3 razones para rechazar el evangelio de la prosperidad

3 razones para rechazar el evangelio de la prosperidad

Los maestros de la prosperidad leen la Biblia al revés cuando prometen la sombra de la prosperidad material temporal en lugar de la realidad de la prosperidad espiritual eterna en Jesús.

El evangelio de la prosperidad es una etiqueta que se utiliza para describir la popular enseñanza de que los cristianos que ponen su fe en Dios y sus promesas recibirán prosperidad en sus finanzas, salud, y cumplirán sus objetivos de vida.

Millones de personas —incluyéndome a mí durante varios años en mi vida cristiana— han sido atraídos a esta enseñanza. Y no es sorpresa. Escuchar que el Señor del universo está comprometido en cumplir cada uno de nuestros deseos (convirtiéndonos así en señores de nuestro universo) suena como evangelio (“buenas nuevas”). Sin embargo, la verdad es que el evangelio de la prosperidad es todo menos evangelio. Es exactamente lo opuesto a las buenas nuevas, y todo cristiano debería rechazarlo por al menos tres razones.

1. El evangelio de la prosperidad abusa de la Palabra de Dios.

Los predicadores de prosperidad solo pueden presentar su “evangelio” torciendo las Escrituras para que parezca que digan cosas que no dicen. Lo hacen de muchas maneras, pero dos estrategias prominentes son ignorar la evidencia contraria y leer la Biblia al revés.

Aquellos que promueven el evangelio de la prosperidad tienden a ignorar la evidencia contraria. Nos apuntarán a la prosperidad de Salomón mientras ignoran la conclusión del mismo Salomón de que la prosperidad material no vale nada (Ec. 2:11), o harán referencia a las riquezas de Abraham mientras ignoran los muchos pasajes que mencionan la extrema pobreza de Jesús y sus apóstoles (Lc. 2:24, 9:58; 1 Co. 4:11-13) y la promesa de que los cristianos del futuro deberían esperar persecución (2 Ti. 3:12).

Los maestros de la prosperidad leen la Biblia al revés cuando prometen la sombra de la prosperidad material temporal en lugar de la realidad de la prosperidad espiritual eterna en Jesús.

Los predicadores de la prosperidad también tienden a leer la Biblia al revés, interpretando el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo Testamento. En otras palabras, utilizan pasajes del Antiguo Testamento como las llaves que abren el verdadero significado del Nuevo Testamento. Aunque esto podría parecer tener sentido cronológicamente, teológicamente no tiene sentido. Jesús nos enseña a hacer exactamente lo contrario.

En Lucas 24:5-27, Jesús explica que Él es la clave que revela el verdadero significado del Antiguo Testamento. Él y sus apóstoles modelan esta forma de abordar las Escrituras a través del Nuevo Testamento, revelando a Jesús como el verdadero día de reposo (Heb 4:1-11), el verdadero templo (Jn. 2:21), el verdadero sacrificio (Heb. 9:11-28), el verdadero Israel (Jn 15:1; cp. Sal. 80), etcétera. Estas sombras (así se les llama en Heb. 8:5, 10:1) físicas en el Antiguo Testamento hallan su cumplimiento espiritual verdadero en Cristo (Col. 2:16-17).

De la misma manera, la prosperidad material del Antiguo Testamento no es el cumplimiento de las promesas de Dios, sino una sombra de sus promesas que se cumplen completamente en la persona de Cristo. Efesios 1:3 promete que los cristianos poseen ahora mismo “toda bendición espiritual” en Cristo. El contexto revela que esas bendiciones incluyen la adopción como hijos, el perdón de pecados, el sello y poder del Espíritu Santo, vida nueva, y mucho más. Los maestros de la prosperidad leen la Biblia al revés cuando nos prometen la sombra de la prosperidad material temporal en lugar de la realidad de la prosperidad espiritual eterna en Jesús.

2. El evangelio de la prosperidad roba la alabanza.

Es cierto que el evangelio de la prosperidad nos llama a hacer buenas cosas, como dar financieramente a la iglesia, orar, y tener fe en las promesas de Dios. Desafortunadamente, también te llama a hacer esas cosas buenas por razones muy malas.

La motivación central de cada una de esas acciones es la adoración al yo y el avance de nuestro propio reino en lugar de la adoración al Dios trino y el avance de su reino. No se nos dice que las hagamos porque amamos a Dios o porque Él es digno de estas cosas; se nos dice que las hagamos para que podamos obtener prosperidad material para nosotros.

Por maravilloso que suene en la superficie, el evangelio de la prosperidad no es una buena noticia.

De esta manera, el evangelio de la prosperidad le roba a Dios nuestra alabanza dirigida a Él. Aunque Él no necesita nuestra alabanza, la merece ricamente (Ro. 11:33-36). También, el evangelio de la prosperidad nos roba a nosotros de nuestra alabanza dirigida a Dios. Aunque Dios no necesita que le adoremos, nosotros necesitamos muchísimo adorar a Dios. Cuando no vivimos como sus adoradores vivimos como sus enemigos, y eso no termina bien para nosotros (Stg. 4:4-5).

3. El evangelio de la prosperidad no son buenas nuevas.

Por maravilloso que suene en la superficie, el evangelio de la prosperidad no es una buena noticia. No te prepara para la vida, no te prepara para la eternidad, y te motiva a conformarte con unas pocas cosas bonitas cuando puedes tener todas las cosas gloriosas.

El evangelio de la prosperidad no puede equiparte para la vida. Cuando enfrentas problemas financieros, de salud, o de la vida, la única respuesta que el evangelio de la prosperidad puede ofrecerte es “ten más fe”. Además de ser trillado e inútil, este consejo pone tu salvación en tus débiles manos en lugar de ponerlas en las manos todopoderosas de Dios, y frecuentemente lo hace durante los tiempos de sufrimiento, cuando la fe es más difícil de obtener.

Por otro lado, el verdadero evangelio es una buena noticia porque ofrece un sinnúmero de recursos para tu sufrimiento, incluyendo a un Sumo Sacerdote que ora por ti (Heb. 4:14), que tiene compasión de tus luchas (Heb. 4:15), que te ha rescatado del juicio de Dios (Ro. 3:21-25), y que promete darte todo lo que necesitas —incluyendo fe— y nunca dejarte (Fil. 4:19; Heb. 13:5).

El evangelio de la prosperidad te motiva a intercambiar todas las cosas gloriosas que Dios te ofrece por unas pocas cosas bonitas que el mundo te ofrece.

De la misma manera, el evangelio de la prosperidad no puede equiparte para la eternidad, pues enfoca tus ojos y energía solo en lo que puedes obtener y experimentar aquí y ahora. Al hacerlo, virtualmente garantiza que no estarás preparado para la eternidad. Ese es el punto de Jesús en Mateo 10:39: “El que se aferre a su propia vida, la perderá, y el que renuncie a su propia vida por mi causa, la encontrará” (NVI). Los únicos cristianos que son capaces de permanecer delante de Dios en el día del juicio son aquellos que están vestidos del lino fino de la justicia de Cristo y la suya (Ap. 19:8). Estar vestido del lino fino de tu diseñador favorito no te servirá de nada en ese día.

Y lo peor de todo, el evangelio de la prosperidad te motiva a intercambiar todas las cosas gloriosas que Dios te ofrece por unas pocas cosas bonitas que el mundo te ofrece. Le enseña a tu corazón a conformarse con un bonito auto, casa, o factura médica cuando pudiera tener al glorioso Señor del cosmos que sostiene todas las cosas con la Palabra de su poder. ¿No es un trato mortal con el diablo estar dispuestos a dejar lo que es más valioso y le costó la vida al mismísimo Hijo de Dios por aquello que es común y cuesta nada más que unos cuantos miles de dólares?


IMAGEN: LIGHTSTOCK.
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