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Recientemente comencé a servir como pastor de jóvenes en una nueva iglesia, y estoy encantado. Serví en mi iglesia anterior durante 14 años, durante los cuales obtuve un doctorado en ministerio y escribí un libro, por lo que la mayoría asumió que eventualmente buscaría un rol como pastor principal.

Dios me forzó a tomar el siguiente paso antes de lo que esperaba.

Cuando presenté currículums para varios puestos en el ministerio, quedó claro que no podía dejar el ministerio juvenil. Aún no.

Examiné mi corazón y decidí permanecer en el ministerio juvenil por cinco razones.

1) El ministerio juvenil es un ministerio real

Una de las maneras más fáciles de ofender a un ministro de jóvenes es preguntarle cuándo se convertirá en un “verdadero pastor”. La mayoría de las veces la pregunta se entiende como un cumplido (“Eres tan talentoso, seguramente te convertirás en pastor”). Pero el ministerio juvenil es un ministerio pastoral dirigido hacia los adolescentes y sus padres.

Los pastores de jóvenes predican, oran, evangelizan a los perdidos, discipulan a los nuevos creyentes, y equipan a los creyentes maduros para el ministerio. Reclutan y desarrollan equipos de líderes voluntarios, aconsejan a los estudiantes en crisis, hacen visitas al hospital, lideran proyectos de servicio y viajes, y mucho más. Hacen todo lo que hacen los pastores.

2) Poder ser pastor no significa que debas serlo

El ministerio juvenil es un excelente terreno de preparación para el pastorado, por lo que no debemos estigmatizar a aquellos que sirven durante una corta temporada antes de pasar al rol de pastor. ¿Acaso no queremos servir bajo pastores que entiendan y aprecien el ministerio estudiantil? Muchos de esos pastores están comprometidos con la próxima generación. Después de todo, muchos de los que hacen el cambio habrían permanecido en el ministerio juvenil si su salario se los permitiera.

Si todos los ministros juveniles experimentados se van para perseguir otros esfuerzos, el ministerio juvenil continuará siendo criticado por ser inmaduro.

Pero incluso si hay dones que son consistentes con roles pastorales más “respetados”, no significa que debas hacer esa transición. Si todos los ministros juveniles experimentados se van para perseguir otros esfuerzos, el ministerio juvenil continuará siendo criticado por ser inmaduro.

Me di cuenta de que, a pesar de mi frustración por la gente que preguntaba cuándo me convertiría en un “verdadero pastor”, comencé a preguntarme lo mismo. No sé si lo estaba haciendo por mi cuenta, o si la frecuencia de la pregunta lo plantó en mi mente. Pero con el tiempo me di cuenta de que había comenzado a ver el ministerio juvenil como algo inferior a mí, como algo que había superado. Sin embargo, otros que conocían mi corazón pudieron ayudarme a discernir que mi pasión en el ministerio seguía fija en llegar a la próxima generación. Era hora de un cambio, pero aún no era hora de abandonar el ministerio juvenil.

3) La crisis trae claridad

Cuando mi rol en mi antigua iglesia se disolvió, me forzó a una transición. Si bien muchos esperaban que eso fuera un paso “en la escalera”, descubrí que mi amor por el ministerio juvenil era más fuerte de lo que me había imaginado antes. Ese momento de crisis reveló cuán profundamente comprometido me siento a compartirle el evangelio a la próxima generación, y no estoy seguro de que eso desaparezca. Sinceramente, espero que no sea así.

El apóstol Pedro insiste en que las pruebas exponen lo que realmente creemos, y nos santifican (1 Pe. 1:6-7). Estoy agradecido de que Dios haya usado esa temporada difícil para cristalizar aún más mi llamado.

4) Nadie es un experto en juventud por mucho tiempo

El ministerio juvenil presenta oportunidades continuas para crecer en la contextualización del evangelio.

Este es uno de los rasgos verdaderamente únicos del ministerio a los jóvenes (y niños): cada pocos años tienes una “congregación” completamente nueva. Los estudiantes se gradúan, la cultura juvenil cambia, y si no te adaptas, te hundes. Un ministerio animado puede volverse obsoleto en tres años.

El núcleo de nuestro ministerio sigue siendo bíblico, pero nuestros estudiantes viven en un mundo que cambia rápidamente. El ministerio juvenil presenta oportunidades continuas para crecer en la contextualización del evangelio.

5) Los alumnos necesitan a Jesús

Esta, al final, es mi convicción más fuerte. Por un lado, mi experiencia de vida significa que tengo más que ofrecerle a los estudiantes. Por otro lado, lo único que vale la pena darle a los alumnos es el evangelio: Dios salva a los pecadores a través de la muerte y resurrección de Jesús. Esta es la “única cosa” que impulsó a Pablo, y es el mayor tesoro que tenemos para darle a los estudiantes (1 Co. 2:2).

La superposición entre esas dos cosas es esta: entiendo el evangelio mejor que cuando comencé en el ministerio. Lo he visto transformar vidas. Tengo una mejor perspectiva sobre la cultura y los caminos que dirigen las conversaciones a la cruz. No he superado esa verdad. He madurado en ella.

Persiste

Así que aquí estoy, aún sirviendo como pastor de estudiantes, todavía contando con el poder del evangelio para transformar vidas. Compañeros de trabajo juveniles, si sienten presión para subir la escalera del ministerio o simplemente darse por vencidos, reconsideren. El Señor puede estar moviéndote a una nueva temporada de ministerio, pero tal vez no.

Pase lo que pase, oro para que permanezcas firme en tu llamado a servir a la próxima generación.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Unsplash.
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