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Cómo argumentar a 3 ataques musulmanes contra la Biblia

El Pew Research Center reporta que los musulmanes son el grupo religioso de más rápido crecimiento en el mundo. En Norteamérica, el islam está creciendo no solo por la inmigración y las altas tasas de natalidad, sino también por el evangelismo y la expansión estratégica.

Como afirma el imán Muhammad Musri de Florida en un reciente sermón: «Nosotros [los musulmanes] estamos aprovechando las oportunidades que se nos presentan a medida que estas iglesias se vacían… estamos comprando estas iglesias. Hasta ahora hemos comprado tres iglesias y las hemos convertido en mezquitas». Lamentablemente, esta historia es demasiado común. La última mezquita que visité en Kansas City también era una antigua iglesia que había sido convertida por los musulmanes.

La necesidad de evangelizar a los musulmanes en nuestros países nunca ha sido mayor. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para compartir las buenas nuevas de Jesús con los musulmanes es su creencia de que el texto bíblico está corrompido. Por eso, argumentan, el relato bíblico de Isa al-Masih («Jesús el Mesías») no es suficiente. No obstante, los cristianos que comparten el evangelio con ellos deben aprender a responder con amabilidad a las tres objeciones más comunes de los musulmanes a la precisión de la Biblia.

Envidia religiosa

Según la tradición musulmana, los judíos borraron deliberadamente las descripciones de Mahoma de la Torá por celos de su éxito. Esta acusación fue expresada con mayor claridad por Muqatil ibn Sulayman (m. 767 d. C.), autor del primer comentario (tafsir) existente sobre el Corán, en sus comentarios sobre la sura 2:79.

Si bien el testimonio del Corán sobre la Biblia es abrumadoramente positivo (ver Q2:4; 5:66; 10:94; 12:111), Muqatil limita la aplicación de estos versículos que afirman la veracidad de la Biblia a textos que ya no tenemos. El argumento es que los textos que el Corán celebra se han perdido o han sido corrompidos intencionadamente. Por consiguiente, los judíos y los cristianos, que también son considerados el «pueblo del Libro», se consideran poco fiables.

No hay pruebas que justifiquen las acusaciones de los musulmanes sobre la corrupción de un texto preexistente del evangelio por parte de los discípulos

Este argumento es quizás el más fácil de refutar, ya que las pruebas manuscritas muestran la coherencia del texto actual de la Torá con los manuscritos anteriores a Mahoma. Por ejemplo, el manuscrito del siglo V Codex Alexandrinus contiene la mayor parte del Antiguo Testamento en griego. Otros ejemplos son la Vulgata latina (terminada en el siglo V) y los Rollos del Mar Muerto (225 a. C. a 50 d. C.), que contienen copias parciales o completas de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Ester. Si la Torá se hubiera corrompido en la época de Mahoma, deberíamos encontrar pruebas de corrupción (es decir, profecías que nombran a Mahoma) en esos manuscritos antiguos, pero no es así.

La búsqueda de un editor

Otro argumento común entre los musulmanes contra la veracidad de la Biblia es que el escriba Esdras reescribió y corrompió la Torá después del exilio babilónico (véase Neh 8:1). Ibn Hazm (m. 1064 d. C.) afirmó que era imposible que los judíos conservaran una copia fiable de la Torá durante su persecución y exilio en Babilonia en el siglo VI a. C.; por lo tanto, Esdras debió haber modificado los fragmentos existentes para crear un texto coherente. Además, Ibn Hazm acusa a los cuatro autores de los evangelios de ser los principales corruptores del evangelio (un libro literal que Alá le dio a Jesús), y llama a Mateo, Marcos, Lucas y Juan «las personas más engañosas de la creación».

El principal problema de este argumento es que contradice directamente el Corán. Esdras vivió en el siglo V a. C., más de mil años antes de la época de Mahoma (m. 632 d. C.). Sin embargo, numerosos versículos del Corán indican que en la época de Mahoma, la Torá y el evangelio estaban intactos y en manos de los judíos y los cristianos (por ejemplo, Q7:157).

Por ejemplo, Alá dice a los judíos en la sura 2:41: «Creed en lo que os he revelado [el Corán], que confirma lo que ya tenéis [la Torá]». Es más, la sura 10:94 dice: «Si tienes dudas, [oh, Mahoma], sobre lo que te hemos revelado, pregunta a quienes han leído las Escrituras [la Torá y el evangelio] antes que tú». El testimonio del Corán sobre la Biblia socava las acusaciones de corrupción de los textos bíblicos.

Los evangelios tal y como se conocen hoy en día son consistentes con los que conocían los destinatarios originales

Quizás lo más considerable es que es difícil imaginar por qué los cuatro evangelistas querrían corromper el evangelio. Si el evangelio de Jesús simplemente contuviera el mensaje de someterse a un solo Dios, como afirman los musulmanes, entonces los líderes religiosos judíos no habrían tenido motivos para matarlo ni perseguir a Sus discípulos. En cambio, los discípulos de Jesús sufrieron una amarga persecución por su mensaje de que Jesús es el Hijo divino de Dios que resucitó de entre los muertos. No hay pruebas textuales ni psicológicas que justifiquen creer las acusaciones de los musulmanes sobre la corrupción de un texto preexistente del evangelio por parte de los discípulos.

Una transmisión rota

El tercer argumento es quizá el más común. Muchos musulmanes sostienen que los primeros cristianos no pudieron haber conservado las Escrituras bajo la feroz persecución de los romanos y los judíos. Afirman que Alá envió a Jesús el evangelio como un libro físico para que los discípulos lo proclamaran. Sin embargo, durante las décadas posteriores a la ascensión de Jesús, este evangelio se distorsionó y se convirtió en cuatro evangelios. Más aún, aseguran que la cadena de transmisión de estos evangelios se rompió cuando los discípulos fueron dispersados y perseguidos desde el momento del arresto de Jesús hasta la época de Constantino (m. 337 d. C.). Esta teoría es errónea.

Esta teoría de la corrupción textual se basa en la creencia de que un concilio autoritario creó el canon bíblico en Nicea. Sin embargo, no hay base histórica para la idea de que el Concilio de Nicea discutiera y estableciera el canon bíblico. Según John Meade, este mito se originó en un manuscrito griego de finales del siglo IX llamado Synodicon Vetus, que afirma que se produjo un milagro en el Concilio: Dios hizo que los libros canónicos permanecieran sobre una mesa mientras movía los libros no canónicos hacia abajo. Pero el concilio se convocó para resolver la controversia arriana, no para decidir qué libros debían formar parte del canon.

Es más, los musulmanes tienden a enfatizar la necesidad de contar con una cadena de transmisión ininterrumpida (tawātur) para verificar las tradiciones orales. Sin embargo, no es necesario descifrar la solidez de la transmisión si el relato fue escrito por testigos oculares o sus compañeros cercanos.

Debemos anhelar que los musulmanes lean la Biblia y descubran el poder del evangelio para la salvación

Aunque es verdad que los primeros cristianos no tenían una autoridad general para supervisar y autenticar los evangelios escritos, la transmisión libre y sin control de los evangelios canónicos hace que la precisión de la Biblia sea más convincente desde el punto de vista histórico. El apologista Wesley Huff señala que la rápida y libre transmisión del Nuevo Testamento dio lugar a que existan múltiples enfoques, ya que fue escrito por varios autores para múltiples públicos y transmitido por múltiples copistas en múltiples lugares.

De hecho, los cuatro evangelios tienen una notable tenacidad textual. Los cristianos tienen una base histórica sólida para afirmar que los evangelios tal y como se conocen hoy en día son consistentes con los que conocían los destinatarios originales.

Por el contrario, la transmisión del Corán fue controlada de arriba abajo, lo que hace que el Corán sea menos fiable desde el punto de vista histórico. Es significativo que Sahih al-Bukhari 4987 relata la historia de cómo el tercer califa, Uthman, ordenó a un escriba llamado Zayd ibn Thabit que reescribiera los manuscritos del Corán en copias perfectas por temor a que surgieran desacuerdos entre los musulmanes con respecto al Corán. Después de enviar estos manuscritos reescritos a cada provincia musulmana, Uthman ordenó que se quemaran todos los demás materiales coránicos. Por lo tanto, la cuestión de la corrupción textual es más difícil de responder para los musulmanes que para los cristianos.

Aunque el fruto del evangelismo solo vendrá a través de la obra del Espíritu Santo, debemos anhelar que los musulmanes lean la Biblia y descubran el poder del evangelio para la salvación. Comprender estas tres acusaciones clave contra las Escrituras ayudará a los cristianos a guiar a nuestros vecinos musulmanes hacia Cristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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