#CoaliciónLee: “Siervos para Su gloria” #1

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A nadie le gusta esperar. Filas en el banco, servicio a domicilio, respuestas a nuestros mensajes de WhatsApp. En el siglo XXI, queremos resultados cada vez más rápidos. Estar quietos nos incomoda. El silencio nos ensordece. A nadie le gusta esperar.

Aunque un mundo lleno de pantallas y notificaciones hace las cosas más obvias, nuestra obsesión por lo instantáneo no es ninguna novedad. Como escribe el pastor Miguel en su libro Siervos para Su gloria: “la impaciencia siempre ha caracterizado al ser humano y, mientras Dios nunca parece estar de prisa, nosotros no queremos detenernos” (p. 12).

Nuestra vida cristiana no es inmune a esta incapacidad de esperar. Lejos de estar dispuestos a ser moldeados en lo secreto a la imagen de nuestro Señor, lo primero que queremos hacer es hacer. Queremos “lograr grandes cosas para Dios” sin esperar a que Dios haga grandes cosas en nuestros corazones; sin que nuestro carácter haya sido transformado primero.

“Es lamentable y preocupante que el ser humano tenga una alta preocupación por las cosas que hace, mientras que no muestra una alta motivación por cultivar una vida interior que le permita manejar mucho mejor su vida exterior” (p. 8).

Para correr la carrera de la fe a largo plazo debemos estar conscientes de lo importante que es preparar nuestro ser interior. Después de todo, si no estamos dispuestos a pagar el precio de esperar para ser antes de hacer, ¿qué es lo que realmente estamos buscando? ¿Que Dios sea glorificado con nuestro servicio que fluye de un corazón verdaderamente puro? ¿O el simple reconocimiento de los hombres cuando miren todas las cosas que logramos?

Aferrados a la fuente

Dios es el más interesado en transformarnos, y no nos ha dejado a nuestra suerte para descubrir cómo debemos caminar en este mundo. Él mismo es la fuente de toda sabiduría (Pr. 1:7). Andar en Su temor es lo que nos llevará a crecer y vivir de la manera en que fuimos creados para vivir.

“Es imposible para el hombre adquirir una verdadera sabiduría sin conocer a Dios primero” (p. 52).

Tú y yo tenemos el privilegio de tener a nuestro alcance, en cualquier momento, la revelación del Dios de toda sabiduría: la Biblia. No tenemos que esperar a que tenga un momento libre para atendernos. Él siempre está disponible para que le conozcamos cada día más y así seamos transformados a su imagen. Si realmente queremos ser siervos para Su gloria, debemos encontrarnos con Su gloria cada día y rendirnos delante de ella.

“Encontramos a personas más santificadas que otras no solo por el tiempo que han estado en el evangelio, sino también porque, mientras unos han sido diligentes en procurar su santificación, otros han sido perezosos” (p. 70).

Para dar fruto necesitamos permanecer aferrados a la Vid (Jn. 15:5). Dios promete hacer la obra en nosotros hasta el final, pero también nos llama a esforzarnos cada día para caminar en la santidad sin la cual nadie le verá (He. 12:14).

“Muchos tienen información (conocimiento), pero no saben cómo aplicarlo (sabiduría). Por tanto, no hay consistencia en su caminar (convicción). Como consecuencia, nunca exhiben la imagen de Cristo, ni siquiera parcialmente (carácter), que es la manera natural de vivir (hábitos)” (p. 68).

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