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Muchos han lamentado el problema de la “cultura de celebridad” en la iglesia, y por lo general esa frase trae a nuestra mente pastores y líderes famosos en la iglesia de hoy. Pero “la cultura de celebridad” puede también ser un reto para los ministerios locales que no son famosos, y algunos de sus efectos más nocivos surgen allí.

Los peligros de la “cultura de celebridad” amenazan cada vez que los pastores se aíslan de los procesos normales a través de los que nos rendimos cuentas unos a otros, y de ser alentados en el cuerpo de Cristo. Cada vez que el liderazgo se caracteriza por la autoridad de Hebreos 13:17, sin la responsabilidad de Hebreos 3:13.

  • Autoridad: “Obedezcan a sus pastores, y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas” (Hebreos 13:17).
  • Responsabilidad mutua: “Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: “Hoy”; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13).

¿Cómo cultivamos tanto Hebreos 3 y Hebreos 13 en las culturas de nuestras iglesias? En otras palabras, ¿cómo podemos afirmar a nuestros pastores en su liderazgo sobre nosotros sin exaltarlos a una categoría separada, por encima de las ovejas?

Como pastor joven, estoy tratando de crecer en mi liderazgo sin desprenderme de las dinámicas expuestas en Hebreos 3:13 como: confesar mi pecado, o buscar consejo, o dejar que algunos de los hermanos de más edad me ayuden con mis hijos cuando no se están comportando en una actividad de la iglesia. Comparto estos pensamientos (parciales) con la esperanza de que pudieran ayudarnos a honrar la autoridad pastoral, mientras recordamos que la máxima autoridad está reservada para Cristo solamente, quien dijo: “Pero ustedes no dejen que los llamen Rabí; porque Uno es su Maestro y todos ustedes son hermanos” (Mateo 23:8).

1) Ofrece una opinión específica acerca del sermón, y dirigida a Dios.

“¡Pastor, eres un predicador increíble!”. Estas palabras son bien intencionadas, pero pueden inflar fácilmente en lugar de edificar.

La próxima vez que le des un estímulo a tu pastor, que sea específico, no general, y dirige la atención a lo que Dios hizo por medio de él: “Dios me enseñó/me bendijo a través de tu sermón…”.

También puedes considerar lo siguiente:

  • Anima a tu pastor después de los sermones mediocres, no solo los mejores. Probablemente lo necesite más después de esos sermones, y esto refuerza que es Dios quien habla a través de él y quien hace su trabajo fructífero.
  • Considera la posibilidad de escribir tus estímulos en una nota o correo electrónico. Esto permite explicar las ideas con más detalles, y puede ser más significativo y memorable para tu pastor.
  • Alienta a todos los que predican en tu iglesia, incluyendo predicadores invitados y el resto del personal o ancianos que predican. Esto refuerza que lo central es la Palabra de Dios, y que el instrumento humano es periférico (algo que a menudo se pierde cuando la cultura de celebridad se impone).

De una forma u otra, anima a tu pastor en su predicación. Esto no solo va a ayudar a tu pastor, pero es posible que incluso tú te beneficies cada vez más de los sermones como resultado.

2) Anímalo en el liderazgo de su familia.

Los pastores suelen ser esposos y padres también. Esas funciones deberían ser más importantes en su vida que su papel como pastor. Creo que la “cultura de celebridad” casi siempre va de la mano con una actitud de idolatría hacia el ministerio y el descuido de nuestra vida familiar. Así que, anímalo a que lidere su familia, y cuide de ellos.

Una de las mejores maneras que puedes mostrar que estimas a tu pastor es tomando interés en sus hijos. Ser hijo de un pastor es difícil. Para la mayoría de los pastores, este hecho es motivo de preocupación. Hay tres maneras en que puedes ayudar:

  • No tengas normas diferentes para los hijos del pastor. No esperes que ellos sean más espirituales, o tengan más conocimiento que el resto de las personas. Estas expectativas, probablemente los hagan rebelarse contra la iglesia.
  • Respeta su privacidad. Muchos hijos de pastores son muy visibles dentro de la iglesia, y si son tímidos esto puede ser difícil. Muestra interés en ellos, pero no te inmiscuyas en su vida o presiones su participación en la iglesia.
  • Ora por ellos. Una de las mejores preguntas que puedes hacerle a tu pastor es: “¿Cómo puedo orar por ti y tu familia?” Él apreciará la parte “y tu familia” de esta frase.

3) Dale permiso emocional y financiero para ir a conferencias y tomar vacaciones regulares.

Hay algo saludable en salir fuera de la ciudad. Pero muchos pastores se sienten atrapados, como si nunca se pudieran perder un domingo. Una vez más, creo que la “cultura de celebridad” florece cuando se descuida el principio del día de reposo y se fracasa en encontrar identidad y gozo a través de amistades, pasatiempos y otras cosas fuera de las paredes de la iglesia.

Permitirle a tu pastor un tiempo de vacaciones lo ayudará a mantener la cercanía con su familia. Animarlo a participar en conferencias lo ayudará a mantenerse refrescado, a seguir aprendiendo, y a mantener amistades. Más allá de eso, es saludable tanto para la iglesia como para el pastor, ver que el espectáculo puede seguir sin él. Solo una Persona es indispensable para la iglesia, y Él dijo: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Anima a tu pastor a que descanse, que salga de la cuidad, que se deleite en cosas que no son el ministerio de vez en cuando, y luego dale el tiempo y el dinero para hacerlo. Es probable que esto lo ayudará a mantener el balance entre Hebreos 3 y Hebreos 13.

4) No seas pasivo acerca de los lobos o problemas de pecado graves en la iglesia.

Una de las cosas que más puede desanimar y hace sentir solo a un pastor es tomar una posición sobre un tema difícil (por ejemplo, la disciplina de la iglesia en contra de un miembro que tiene mucho tiempo en la iglesia) y que todos sus amigos lo abandonen. Cuando eso sucede, el pastor se siente herido y traicionado, y es mucho más probable que se proteja de ser vulnerable y de la responsabilidad de rendirnos cuentas unos a otros.

Si tu pastor está peleando por una causa justa, no hagas que se pregunte dónde estás parado en relación con el asunto. Apóyalo. Quita un poco de la presión que hay sobre él. Defiéndelo verbalmente cuando escuches chismes, y si es necesario, públicamente en reuniones de la iglesia. Hebreos 13 puede ser un lugar solitario, y si tiene que pararse allí solo, puede que nunca vuelva a bajar a la tierra de Hebreos 3.

5) Afirma su piedad más que sus talentos.

La cultura de celebridad prospera cuando confundimos la habilidad para el ministerio de nuestro pastor con su santificación, o cuando valoramos talentos impresionantes más que un carácter piadoso. Incluso los más talentosos entre nosotros están incluidos dentro de “exhórtense los unos a los otros”, porque nadie está por encima de ser “endurecido por el engaño del pecado”.

Mientras más grandes sean los talentos o la autoridad de un pastor, es más probable que seamos tentados a colocarlo por encima de la responsabilidad de rendirnos cuentas mutuamente o la reprensión. Al mismo tiempo, mientras más grandes son los talentos, la responsabilidad de rendirnos cuenta unos a otros se vuelve más importante, debido a que los riesgos son más grandes. Es mejor hacerle frente a un líder fuerte y ser despedido o difamado, que ser cómplices de una cultura que divorcia Hebreos 13 de Hebreos 3 y por lo tanto daña a toda la iglesia.

Nosotros, los pastores, debemos esforzarnos en ver la santidad personal como una meta más importante que la grandiosidad ministerial, como algo más digno de nuestras ambiciones más profundas. En la iglesia, podemos ayudar a nuestros pastores en este sentido, reconociendo su piedad más que su influencia. No midas el valor de tu pastor por su perfil en las redes sociales o su capacidad de mantener una audiencia, sino por su vida de oración y el amor por su familia.

La cultura de celebridad se quedará sin suministros cuando se quede sin demanda. Pongamos a Cristo solamente en el lugar de autoridad intachable y central en nuestros corazones y afectos. Nuestras culturas de liderazgo muy pronto lo harán también.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Adielene Perez.
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