7 formas en que el asombro por Dios te protege de las trampas del ministerio

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Asombro: Por qué es importante para todo lo que pensamos, decimos hacemos (Poiema Publicaciones, 2019), de Paul David Tripp. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Solo el asombro por Dios tiene el poder de protegerme de mí mismo en el ministerio. Es humillante decirlo, ¡pero tuve que enfrentar el hecho de que el mayor peligro para mi ministerio era yo mismo! El riesgo es que la familiaridad me lleve a perder el asombro. La familiaridad con la gloria de Dios es un regalo maravilloso de la gracia.

Ser llamado por Dios para estudiar los elementos de esa gloria, meditar en ellos y comunicárselos a otros es un privilegio que va más allá de lo que puede expresarse. Pero también es muy peligroso porque rápidamente puedo llenar cualquier vacío en mi corazón con el asombro por mí mismo.

Lo he observado en mi vida y en la vida de otras personas en el ministerio. Cuando reemplazamos el asombro por Dios por el asombro propio nos permitimos hacer cosas en el ministerio que nadie debería hacer —ser controlador, autoritario, orgulloso, poco enseñable, defensivo, aislado y crítico. Damos lugar a pensamientos, deseos y comportamientos que no son bíblicos. Comenzamos a pensar que somos diferentes de las personas que somos llamados a servir.

Es solo cuando el temor a Dios haya capturado mi corazón que seré libre de ser dominado y paralizado por la infinidad de tentaciones en el ministerio.

También nos permitimos estar por encima de las cosas que enseñamos. Comenzamos, sutilmente, a pensar en nosotros como graduados de la gracia. Justificamos nuestro pecado y argumentamos a favor de nuestra santidad. Enseñamos sobre la gracia, pero no la practicamos en las reuniones, con el personal de la iglesia o con nuestra familia. Percibimos las tareas del ministerio como cargas y no como un gozo. Nos permitimos desarrollar actitudes de amargura y resentimiento contra aquellos que vemos como nuestros detractores. Predicamos y enseñamos sobre el amor, pero no somos ejemplos de amor.

¿Por qué sucede todo esto? La respuesta es simple, pero te perturbará. Sucede porque estamos llenos de nosotros mismos. Hemos reemplazado el asombro por Dios con el asombro por nosotros mismos, y la cosecha no es agradable. Pero el asombro por Dios nos protege de estas trampas. Así es como lo hace:

1. Tu ministerio debe ser moldeado por el temor a Dios

El ministerio siempre es moldeado por un tipo de temor. Si no es moldeado, motivado y dirigido por el temor a Dios, será moldeado por el temor al hombre, el temor a las circunstancias, el temor al futuro, el temor a no ser verdaderamente llamado, el temor por las tensiones entre la familia y el ministerio o el temor a las dificultades financieras.

Es solo cuando el temor a Dios haya capturado mi corazón que seré libre de ser dominado y paralizado por la infinidad de tentaciones en el ministerio.

2. Mientras sirves debes sentirte pequeño, débil e incapaz

Me fue muy bien en el seminario, así que me gradué con una actitud de “estoy más que preparado para enfrentar al mundo”. Era arrogante y tenía una mentalidad de mesías más que de siervo. ¡La ilusión no duró mucho! Ninguna de las personas a las que fui llamado a servir me veía como el mesías que creía ser. Cometí casi todos los errores que un joven pastor puede cometer precisamente porque confiaba demasiado en mí mismo.

Verás, el asombro por Dios te hará sentir pequeño, y eso es bueno porque realmente somos así. El asombro por Dios te hará sentir incapaz para la tarea. Te confrontará con una incapacidad saludable. Esto no solo produce confianza en la sabiduría, el poder y la gracia de Dios, sino que también hace que seas humilde, paciente, bondadoso, apasionado y dispuesto.

Cuando seas asombrado por la gloria del Salvador y de su cruz, serás conducido a esta cruz para obtener el carácter y la fortaleza que necesitas para representar al Salvador en la vida de aquellos que te rodean. No serás tan pronto a justificarte. Serás pronto a reconocer tu necesidad. Tu obsesión no será ganarte el respeto de la gente, sino que ellos adoren al Redentor. El temor solo se vence con temor.

Solo el asombro por Dios puede quitarle el poder al asombro horizontal.

Solo el asombro por Dios puede quitarle el poder al asombro horizontal. El asombro por Dios te pone en tu lugar correspondiente en el ministerio y te mantendrá ahí. Una vez que conozcas quién es Dios y aceptes quién eres tú, serás capaz de ministrar con humildad, esperanza, y valor.

3. El ministerio debe ser algo más que solo cumplir con una lista de tareas

Es muy fácil que el ministerio sea reducido a una serie de tareas repetitivas. Es fácil perder de vista el cuadro completo. En medio de las tantas ocupaciones diarias del ministerio, perder de vista al Dios asombroso a quien servimos es más fácil de lo que pensamos. Es tentador reducir el ministerio a estrategias de planeación, iniciativas de presupuesto, desarrollo de liderazgo, administración de la propiedad y al interminable catálogo de reuniones esenciales. Y podemos fácilmente olvidarnos de por qué hacemos todo lo que hacemos.

Has sido llamado a hacer que la gloria invisible de Dios sea visible para las personas que rápidamente pierden de vista la gloria de Dios y comienzan a buscar otras glorias. No podrías desear ser parte de algo más importante que esto. Toda nuestra planeación debe ser alimentada y protegida por una visión de la gloria de Dios. La adoración, no el éxito ni la obsesión por crecer, debe ser aquello que impulse todas nuestras decisiones sobre finanzas y propiedades.

Desarrollar líderes no es solo proporcionar conocimiento teológico y habilidades para el ministerio, sino llamar a las personas a que guíen con corazones que han sido cautivados por el asombro por Dios. Aquel que sirve en el ministerio y se despierta cada mañana con la carga que representa un empleo, y no con el gozo de la gloria asombrosa de Dios, está en problemas.

4. La guerra espiritual del ministerio tiene todo que ver con el asombro

La gran batalla incesante en el ministerio no es una lucha por tiempo, finanzas, liderazgo, o estrategia. La gran batalla es una lucha por el asombro.

Solo el asombro por Dios puede producir ese balance entre la humildad y la audacia que caracteriza a un ministerio exitoso.

El miedo a los hombres que se apodera de muchos hombres en el ministerio, llevándoles a ser tímidos y a negociar sus creencias, es un problema de asombro. No poder dormir por la ansiedad que producen las finanzas de la iglesia es un problema de asombro. Ser gobernado y controlado por tu propio plan para la iglesia es un problema de asombro. Darle demasiada importancia a la opinión de las personas es un problema de asombro. Conformarse con la mediocridad en el ministerio es un problema de asombro.

Ser demasiado dominante o controlador en tu ministerio es un problema de asombro. Autojustificarse y estar a la defensiva es un problema de asombro. Vivir aislado, con miedo a ser conocido, es un problema de asombro. La arrogancia teológica, creer que siempre tienes la razón, es un problema de asombro. Solo el asombro por Dios puede producir ese balance entre la humildad y la audacia que caracteriza a un ministerio exitoso.

5. El asombro por Dios nos permite ver adecuadamente el éxito y las dificultades

Es solo cuando veo las dificultades inevitables del ministerio a través del lente de la gloria de la soberanía, la gracia, la sabiduría, el poder, la fe, la plenitud, la misericordia, y el amor de Dios que puedo ver adecuadamente mi ministerio.

Si comparo el tamaño de las dificultades en mi ministerio con los recursos limitados de mi sabiduría, justicia, y fortaleza, estoy haciendo esa comparación porque me he olvidado del asombro. Esta es la realidad en la que se lleva a cabo el ministerio: el Dios de gloria inconcebible, quien me ha enviado, nunca me envía a hacer su obra sin acompañarme. Nunca estoy solo en el ministerio, nunca soy abandonado en el campo de batalla espiritual.

6. Tu estilo de vida en el ministerio siempre revela lo que ha capturado tu asombro

Es verdad que el ministerio de una persona nunca es moldeado por el conocimiento, la experiencia o la habilidad, sino por la verdadera condición de su corazón. Es por esto que todo ministerio termina exponiendo el corazón.

Quizá estoy experimentando tensión entre mi familia y el ministerio porque mi corazón ha sido capturado por el asombro del éxito en el ministerio y, al hacerlo, me he convertido en un adicto al trabajo del ministerio. Esta condición del corazón significa que cuando tengo que elegir entre el ministerio y la familia, el ministerio siempre ganará.

La única forma de que tu ministerio permanezca protegido es que esté controlado por el asombro por Dios y su santa gloria.

O quizá mi corazón ha sido capturado por el asombro por el poder, y el resultado es que soy dominante y controlador. O podría ser que mi corazón ha sido capturado por el respeto de los demás y, debido a ello, soy tentado a negociar con temas en los que Dios me ha llamado a mantenerme firme.

El asombro por algo siempre moldeará tu ministerio. La única forma de que tu ministerio permanezca protegido es que esté controlado por el asombro por Dios y su santa gloria.

7. El gran peligro que acecha en el ministerio es la familiaridad

La familiaridad tiende a cegar nuestros ojos y a adormecer nuestros sentidos. Lo que una vez producía asombro en nosotros ahora apenas capta nuestra atención. Este es el gran peligro en el ministerio evangélico. Así que debes comprometerte a mantenerte humildemente atento. Debes comenzar cada día con tu corazón enfocado en la asombrosa gloria de Dios y en su asombrosa gracia transformadora.

Sí, en el ministerio todos enfrentamos una batalla diaria por el asombro. Pero no estamos solos. El Dios a quien servimos no solo es un Dios de gracia pasada y futura, sino también de gracia presente. Su gracia presente hace por ti lo que no puedes hacer por ti mismo; te rescata de ti mismo. Su gracia te protege de la debilidad y los caprichos de tus afectos. Su gracia abre ojos ciegos y recaptura corazones errantes. La verdadera esperanza para todos nuestros ministerios se encuentra en el celo incansable de Su gracia presente.


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Imagen: Lightstock.
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