#CoaliciónLee: “La vida cruzcéntrica” #3

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Sigue tu corazón. Ese es probablemente el consejo más popular de nuestra generación. Por alguna razón le hemos otorgado a las emociones y a los deseos el poder supremo sobre nuestras vidas. Si esto siento, esto debe ser.

Suena bonito, pero no lo es. Esta manera de vivir nos destruye sin que nos demos cuenta.

El profeta nos lo advirtió hace muchos siglos: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá?” (Jer. 17:9). Un día estamos en las nubes y al siguiente no queremos levantarnos de la cama. Hoy queremos una cosa y mañana otra. El domingo cantamos alabanzas con lágrimas en los ojos y el lunes maldecimos en el tráfico.

Cualquiera que lo piense un poco se dará cuenta de que nuestras emociones no son lo más confiable que hay. Por eso no debemos descansar en ellas. Nuestra seguridad debe estar puesta en Dios, quien jamás cambiará.

“No debemos investir a nuestras emociones con la final autoridad. Esto solo se debe reservar para la Palabra de Dios” (p. 59).

Por eso es tan importante que continuamente hablemos a nuestro corazón las verdades del evangelio. El hecho de que Jesús vivió perfectamente, murió sacrificialmente, y se levantó victoriosamente para hacernos rectos delante de Dios no deja de ser cierto cuando nuestro corazón está afligido, estresado, apático, o airado.

“Cuando miramos hacia adentro, vivimos por lo subjetivo, lo temporal, lo siempre cambiante, lo poco confiable, lo propenso a ser falso. Cuando miramos hacia afuera, al evangelio, vivimos por lo objetivo, lo que nunca cambia, lo que es perfectamente confiable y siempre y del todo verdadero” (p. 62).

Lo que somos delante de Dios se basa en lo que Jesús hizo por nosotros, no en lo bien que nos sintamos ese día o en lo mucho que fallemos. Así que, sin importar las mentiras que nuestro corazón engañoso susurre en nuestro interior, podemos responder clamando la verdad del evangelio: no se trata de mí, ¡Jesús es suficiente!

El día centrado en el evangelio

Todo esto de vivir “centrados en el evangelio” suena muy bien; pero, ¿cómo luce en la vida real? En esencia es permitir que el mensaje de lo que Jesús es y lo que ha hecho esté siempre presente en nuestros corazones, y que este mensaje impulse lo que hagamos todos los días.

En La vida cruzcéntrica, C. J. Mahaney nos comparte algunos consejos prácticos para “acercarnos a la llama de la cruz” con regularidad:

  1. Memoriza el evangelio: Dios usará las verdades de la Escritura que guardamos en nuestros corazones en los momentos que más necesitemos recordarlas.
  2. Ora el evangelio: El acercarnos a Dios en oración es un privilegio que solo tenemos gracias a lo que Jesús hizo por nosotros.
  3. Canta el evangelio: La música es una de las herramientas más poderosas que tenemos para recordar y gozarnos en las verdades centrales de la cruz.
  4. Repasa cómo el evangelio te ha cambiado: Si has llegado hasta aquí, es por gracia de Dios. Recuerda eso con un corazón agradecido.
  5. Estudia el evangelio: “Para crecer en su pasión por lo que hizo Jesús, incremente su comprensión de lo que hizo Él” (p. 77).

¿Qué harás hoy para vivir con la cruz en el centro?

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