal como los hermanos de Macedonia ayudaron a los cristianos en crisis.

Abramos nuestro corazón para amar al prójimo como a nosotros mismos y abramos nuestras manos para suplir donde hay escasez

Cuando Pablo comenzó una colecta para los creyentes necesitados de Jerusalén, la iglesia en Macedonia le rogó que aceptara sus donativos (2 Co. 8:4). Pero los de Macedonia estaban también en escasez. Por eso Pablo dijo “que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (2 Co. 8:2, cursiva añadida).

Para los hermanos de Macedonia, su escasez no les impidió mostrar generosidad y amar a sus hermanos necesitados. Busquemos quién tiene necesidad y dejemos que Dios nos use: abramos nuestras manos para suplir donde hay carencias y abramos el corazón para amar al prójimo como a nosotros mismos.

Predica el evangelio

La mayor necesidad humana es la redención. Eso se hace más evidente cuando están en aflicción. En su libro, El problema del dolor, C.S. Lewis afirmó que “el dolor es un megáfono para despertar a un mundo sordo”. Y aunque el sufrimiento en sí no salva a nadie, nos presenta una ocasión para predicar del evangelio.

Las dificultades suelen preparar a los corazones de los incrédulos para el mensaje de salvación. Por eso debemos aprovechar la coyuntura actual. Recuerda que Jesús dijo a sus discípulos que los campos estaban listos para la cosecha (Jn. 4:35). La pandemia nos recuerda esa realidad.

La manera más directa y eficaz de amar a los hombres es ofreciéndoles a Cristo Jesús como el único que puede salvar sus almas y darles vida eterna. Amamos al prójimo cuando predicamos el evangelio que es poder de Dios para salvación, por medio de palabras respaldadas con acciones.

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