6 sugerencias para crecer en intimidad espiritual en el matrimonio

¿Cómo puede hacer una pareja casada para vivir y trabajar juntos en el matrimonio, con el deseo de glorificar a Dios?

Aquí hay algunas sugerencias prácticas para crecer en intimidad espiritual:

1. Orar juntos.

Estamos en una lucha espiritual que debemos pelear con herramientas espirituales (Ef. 6:10-18). Por tanto, en el matrimonio debemos aprender a orar juntos.

Esto parece obvio, pero como consejero para parejas he notado que este es uno de los deberes más descuidados. Si fallamos al invitar a Dios a nuestra relación en lo privado, estamos desprotegidos para los deberes que el día nos trae.

En 2 Samuel 12:23 tenemos una prueba de qué tan importante es orar no solamente en el matrimonio, sino para todo creyente: “Y en cuanto a mí, lejos esté de mí que peque contra el Señor cesando de orar por ustedes, antes bien, les instruiré en el camino bueno y recto”. Para el profeta, el dejar de orar por el pueblo era un pecado.

Yo le digo a las esposas y esposas: “¡No conoces lo mucho que tu pareja necesita tus oraciones para afrontar sus retos confiando en el Señor!”. ¿Sabes los riesgos y tentaciones a los que tu cónyuge está expuesto a diario?

Cuando acudimos al trono de Dios juntos, uno de los efectos de su gracia es que nos acercamos más el uno al otro en el matrimonio.

2. Estudiar la Palabra de Dios juntos.

Estudiar la Palabra de Dios con tu cónyuge no se trata de eliminar tu tiempo devocional a solas. Se trata de cultivar gracias espirituales con tu esposo o esposa, dando a Dios la oportunidad de que ministre a sus almas estando juntos.

En nuestra lucha espiritual, debemos tomar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Ef. 6:16-17). Él completa muchas cosas en nuestro entendimiento cuando empuñamos la espada juntos, y hay un gozo especial en la relación cuando eso ocurre.

El estudio de la Biblia con nuestro cónyuge nos permitirá ser retados por las mismas verdades, disfrutando la ministración de su gracia de una manera más poderosa.

3. Cultivar una comunicación saludable y profunda.

Efesios 4:29-30 es un texto obligado sobre esto:

“No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan. Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención”.

Una de las maneras más difíciles de mantener una relación fresca en el matrimonio es cuidando nuestras palabras. A veces, cuando hablamos, demolemos, herimos, o decepcionamos a nuestro cónyuge. Otras veces, nuestra esposa o esposo es inspirado a obedecer a Dios, retado con entusiasmo a esperar en Él. ¿Estás cuidando lo que dices?

Recuerda que al hablar con tu cónyuge creyente, no estás hablando a un hijo, a un empleado, o a alguien insignificante. Estás hablando con una persona coheredera de la gracia de Dios contigo. Cuida la forma en que te refieres a tu cónyuge, entendiendo que tus hijos están aprendiendo de ti, y que esto también implica callar. A veces lo más difícil es cerrar la boca, pero quizás es lo mejor que podemos hacer en ese momento.

En Efesios 4:30 leemos por única vez en la Biblia la frase “entristecer al Espíritu”. Eso es lo que ocurre cuando salen palabras malas de nosotros. ¿Entiendes la magnitud de esto?

Al conversar abiertamente, fomentando una buena comunicación, le permito a mi cónyuge que entre en mi corazón y se abren las puertas para compartir pensamientos, emociones, y hechos, mientras Dios revela sus propósitos en nuestras vidas.

4. Servir en la iglesia juntos.

La idea de esto es que nuestros matrimonios sean parte de lo que Dios está haciendo en nuestras iglesias, mientras servimos a los demás.

Cuando escucho a una pareja quejarse diciendo “no nos quieren en la iglesia”, mi pregunta es: “¿Participan y sirven en la iglesia?”. Recordemos Mateo 20:27-28: “y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos”.

Dios ministra nuestros corazones cuando nos integramos en la obra de Dios. En Gálatas 6:9-10 leemos: “No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos. Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe”. Hacer el bien puede ser agotador para nuestras almas, pero no te canses de eso.

¿Cuánto tiempo le das al pueblo de Dios? ¿Qué tanto te buscas oportunidades de servir? Tenemos el reto de dar nuestras vidas en servicio a los demás bajo la dirección de Dios. Si hemos recibido de Cristo, debemos ser como Él sirviendo en su reino.

Si no servimos juntos en el matrimonio, es posible que exista un aislamiento y egocentrismo en nosotros, y eso producirá un cáncer en el crecimiento espiritual. Necesitamos recordar que somos parte de un cuerpo. Es una bendición que, como parejas, seamos usados por Dios como instrumentos para bendecir a otros.

5. Practicar el discipulado juntos.

En la Iglesia, somos llamado a crecer con otros creyentes avanzando en la obra del Señor (cp. Efesios 4:11-16). Por eso debemos invitar a otras personas a nuestras vidas con las cuales podamos dar, recibir, y compartir.

Siempre habrá una pareja de menor madurez espiritual que tu matrimonio, a quien podrás dar ayuda y enseñanza. Siempre habrá una pareja de mayor madurez espiritual que tu matrimonio, de quien podrás recibir y aprender mucho. Y siempre habrá parejas de igual madurez espiritual con quienes tú y tu cónyuge podrán compartir buenos momentos, como hermanos en la fe.

Recuerda: la santificación es un proyecto comunitario en la Iglesia.

6. Establecer metas y planes juntos.

Eclesiastés 3:14 no es un texto que habla sobre planes, pero sí sobre la base de ellos: “Sé que todo lo que Dios hace será perpetuo; No hay nada que añadirle Y no hay nada que quitarle. Dios ha obrado así Para que delante de Él teman los hombres”.

Cuando Dios hace algo, lo hace perfecto. ¿Y qué tiene que ver esto con el matrimonio? Tiene que ver con el hecho de que Dios nos unió con nuestro cónyuge con un propósito; Él no se equivocó, y ha puesto toda su providencia en operación. Entonces, una pregunta para ti es: ¿Cómo sabes si estás cumpliendo el propósito de Dios en tu matrimonio?

Para vivir bajo ese propósito, necesitamos unir esfuerzos en el matrimonio. Necesitamos seguir soñando y planeando juntos, viendo los retos y llamados que Dios tiene para nosotros, sabiendo que Él inició algo en nuestras vidas, y lo terminará (Flp. 1:6).

Soñar juntos en el matrimonio intensifica la intimidad espiritual, creando un tipo de expectación que fortalece la unidad matrimonial. Eso nos ayudará a percibir que vale la pena lo que estamos haciendo por nuestros matrimonios, para la gloria de Dios.


Imagen: Lightstock.
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