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Últimamente, he tenido algunas conversaciones difíciles. Una de ellas era confrontar a un miembro de la familia en su pecado; otra era decirle a una persona en mi equipo que su trabajo es deficiente. Ambas interacciones fueron dolorosas y vergonzosas. Oré, pero aun así sentía mis pensamientos confusos. Aunque tuve tiempo de prepararme para ambas conversaciones, aun así me sentí desprevenido. ¿Cómo podemos dar y recibir malas noticias de una manera que honre a las personas con quienes interactuamos?


Las conversaciones difíciles ciertamente pueden ser dolorosas y vergonzosas para todas las partes involucradas. Por su naturaleza, ya sea una amonestación o una evaluación de un mal desempeño, una conversación difícil conlleva compartir una realidad condenatoria con otra persona.

Pero, ¿sabes qué es lo hermoso de esto? Jesús habla a cada realidad condenatoria con gracia, ya que Él ha cargado toda la condenación de aquellos que confían en Él. Las conversaciones difíciles pueden ser conversaciones centradas en el evangelio. Así que, aunque se revolteen tus entrañas, tu corazón puede saltar de gozo al ver lo que Dios puede hacer.

Antes de entrar en los aspectos teológicos de las conversaciones difíciles, recuerda esto: de ser posible, ten esta conversación en persona y en privado. Cuando se discuten temas vergonzosos, frustrantes, o dolorosos, es importante combinar no solo el tono de voz adecuado, sino también el lenguaje corporal correcto. Si necesitas tener una conversación difícil con una persona que está a la distancia, una llamada o una videollamada serían buenas opciones. El parámetro debe ser que una conversación vulnerable debe llevarse a cabo de una manera vulnerable; y usualmente la mejor manera es frente a frente.

Confía en el Espíritu Santo

Una conversación difícil nunca debería ser una conversación precipitada

Primero, confía en que el Espíritu de Dios guiará tus palabras. Jesús promete a sus discípulos que ellos serán perseguidos, odiados, golpeados, y encarcelados por su fe. Y les dice que recuerden esto cuando ellos sean interrogados por su fe: “Pero cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué hablarán; porque a esa hora se les dará lo que habrán de hablar” (Mt. 10:19).

Ser interrogado criminalmente es una conversación difícil, ¿no? ¿Y qué es lo que Jesús les dice? Confíen en el Señor. No estén ansiosos.

Sumérgete en las Escrituras

Ciertamente es de ayuda prepararte para una conversación difícil buscando lo que la Palabra de Dios tiene que decir acerca del tema en cuestión. Pero, es de mucho más ayuda preparar tu corazón para la vida en general sumergiéndote en las Escrituras día a día.

Leer la Palabra de Dios te ayudará a conocer su voluntad, y te entrenará para la piedad (2 Ti. 3:16). Dios trabajará en tu corazón con su sabiduría, iluminando la supremacía de Cristo lo cual te hace estar mejor preparado para cada aspecto de la vida.

Martyn Lloyd-Jones enseñó a los pastores jóvenes a enfocarse en prepararse ellos mismos más de lo que preparan sus sermones. Prepárate para la obra del ministerio al vivir en la Palabra de Dios, la oración, y en una comunidad cristiana. Contempla la gloria de Cristo, y sé hecho más como Él (2 Co. 3:18); sé más como Él y tendrás una mejor experiencia con las conversaciones difíciles.

Habla la verdad en amor

Antes de tu conversación difícil, pregúntate si es necesaria. ¿Es esta conversación un intento de hablar la verdad en amor para promover la unidad en Cristo (Ef. 4:15), o simplemente quieres hacer un ajuste de cuentas? ¿Quieres solo hablar acerca de tus sentimientos, o estás más preocupado por el bienestar de la otra persona?

No estamos muy conscientes de nosotros mismos, y mientras podrías decirte a ti mismo que quieres tener una discusión con alguien porque lo amas, ¿será posible que en realidad amas el drama de llamarle la atención a alguien o deseas defenderte de alguna manera? Así que revisa tus motivaciones primero y dale tiempo al Señor de guiarte. Una conversación difícil nunca debería ser una conversación precipitada.

La condenación sin redención es odio, pero la condenación con la redención de Cristo es eternamente bondadosa

Las palabras duras pueden ablandar corazones. Sin embargo, dichas con aspereza, las palabras duras pueden lastimar corazones. Cuando Jesús expuso el pecado de la mujer samaritana, Él derramó el agua viva de su gracia. Esta es su manera. La condenación sin redención es odio, pero la condenación con la redención de Cristo es eternamente bondadosa.

El sermón de Pedro en Pentecostés es otro ejemplo adecuado. Él les dice a sus oyentes que son responsables de la muerte de Cristo, pero luego continúa y les ofrece liberación: “Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados” (Hch. 2:38). Pedro los condena con la verdad, luego los libera a través de la gracia.

Ofrece esperanza

Ya que tú no eres Pedro ni Jesús, ¿cómo puedes llevar una conversación difícil al puerto de la redención?

Podría ser de ayuda reconocer los factores externos que han llevado a la necesidad de tener esta conversación. Tal vez tú has hecho o no has hecho algo que ha contribuido al conflicto o problema. Si es así, reconoce tu parte. (Y no digas: “Perdón si…” o “Perdón, pero…” Humildemente reconoce la viga en tu ojo antes de apuntar a la paja del otro).

Cada ocasión de quebrantamiento es una oportunidad de restauración en Cristo. Si alguien ha pecado en contra tuya, no debería de sorprenderte. El pecado que se cometió contra ti es el mismo pecado que yace en tu corazón. Ambos necesitan la gracia de Cristo. Si eres un creyente hablando con otro creyente, encuentren unidad en su necesidad ante Dios, y en el hecho de que Jesús ama romper las líneas divisorias de hostilidad (Ef. 2:14).

Así que cuando tengas una conversación difícil, no huyas de la verdad aunque sea dura. Pero, tampoco huyas de la eterna esperanza o de las implicaciones prácticas de la cruz.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Michelle Lago.
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