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Éxodo 25 – 26   y   Lucas 13 – 14

“Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos. Conforme a todo lo que te voy a mostrar, conforme al diseño del tabernáculo y al diseño de todo su mobiliario, así lo haréis”, Éxodo 25: 8-9.

El Señor nos ha demostrado en toda su creación que Él se preocupa hasta por el más mínimo detalle. Su interés por la perfección y la belleza se refleja también en sus leyes y mandamientos y en el culto que demandaría a su pueblo. En los capítulos de Éxodo que estamos estudiando podemos notar la meticulosa solicitud de Dios demostrada a Moisés en la preparación del Tabernáculo: “Mira que los hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el monte”, Éxodo 25:40. 

Después de Jesucristo, los cristianos nos hemos convertido en Templo del Señor; por eso, cuando Él está trabajando en nuestras vidas no hay detalle por más pequeño que parezca en el que no esté profundamente interesado. Como un gran arquitecto-constructor sabe que toda realización es la suma de una infinidad de pequeñas partes, que al juntarse, hacen una obra majestuosa. Recuerdo esa vieja historia de los tres hombres que trabajaban en una construcción. Alguien se les acercó y les preguntó a los tres por separado: ¿Qué estás haciendo?… “Apilando ladrillos”, dijo uno; “Levantando una pared”, dijo el otro; “Construyendo una catedral”, respondió el tercero. Solo este último sabía que los detalles eran las partes de un gran todo, y él se sentía colaborador de esa realidad última que no había llegado todavía a su culminación… pero para eso estaba trabajando. Y tú, ¿qué estás haciendo? Cada uno de los pequeños detalles de tus actos dará como resultado tu forma de vida. Es como la siguiente historia que recibí hace algunos días por correo electrónico (la he modificado para que calce con nuestra conversación):

Aunqux mi maquina dx xscribir xs un modxlo antiguo, trabaja bastantx bixn. Xxcxpto por una txcla qux falta. Hay 42 txclas trabajando bixn, y sin xmbargo una sola qux no funciona provoca una gran difxrxncia. Y algunas vxcxs, crxo qux nuxstra vida sx parxcx a mí maquina dx xscribir. Sobrx todo cuando pxrcibo qux no xstamos trabajando todos los dxtallxs como dxbixran. Tú dirás: “Buxno, al fin y al cabo son solo algunas pxquxñas cositas sin importancia. No crxo qux xso obstruya xl plan final dx mi vida y dx los proyxctos más importantes”. La próxima vxz qux pixnsxs qux los dxtallxs no son nxcxsarios, acuxrdate de mi máquina dx xscribir y pixnsa: “Todas las txclas son importantxs”.

Ningún material escapa al proceso de producción: tu trabajo, tu ocio, tus convicciones, tus relaciones, tus pensamientos, tu fe, tus compromisos, etc., etc. Todo se entrelaza para desarrollar tu vida como pequeñas piezas de relojería que se articulan entre sí. Lamentablemente, algunos construimos sin planos, conforme a los materiales que se nos presentan en el camino, sin concierto ni control de calidad… a la deriva. Jesucristo lamentó profundamente esta actitud: ” “Porque, ¿quién de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla? No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar”,  Lucas 14: 28-30.

 No debes olvidar que la vida es como una moneda, la puedes gastar de muchas formas… pero sólo una vez.  Conozco a muchas personas cuyas vidas son la suma de una infinidad de proyectos inconclusos: académicos, sentimentales, laborales, espirituales y de toda índole. Son como grandes depósitos de proyectos truncos… años perdidos e incalculables cantidades de vida gastada que nunca podrá ser recuperada.

Algunos consejos bíblicos al momento de hacer cálculos:

1. Todo en la vida está plagado de pequeños detalles y minúsculos comienzos. La excelencia nunca llega de la noche a la mañana. Aun el Reino de los Cielos empieza así: “Entonces decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios y con qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció y se hizo árbol, y LAS AVES DEL CIELO ANIDARON EN SUS RAMAS”, Lucas 13:18-19.

2. Nunca sobrevaloremos nuestra vida con falsas expectativas. Debemos preferir la humildad a la vanagloria, “Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será ensalzado”, Lucas 14:11.

3. La obra de nuestra vida debe darle lugar a la generosidad: “Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos, y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos”, Lucas 14:13-14.

4. Nada en la vida crece de manera silvestre. Sin trabajo, devoción y esfuerzo, hasta las más hermosas cosas se echan a perder: “… Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por qué ha de cansar la tierra?” El entonces, respondiendo, le dijo: “Señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala”, Lucas 13: 6b-9.

5. El Señor condena la obstinación. Es mejor reconocer el fracaso y volver a empezar que morir envenenado por la propia testarudez. “¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con diez mil hombres es bastante fuerte como para enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación y pide condiciones de paz”, Lucas 14:31-32.

Cuida cada uno de los detalles de tu vida y calcula con solicitud el edificio que estás levantando. Recuerda que los planos le pertenecen al Señor y Él puede ofrecerte los recursos para una vida gloriosa, si tú le entregas lo que tienes y cambias de actitud para con Él. “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo”, Lucas 14:33. La renuncia no es pérdida sino ganancia. Con lo que yo tenía solo alcanza para una pequeña e incómoda choza, pero cuando renuncio a mis palos y cartones, el Señor con mi “nada” y sus recursos puede hacer un palacio que solo le rinda gloria a Él.

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