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¿Puede dejarnos algo bueno una pandemia con todos sus efectos negativos?

Se ha dicho que las crisis generan oportunidades y un virus que afecta al mundo entero también nos otorga distintas lecciones para aprender. En esta ocasión, te comparto cuatro lecciones financieras que aprendí durante la pandemia.

1) Es necesario ahorrar

El ahorro se podría definir como la actividad preventiva que consiste en guardar para necesidades futuras una parte del dinero que se percibe. Los economistas recomiendan establecer un ahorro que se destine para emergencias, inversiones o atender eventualidades y planes futuros.

El 2020 confirmó la importancia de tener un ahorro disponible para cubrir el déficit en las finanzas personales. Muchos perdieron trabajos o vieron reducidos sus ingresos acostumbrados. De ahí la necesidad de una visión preventiva que nos lleve a incluir en nuestro presupuesto un renglón de ahorros que estemos comprometidos a respetar dentro de lo posible.

La Biblia promueve un manejo sabio y prudente de nuestras finanzas (Pr 6:6; 13:22; 21:20). Eso implica anticiparse a necesidades potenciales e imprevistos que podrían tener un impacto sobre la vida familiar e inclusive emocional y espiritual.

2) No necesitamos mucho dinero para vivir

Muchas familias se vieron obligadas a reducir gastos por comidas fuera de casa, transporte, combustible, etc. Aunque otros tipos de desembolsos aumentaron —como gastos en salud—, nos dimos cuenta de que gastábamos demasiado en cosas innecesarias y la realidad es que no necesitamos mucho para vivir.

En un contexto de mercados consumistas de productos innecesarios, la cuarentena nos enseña que no requerimos más cuando nuestras necesidades básicas estén satisfechas. No me malentiendas, esta no es una apología de la pobreza o una frugalidad extrema, sino un llamado a hacer frente de manera sabia al materialismo. No olvidemos que la Biblia nos insta: “Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te desampararé’” (He 13:5).

En un contexto de mercados consumistas, la cuarentena nos enseña que no requerimos más cuando nuestras necesidades básicas estén satisfechas

Pablo explicó a Timoteo que la piedad es una gran ganancia para la vida, si está acompañada de contentamiento (1 Ti 1:6). También, cuando escribe a los hermanos de Filipos, el apóstol indica que había aprendido la lección de que en Cristo podemos tener contentamiento sin importar las circunstancias, ya sea en pobreza o prosperidad (Fil 4:13).

3) Evitemos depender de una sola fuente de ingresos económicos

Si vives en Latinoamérica, es probable que tu país sea una nación donde la economía está afectada por decisiones gubernamentales que no siempre benefician a los sectores más vulnerables.

Realidades políticas y fiscales, sumadas a contingencias propias de los distintos mercados, repercuten en contextos laborales vulnerables impactados por crisis económicas. De ahí que el sector de los trabajadores se constituya en el más propenso a experimentar el efecto negativo al perder sus empleos o caer en una situación de precariedad o informalidad laboral. Ante esta situación, aprendamos a vivir de manera sabia al buscar en lo posible no depender de una sola fuente de ingresos para nuestra subsistencia. Aquí te presento algunas recomendaciones para lograr generar ingresos extra:

  • Consigue otro empleo de trabajos puntuales o esporádicos, como asesoría de un oficio o práctica que manejes (finanzas, emprendimiento, cocina, decoración de interiores, montaje de eventos, maestría de ceremonias, etc.).
  • Puedes grabar tus videos de clases de matemáticas y venderlos a través de plataformas como Udemy o Domestika; imparte o graba tutorías de ejercicios, imparte talleres de pintura u otro arte.
  • Ahorra todo lo que puedas, y luego invierte en instrumentos financieros que te generen ingresos por intereses ganados por medio de certificados financieros, inversión en títulos y valores, inversión en micronegocios, etc.

En Cristo podemos tener contentamiento sin importar las circunstancias, ya sea en pobreza o prosperidad

Soy consciente de que esto no es posible en todos los casos puesto que confluyen muchos factores. Sin embargo, sigue siendo una medida sabia para paliar las probabilidades de crisis económicas futuras. De nuevo, debo destacar que la Biblia nos invita a ser prudentes y discernir cómo lidiar con los desafíos que nos presenta la vida, la cual está llena de aflicciones y sinsabores (Pr 1:4; 8:1; Jn 16:33).

4) Las circunstancias adversas no son obstáculos para que Dios provea

Nuestro Dios es experto en producir sin materia prima. La creación es evidencia indudable de ello. El desierto que hospedó por cuarenta años al pueblo de Israel también es un testigo confiable de esta verdad.

Respecto a las necesidades elementales de la vida, el mandato del Padre a sus hijos fue: “No se preocupen” (Mt 6:25-34). Cristo nos enseña que, debido a la providencia divina para los creyentes, hay una garantía del cuidado y provisión necesarios para estos. Esa verdad es la que constituye la base fundamental para el mandato de “no se preocupen”.

El COVID-19 nos enseña que las circunstancias adversas no son obstáculos para que Dios provea en el área económica. El Padre no está condicionado a las circunstancias. Él orquesta con soberanía toda situación para la eterna gloria de su nombre y el bien pleno de sus hijos (Ro 8:28). Nuestras finanzas están en las manos de ese tierno y cuidadoso Dios. Ora, confía y espera.

Conclusión

Nuestras dificultades financieras no quedan lejos del conocimiento de nuestro Dios. Si hay algo que queda claro en las Escrituras, y que la historia del cristianismo confirma, es que Dios está pendiente de las necesidades de sus hijos. Él es nuestro fiel proveedor económico. Cristo es nuestra suficiencia y plenitud. El Espíritu es nuestro consolador en medio de las crisis provocadas por esta pandemia. Amado hermano, sé un mayordomo sabio, confía en tu Dios y descansa en Él.

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