×

Indignación, amargura, impotencia, angustia. Son algunas de las emociones comunes cuando somos víctimas de un robo. Y con razón, pues a veces las cosas que nos han robado son valiosas y tuvimos que sacrificar mucho para obtenerlas. Esta sensación se ahonda, sobre todo, cuando el asalto fue violento, peligroso, y hasta traumático. 

Además, un robo puede desencadenar circunstancias que complican más nuestras vidas. Por ejemplo, el robo de un carro, de una suma importante de dinero, una computadora, el teléfono, o la billetera con nuestros documentos puede desencadenar un sentimiento desagradable de “post-asalto”.

En momentos así, podemos volvernos a Dios y su Palabra para hallar las verdades que nos ayudarán a darle la lectura correcta a la situación, y así tener consuelo y esperanza. ¿Cómo orar cuando somos asaltados? A continuación hay algunas ideas bíblicas al respecto.

1) Ora pensando en la providencia de Dios

Según la Biblia, además de la pérdida de sus diez hijos y su salud, parte de las desgracias que le acontecieron a Job fue que también perdió varias posesiones. El texto dice que los sabeos se llevaron sus asnas, y que los caldeos se llevaron sus camellos (Job 1:15,17). Es decir, Job también fue despojado de sus bienes. 

En medio de eso, es instructiva la manera en que este hombre de Dios respondió: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; Bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:21). El pasaje añade que “en todo esto Job no pecó ni culpó a Dios” (v. 22).

La pérdida de algún bien terrenal debe llevarnos a la contemplación de los bienes celestiales que tenemos en Cristo.

Job entendía que, en última instancia, es el Señor quien da las cosas y quien las quita. Su providencia sabia y buena dirige cada evento. Pero Job no lo deja ahí. Él afirma: “Bendito sea el nombre del Señor”. Esto nos recuerda que solo cuando vemos la divina providencia ordenando cada situación en la vida, se nos hará más fácil adorar y bendecir a Dios incluso al ser despojados de nuestros bienes.

Por eso podemos orar junto a Job: “Señor, ayúdanos a confiar en que tu sabia y buena providencia está detrás de toda circunstancia. Eres tú quien nos das las cosas y solo tú las quitas cuando crees necesario. Y eso es bueno. Bendito sea tu nombre”. 

2) Ora meditando en las cosas de mayor valor

La pérdida de algún bien terrenal debe llevarnos a la contemplación de los bienes celestiales que tenemos en Cristo.

Según Pablo, los creyentes somos enriquecidos con toda bendición espiritual (Ef. 1:3). El apóstol habla de la vida nueva que tenemos, nuestra adopción, nuestra redención, y el perdón de los pecados, como las riquezas de la gracia de Dios (Ef. 1:7). Recordemos también las palabras de Pablo cuando decía que todas las cosas habían perdido su valor para él cuando las comparaba con la insuperable realidad de conocer a Cristo (Fil. 3:1-9). Cuando Cristo se convierte en nuestra mayor posesión, el día que nos quiten las cosas de este mundo, no nos habrán quitado nada en realidad.

Asimismo, aunque muchos cristianos del primer siglo perdieron sus bienes por la persecución desatada contra ellos, el autor de Hebreos nos dice que su gozo, incluso en esas circunstancias, se debía a que siempre contemplaban una posesión mayor (Heb. 10:34). Como Pedro nos recuerda, tenemos una herencia “incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos” para nosotros (1 P. 1:4).

Lo que tenemos en Cristo está asegurado y fuera del alcance de los hombres. Ninguna posesión en Él está en riesgo de perderse.

Lo que tenemos en Cristo está asegurado y fuera del alcance de los hombres. Ninguna posesión en Él está en riesgo de perderse. Esta realidad debe ser parte de nuestra meditación diaria, y mucho más cuando perdemos cosas debido al pecado de otros. 

Por eso podemos orar con Pedro, diciendo: “Señor te alabamos, porque aunque fuimos privados de un bien terrenal, nuestras riquezas eternas están aseguradas. Confiamos en que mayores son las posesiones que tenemos en Cristo”. 

3) Ora confiando en que todo obrará para bien

Cada dificultad y cada situación, por desagradable que sea, debe ser interpretada con los lentes de Romanos 8:28: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”.

Es importante tomar en cuenta el contexto del pasaje para apreciar lo que Pablo tiene en mente cuando dice “todas las cosas”. Al hacerlo, notamos que el sufrimiento, la aflicción, la persecución, el hambre, y la desnudez son algunos de los elementos a los que Pablo se está refiriendo aquí. Es decir, todo coopera para bien, sobretodo la aflicción.  

Dios usará las circunstancias difíciles en nuestra vida para llevar a cabo su más elevado propósito de hacernos más semejantes a Cristo (v. 29). Quizá Él quiere ayudarnos a ver cuán apegado estamos a las cosas terrenales, o que seamos más agradecidos por las cosas que a veces tomamos a la ligera. Quizá nos quiere recordar cuán pasajeras y efímeras son las posesiones en esta vida. En fin, Dios puede obrar muchas cosas para bien, incluso cuando nos asaltan.

Dios usará las circunstancias difíciles en nuestra vida para llevar a cabo su más elevado propósito de hacernos más semejantes a Cristo.

Es en la dificultad, en la aflicción y en la pérdida, que necesitamos pasar de la recitación a la convicción de Romanos 8:28. Solo la certeza en esta promesa nos ayudará a mirar el futuro con expectativa. Por eso podemos orar con Pablo, diciendo: “Padre, confiamos que eres poderoso, sabio, y bueno para hacer de cada evento un instrumento de tus buenos propósitos para nosotros. Te alabamos porque todo obrará para bien”.

4) Ora dando gracias

Pablo escribió: “Den gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18). Al decirnos “en todo”, el apóstol no excluye ningún momento o evento. Es decir, necesitamos agradecer por la escasez y por la abundancia, por la salud y enfermedad, cuando estamos en compañía y en la soledad. Debemos agradecer cuando recibimos las cosas y también cuando nos la quitan, como vimos en el ejemplo de Job.

Se cuenta que una vez Matthew Henry, un famoso predicador y comentarista bíblico del siglo XVII, fue asaltado por unos ladrones que le robaron su dinero. En su diario, él hizo referencia a ese día y escribió: “Debo dar gracias al Señor, primero, porque nunca me habían robado anteriormente; segundo, porque aunque los asaltantes me robaron todo, no era mucho; y tercero, doy gracias porque me robaron y no fui yo quién robó”. Henry nos modela la actitud cristiana a mostrar cuando nos despojan de algún bien.

Por eso podemos orar junto a él, diciendo: “Gracias, Señor, porque cada cosa que ordenas para nosotros es para nuestro bien. Gracias porque tenemos más de lo que merecemos y porque al final eres tú quien cuida de nosotros”.


Imagen: Lightstock.
CARGAR MÁS
Cargando