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Aferrándose a la verdad en una era de duda

Los ataques contra la verdad no son nada nuevo. En el banquillo ante Pilato, Jesús dijo que vino al mundo “para dar testimonio de la verdad”. Pilato se burló de esto diciendo: “¿Qué es la verdad?”

La ironía es grande en Juan 18:38. El prefecto romano no vio la verdad incluso teniendo a la Verdad encarnada delante de él. Sin embargo, puede que Pilato realmente no haya perdido nada de vista. Él pudo haber conocido muy bien lo que Jesús le ofrecía y al no tener deseos de seguir al rey de los Judíos, a toda prisa lo despidió de su presencia.

No han cambiado mucho las cosas desde aquel día catastrófico. La pregunta sobre la verdad continúa dando color a los debates teológicos, éticos y políticos; y plagando los corazones humanos. Los cristianos necesitan tener una buena respuesta a la pregunta de Pilato.

La verdad inspirada

En contraste con el espíritu de la época, la verdad no es un sentimiento experimentado sino un hecho decretado en la eternidad, demostrado en la historia, revelado progresivamente y registrado en las Escrituras. En pocas palabras, la verdad es lo que Dios dice que es verdad.

Según Isaías 65:16, Dios es el “Dios de la verdad”. Toda la historia demuestra esta realidad. Lo que Yahweh prometió, Él lo cumplió; lo que Él predijo, Él lo llevó a cabo. Sus acciones validan sus palabras, y sus palabras revelan perfectamente su santidad, bondad, fiabilidad y verdad.

Por otra parte, cuando Dios se reveló a sí mismo, inspiró un libro verdadero. Dejando que la Escritura hable por sí misma (algo que los teólogos llaman “auto-certificación”), el Salmo 119 dice que la ley y los mandamientos de Dios son verdad (vv. 142, 151). Y de nuevo: “La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna” (v. 160). La verdad de la Palabra de Dios se manifiesta en su carácter moral y su perdurabilidad. Lo que es falso se corroe y se daña, pero la Palabra de Dios es a la vez pura (Sal. 12:6) y eterna (Sal. 119:89): “Toda palabra de Dios resulta cierta”.

Por lo tanto, sobre la base del carácter de Dios, su fidelidad en la historia, y el propio testimonio de las Escrituras, tenemos confianza que la verdad verdadera existe y ha sido entregada a nosotros por el Dios de verdad.

La verdad encarnada

La Palabra escrita de Dios no es la única fuente de verdad; también se manifiesta en una persona. Juan abre su evangelio de esta manera: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios… Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:1,14). Estos versículos hablan de la encarnación y la forma en que el Hijo de Dios quien llamó al mundo a existencia tomó forma humana para encarnar la gracia y la verdad.

En la tierra, Jesús se llamó a sí mismo “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Cuando ministraba, las personas se maravillaban de su poder, sabiduría y autoridad. Sin embargo, no era simplemente un hombre que hablaba acerca de la verdad; Él era y es la verdad de la que toda la Escritura habla (Juan 5:39).

En su vida Jesús manifestó la verdad y por su muerte pecadores esclavizados al engaño fueron salvos. Incluso a Pilato le proclamó un camino hacia la verdad que le hubiese dado vida al gobernante romano. Sorprendentemente, debido al plan predestinado de Dios (Hechos 4:27-28), el rechazo de Pilato de la verdad hizo avanzar la causa de la verdad. Por medio de su muerte y resurrección, Cristo recibió el derecho de enviar al Espíritu de la verdad a sus ovejas.

La verdad escatológica

Por último, la verdad no se limita a los acontecimientos de la historia; es también una realidad escatológica que Dios está trayendo al presente. A pesar de que el diablo sigue engañando al mundo, Jesús envía a su Espíritu para guiar a su pueblo a la verdad.

Por medio de la regeneración de los que fueron comprados en el Calvario, transfiriéndolos a su reino, e iluminando sus mentes para comprender la verdad de Dios, el Espíritu hace que los creyentes caminen en la verdad. En un mundo de muerte y engaño, Dios une a sus ovejas a su Pastor por medio de su Espíritu y su Palabra. El Espíritu empodera a los creyentes para proclamar el evangelio de tal manera que el “mensaje de la verdad” (Efesios 1:13) libere (Juan 8:32) y también santifique (Juan 17:17).

Al igual que en Génesis 1:2, el Espíritu ahora se mueve sobre las aguas turbias de este mundo. El reino futuro de Cristo está creciendo en nuestra era actual. El primer lugar en que buscamos la verdad, entonces, no es en los apasionantes pasillos de la academia o las estructuras de poder de Washington, DC. Encontramos verdad en la misión urbana, la iglesia rural, y el grupo de estudio bíblico universitario. En estos lugares olvidados por el mundo y considerados “falsos” por los que cuestionan la verdad, la verdad de Dios avanza. Donde su Espíritu y su Palabra estén obrando, ahí es encontrada su verdad.

Aferrándose a la verdad

No es coincidencia que la verdad verdadera es una verdad trina: es decretada por Dios (el Padre), personificada en Dios (el Hijo), y accionada por Dios (el Espíritu). Contrariamente a la creencia popular, la verdad no se basa en los sentimientos personales, auto-comprensión, o una situación contemporánea. La verdad está basada en la revelación de Dios, centrada en el evangelio, y revelada por la obra transformadora del Espíritu.

A diferencia del estado de nuestra era, la verdad no es algo que podemos crear, descubrir o negar. Igual que el hombre inocente a quién Pilato sentenció a muerte, la verdad tiene una forma de volver a la vida.

Que nosotros, como Jesús, hagamos la buena confesión, y nos aferremos a la verdad.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Justo Mirabal.
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