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La razón por la que el escritor de Hebreos nos anima a estar contentos con lo que tenemos es que lo opuesto implica menos fe en las promesas de Dios. Él dice, 

“Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque El mismo ha dicho: “Nunca te dejare ni te desamparare,” 6 de manera que decimos confiadamente: ‘El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Que podrá hacerme el hombre?” (He. 13:5-6).

Por un lado, podemos confiar en que el Señor será nuestro proveedor. Él proveerá y protegerá. Y en este sentido hay una medida de prosperidad que Él nos dará. “…el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas” (Mt. 6:32). Pero, por el otro lado, cuando dice “Sean sus costumbres sin avaricia, contentos con lo que tienen ahora” porque Dios promete nunca abandonarnos, tiene que significar que podemos fácilmente pasar de confiar en Dios para proveer para nuestras necesidades a usar a Dios para cumplir nuestros deseos.

La línea entre “Dios, ayúdame” y “Dios, hazme rico” es verdadera, y el autor de Hebreos no quiere que la crucemos. Los predicadores deben ayudar a su gente a recordar y reconocer esta línea en vez de hablar como si no estuviera allí.


Nota del editor: Este es el quinto artículo en una serie de 12 súplicas a los predicadores de la prosperidad. Los artículos fueron publicados originalmente en el libro de John Piper, ¡Alégrense las naciones!


Publicado originalmente en Desiring God.
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