Cómo no desanimarme cuando no siento frutos de mi lectura bíblica

Todo cristiano desea crecer en su amor y su entendimiento de la Palabra de Dios. Buscamos devocionales, planes de lectura, estudios bíblicos, y demás. Cualquier cosa que pueda ayudarnos a aumentar nuestra disciplina y conocer más a nuestro Señor.

Pero hay ocasiones en que nada parece funcionar. Leemos y leemos todos los días, pero todo sabe seco. ¿Se supone que Dios me está hablando? Porque no escucho nada…

Te sorprenderías de lo común que es sentirse así. Sin embargo, pocas personas hablan de ello o piden ayuda, porque se sienten como bichos raros entre personas llenas del Espíritu cuya comunión con Dios florece ricamente.

Llenos del Espíritu

Primero que nada debes poner el asunto en oración. En su libro “Simplify Your Spiritual Life (Simplifica tu vida espiritual)”, Donald Whitney dice que “Nadie que no tenga el Espíritu de Dios tiene vida espiritual. […] La razón por la que muchos se sienten frustrados sobre su espiritualidad es porque están asumiendo vida y salud cuando en realidad son cadáveres espirituales” (p. 25). 

Suena duro, pero es una realidad. No podemos darnos el lujo de ignorarlo y dejar de examinarnos. Si no hemos nacido de nuevo, por más que nos esforcemos, no podremos ver el Reino de Dios (Juan 3:3-15). Las cosas del Señor nos serán ajenas, ¡una completa locura (1 Corintios 1:18-20)! Podemos intentar hacer lo que vemos que todos los demás hacen —leer la Biblia, tener devocionales, ir a estudios y a reuniones de oración, etcétera—, pero si no lo hacemos en el poder del Espíritu Santo, no podremos mantener la farsa por mucho tiempo.

No te oigo, Señor

Dicho lo anterior, es una posibilidad que una persona que ha nacido de nuevo atraviese épocas de “desierto” espiritual. En ellas, nos aproximamos continuamente a la Palabra de Dios, pero parece ser que no obtenemos nada de ella (Salmo 42:1-4).

Pensando en esto, quisiera ofrecerte una observación y una idea práctica para enfrentar la situación.

Una observación: ten paciencia.

A veces tenemos la extraña noción de que cada lectura bíblica debe ser una “bomba de revelación” para nuestras vidas. Nos acercamos a la Escritura con una mentalidad de “¿Qué tiene Dios para mí hoy?”, en lugar de aproximarnos con la expectativa de “¿Qué me revelará Dios hoy acerca de sí mismo?”. 

No todo lo que leamos hoy tendrá una aplicación obvia e inmediata. Aunque no lo “sientas”, Dios te está renovando a través de la Escritura, poco a poco. El Señor podría estarte preparando para una prueba futura. Procura siempre acercarte a la Biblia buscando conocer a Dios, no esperando algo de Él.

Una idea práctica: escribe la Palabra. 

Más veces de las que querremos admitir, nuestro verdadero problema es que pasamos volando por las páginas de nuestra Biblia. Como cuando alguien nos está diciendo algo mientras estamos jugueteando con el móvil. Técnicamente lo oímos y captamos un poco de lo que nos quiso decir, pero realmente no lo escuchamos.

Para forzarme a detenerme y realmente “masticar” las palabras de la Escritura, una de mis herramientas favoritas es escribir la Biblia. Tengo un cuaderno especialmente apartado para ello.

Leo un versículo, comienzo a escribirlo, lo vuelvo a leer, sigo escribiendo… despacio. Mi mente empieza a profundizar en cada una de las palabras que estoy colocando en el papel. Si no has ejercitado mucho la disciplina de la meditación bíblica, esta es una excelente forma de empezar. Poco a poco tu mente se fortalecerá y podrá estar concentrada en una sola cosa: la Palabra de Dios.

Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra” (Salmo 119:15-16).

Si realmente creemos que la Biblia es la Palabra de Dios y toda ella es provechosa para nuestra alma y vida (2 Timoteo 3:15-17), debemos acercarnos a ella cada día creyendo que el Dios del Universo está con nosotros y quiere revelarse a nosotros. Esto es verdad incluso si a nuestros sentimientos no les parezca así.

Imagen: Lightstock
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