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Estaba sentado un domingo en la iglesia cuando mi pastor preguntó: “¿Cuándo fue creado el trabajo, antes o después de la Caída de Adán y Eva?”. En ese momento pensé que el trabajo había venido después de la Caída, que se trataba de una consecuencia del pecado. Quizás esta percepción se había albergado en mi mente y corazón a raíz de lo que había experimentado hasta ese momento: el trabajo era difícil y nada agradable.

Si te hicieran la misma pregunta, ¿qué responderías? Mi deseo es que después de leer este breve artículo puedas entender el llamado que Dios te ha dado, no solo para glorificarlo a través de ese llamado, sino también para que puedas apuntar a Dios en el lugar donde te haya puesto.

Primero, es importante que entendamos qué es la vocación, y por qué hablamos de “vocación” en lugar de “trabajo”. El Dr. Stephen Nichols, en su libro ¿Qué es la vocación? (What is Vocation?) explica: “Esta palabra significa ‘llamado’, y de inmediato vincula la noción del trabajo con propósito, significado, cumplimiento, dignidad, y aun con felicidad”. Podríamos decir que la vocación es el llamado de Dios a tu vida, para que conozcas y des a conocer a Dios en cualquier área en la que trabajes.

Sin embargo, para abrazar el llamado de Dios a tu vida, y el privilegio que tenemos con nuestra vocación, debemos entender qué dice la Biblia en cuanto a nuestro llamado. Para eso, quisiera compartirte tres razones por las cuales nuestra vocación es un llamado a representar a Cristo, y una oportunidad para impactar a otros.

Dios creó al hombre y a la mujer, y les dio la vocación de cultivar y cuidar la tierra.

1. Dios nos hizo para una vocación

Cuando leemos lo que Moisés escribió en Génesis 1:26–28, nos damos cuenta de que Dios nos creó a su imagen. Esto significa que Dios nos ha dado el llamado de representarlo en la tierra, y que nos ha dado cualidades suyas para conocerlo y darlo a conocer. También aprendemos que Dios creó al hombre y a la mujer con la autoridad para sojuzgar y tener dominio sobre lo creado, es decir, que tenían la vocación de cultivar y cuidar la tierra (Gn. 2:15).

Recuerda que todo esto sucedió antes de la Caída (Gn. 3:1–7), y es hasta después, como consecuencia del pecado, que la vocación se convierte en trabajo pesado. A pesar de que el trabajo se volvió doloroso, nunca vemos en la Biblia un llamado a dejar nuestra vocación. Al contrario, vemos que la carrera de la historia redentora se mueve hacia este fin y meta: la llegada de Aquel que redimiría el propósito de nuestra vocación.

2. Dios nos rescató para ser transformados

Me imagino que todos hemos estado en trabajos donde no pareciera haber un propósito claro, y nos damos cuenta de que estamos allí simplemente porque generamos cierto ingreso que nos sostiene. Pero ¿cómo podemos cumplir nuestro llamado en estas circunstancias? Si crees que tu vocación es el llamado de Dios para tu vida, de modo que puedas conocerlo y darlo a conocer, ¿cómo te ayuda esta verdad a tener una actitud diferente hacia tu trabajo?

Sea que te guste o no tu trabajo, la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo conozco y doy a conocer a mi Señor en este lugar? Como creyentes sabemos que la necesidad más grande ya fue cubierta por Cristo. Necesitábamos a Cristo para que el velo de nuestro corazón fuera quitado, para que tuviéramos libertad y contempláramos la gloria de Dios en Cristo, por su Espíritu (2 Co. 3:12–18).

Hemos sido rescatados y perdonados por nuestro pecado, y ahora podemos ver y buscar su gloria en todo lo que hacemos, pues hemos sido “vestidos del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquél que lo creó” (Col. 3:10). Podemos usar todos los talentos y dones que Dios nos ha dado para vivir conforme a la vocación que Dios nos ha dado, ya sea en la casa, oficina, o en la iglesia.

Adán y Eva fallaron en su vocación, pero Cristo obedeció al Padre en su vocación de ser el perfecto Salvador.

3. Dios nos capacita para toda buena obra

Adán y Eva fallaron en su vocación, pero Cristo obedeció al Padre en su vocación de ser el perfecto Salvador. Gracias al trabajo de Cristo en la cruz, ahora tu identidad está en Él, y lo que haces es un fruto de lo que eres en Él.

Necesitamos recuperar el concepto de vocación, no solo como un llamado para servir en la iglesia local, sino en todo lugar donde nos encontremos. La Biblia enseña que todos tenemos una vocación por encima de cualquier labor que hagamos dentro o fuera de la iglesia. Y por esa razón buscamos que todo lo que hagamos sea conforme a la vocación o llamado de glorificar a Dios (1 Co. 10:31), quien nos ha capacitado para toda buena obra (Ef. 2:10).

Tenemos una vocación: conocer y dar a conocer a Dios en todo lugar y en todo trabajo que Él nos haya dado, sabiendo que Cristo está obrando en nosotros lo que es agradable delante de Dios, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos (Heb. 13:20–21).


Imagen: Lightstock.
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