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Quizá todo padre cristiano haya escuchado este versículo: “Instruye al niño en el camino que debe andar, y aún cuando sea viejo no se apartará de él” (Pr. 22:6).

Muchos creemos erróneamente que es una promesa. Pensamos que si llevamos a nuestros hijos a la iglesia mientras crecen, les hablamos de Dios, y vivimos una vida moralmente correcta, tendremos la fórmula para que ellos sean cristianos que no se aparten de Dios.

Pero, ¿qué pasa cuando nuestros hijos se apartan de la fe? Ver que nuestros hijos se alejan de Dios es una prueba muy grande, y podemos preguntarnos: ¿Acaso la Biblia no afirma que si instruyo a mis hijos en su camino, ellos no se apartarán? Así cuestionamos a Dios y nos resentimos porque este proverbio no se cumplió en nuestros hijos.

Si estás en esta situación, te ruego que no te desesperes ni caigas en la amargura. El Padre eterno entiende tu dolor. Te animo a que reconozcas que el Señor puede obrar en tu corazón para que crezcas en amor y confianza en Él. Y mientras esta circunstancia es muy difícil de llevar, te animo a seguir amando a tu hijo con sinceridad.

Los padres no criamos a nuestros hijos en la Palabra para garantizarnos su salvación, sino para honrar a Dios al cumplir nuestro rol en la familia

Los cristianos no hacemos nuestra labor de padres criando a nuestros hijos en la Palabra para garantizarnos su salvación y éxito en la vida. En cambio, buscamos honrar a Dios al cumplir con el rol que nos asignó en la familia. Por eso es importante comprender que, aunque la Biblia contiene promesas para los padres, el Proverbio 22:6 es un consejo de sabiduría, no una promesa.

Al mismo tiempo, no debemos permitir comportamientos que no honren al Señor, si nuestros hijos no respetan las reglas del hogar porque no abrazan nuestra fe. Sean hijos muy rebeldes o “solo un poco”, debemos disciplinarlos con sabiduría, criarlos, y guiarlos con amor.

Estas son tres maneras en que podemos amarlos cuando se apartan del evangelio:

1) Ama a tus hijos viviendo el evangelio

La mejor manera de amarlos es que te presentes ante el Alfarero con un corazón humilde y enseñable para que Él siga obrando en tu vida.

Quizá creemos que la mejor forma de venir a Dios es trayéndole todo lo bueno que hemos hecho para que Él nos acepte, como hizo el fariseo en la parábola de Jesús (Lc. 18:11-12). Pero la manera bíblica de venir a Él es reconociendo nuestra insuficiencia y pecado, alabándole porque en Cristo tenemos confianza para acercarnos (Heb. 4:16). Con esta actitud, Él nos recibe por su misericordia para ser transformados y darle gloria.

Así que no tienes nada que esconder y nada por lo que justificarte. Ven al trono de la gracia, practica el arrepentimiento y la confesión de pecados. Que tus hijos vean humildad en ti y que entiendes tu necesidad del Señor. Tus hijos necesitan ver que tu propósito es vivir para tu Redentor: ama a Dios y ama a los demás sirviéndoles.

Otra manera de vivir el evangelio es que tus hijos vean que estás comprometido en el servicio en tu iglesia local: necesitas ir la iglesia a escuchar la Palabra y que tu relación con otros cristianos revele tu relación con Cristo. Si tus hijos viven todavía bajo tu cuidado, ellos podrán escuchar el mensaje de salvación. También tendrán la oportunidad de que otros cristianos puedan amarlos e influenciarlos. No vivas esta prueba solo. La iglesia es una comunidad imperfecta usada por el Dios perfecto para proveer amor y apoyo espiritual para nuestros hijos, incluso si son indiferentes al evangelio.

2) Ama a tus hijos orando por ellos

Muchas veces queremos cambiar las ideas y creencias de nuestros hijos. Nos lastima lo que dicen o creen. Pero por la manera en que tú respondas a estas cosas, ellos tendrán una interpretación de lo que tú crees y en lo que confías.

Como creyentes, nuestra confianza está en el Dios que salva. No puede estar en nuestros hijos o en nosotros, aunque esto no quita nuestra responsabilidad de guiarlos y cuidarlos. Usamos medios disciplinarios con nuestros hijos, que son buenos y necesarios, pero no confiamos en ellos para su salvación. Así que, mostramos confianza y lealtad a Dios cuando nos humillamos en oración, clamor, y dependencia de Él.

Orar por nuestros hijos  revela que buscamos criarlos con la disciplina y el amor que apunta a Cristo.

3) Ama a tus hijos conversando con ellos

Muchas veces queremos evadir las conversaciones porque quizá traen más conflicto o porque no sabemos cómo responder. Pero quiero animarte a escuchar a tus hijos aun cuando digan cosas contrarias a la Biblia. Escúchalos sin interrumpir, sin tener un argumento que lanzarles rápidamente. Escúchalos con empatía haciéndoles preguntas genuinas que les comuniquen que quieres escucharlos y conversar.

Una manera de amar a tus hijos es que te presentes ante el Alfarero con un corazón humilde y enseñable para que Él siga moldeando tu vida

Al escucharlos, crearás un ambiente de confianza. Ellos podrán decir: “yo vengo a mis padres y ellos no me callan, condenan, o castigan por comunicar mis sentimientos y creencias. Mis padres me escuchan, me aman, y me hablan la verdad en amor” (cp. Ef. 4:25). Esta confianza construida será una base que Dios usará para que tus hijos te escuchen cuando tú con amor les transmitas tus convicciones bíblicas y tu amor por Cristo.

Tenemos la gran confianza de que Dios, por medio de su Espíritu Santo, nos guiará a criar a nuestros hijos en la verdad. Descansemos en Él cuando veamos a nuestros hijos alejados de Dios para que podamos amarlos, escucharlos, y llevarlos al evangelio, bajo el temor de Dios.

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