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3 cosas que debes preguntarte antes de criticar a tu pastor

Cuando tenía 20 años, hubo un cambio de liderazgo en mi iglesia de infancia. Poco después, su declaración de visión también cambió. Estaba al otro lado del país en mis estudios universitarios en Biblia y Teología. Basado en mi experiencia de liderazgo, consideraba que tenía recursos suficientes como para compartir generosamente mi sabiduría, así que le escribí una carta al nuevo pastor principal.

Todavía estoy avergonzado de esa carta.

El pastor nunca respondió, pero supongo que nunca lo olvidó. Nunca he podido establecer una relación con él, y parece que intencionalmente me mantuvo a distancia después de esa carta. No lo culpo.

Veinte años después, a veces estoy en el extremo receptor de tales mensajes. A lo largo de la crisis del COVID-19, recibí más retroalimentación que en cualquier otra temporada de ministerio. Y he aprendido que cada carta es una oportunidad para crecer en sabiduría y humildad. Pero cada mensaje también cobra un peaje emocional y espiritual.

Todo esto me ha llevado a reflexionar sobre esa vergonzosa carta, y cómo hoy en día haría las cosas de manera diferente. Pablo le dice a Timoteo que los ancianos son “dignos de doble honor” (1 Ti. 5:17). ¿Cómo le demostramos doble honor a nuestros pastores cuando pensamos que debemos darles una crítica?

Aquí hay tres preguntas que desearía haberme hecho antes de enviar esa carta.

1. ¿Qué tan cercana es tu relación con el pastor?

Yo era meramente un conocido de ese pastor. ¿Fue sabio que mi primera comunicación sustancial con él fuera una crítica?

He predicado sermones y personas de la congregación que no conozco se han acercado más tarde y no emiten más comentarios que corregir algo que he dicho mal. Como pastor, estoy en una posición incómoda. Quiero recibir bien las críticas, pero más que eso, quiero llegar a conocer a esas personas.

La crítica sin un contexto relacional hace que construir una relación sea un reto

Tú y tu pastor son parte de un cuerpo local y Dios tiene la intención de que tengan una buena relación en el mayor grado posible, algo que es probablemente más difícil en iglesias grandes. La confianza es necesaria para cualquier relación sana. La crítica sin un contexto relacional hace que construir una relación sea un reto. No eres un simple cliente en su iglesia, sino un colaborador en la misión de Dios. Tu primer objetivo no es mejorar el producto de tu iglesia, sino desarrollar relaciones.

Mientras menos conozcas a tu pastor, menos críticas deberías compartirle. Antes de criticar, sugeriría conocer a tu pastor: animarlo y preguntarle cómo puedes orar por él.

El consejero Henry Cloud dice que en las relaciones saludables, por cada crítica, se comparten un mínimo de cinco comentarios significativos de ánimo. Antes de disparar ese correo electrónico, retrocede y pregúntate: ¿He elogiado (de manera significativa) al pastor cinco veces? El “me gusta” en Facebook o esa vez en febrero que le dijiste “buen sermón” a la salida, no cuentan. Probablemente no lo recuerde. Piensa en maneras en que la gente ha recorrido la milla extra para animarte a ti, y considera cómo pudieras alentar a tu pastor de manera similar.

Hazle saber que estás ahí para él. Sirve en el cuerpo. Invierte en la misión de Dios en tu iglesia. Entonces, cuando ofrezcas críticas, lo harás en el contexto de una relación donde tu pastor sabe que estás de su lado.

2. ¿Qué tan grave es el problema?

Esta pregunta requiere un alto nivel de autoconciencia. Escribí mi carta porque realmente pensé que el problema era serio. En retrospectiva, no era tan grave como pensaba.

La crítica nunca convencerá a tu pastor de que eres alguien en quien confiar

Evalúate a ti mismo. Si estás molesto por un nuevo ministerio, o porque tu pastor está usando una camiseta, o por su perspectiva sobre un texto; comprueba y ve si otras fuentes de buena reputación también han abierto ese ministerio cuestionable, tienen ese estilo de vestir casual, o tienen esa misma perspectiva sobre ese texto. Comienza con la suposición de que otros líderes de buena reputación pueden estar en su mismo territorio. La cuestión probablemente no sea tan seria como crees.

No verifiques la amenaza que este problema representa comentándolo con tu grupo pequeño o amigos en la iglesia. Eso es chisme y sólo creará división.

3. ¿Estás tratando de demostrar que eres inteligente?

Uf. Mi yo de hace 20 años necesitaba esta revisión. No habría estado de acuerdo entonces, pero, sin duda alguna, parte de mi motivación al escribir la carta fue demostrar mi temple teológico a mi nuevo pastor. Tenía la esperanza de que su respeto por mí aumentara.

¡Insensatez!

La crítica nunca convencerá a tu pastor de que eres alguien en quien confiar. Algunas de las personas más peligrosas de una congregación son aquellas cuyo conocimiento teológico sobrepasa su carácter. Tomaría mil ignorantes teológicos que reflejan el corazón de Cristo antes de tomar a un arrogante genio teológico.

Honor y ánimo

Ser occidental hoy en día es sospechar de la autoridad e irritarse con los que están a cargo. Sin embargo, la imagen de los creyentes en el Nuevo Testamento es que los líderes sirven, y aquellos que están bajo liderazgo honran tanto a sus líderes como a los demás, “dándose preferencia unos a otros” (Ro. 12:10).

Ni una de estas palabra debe ser tergiversada para proteger a pastores que han usado su autoridad para obtener ganancias egoístas o para aplastar a los que están bajo su cuidado. Cada líder puede crecer con la crítica, sin importar la fuente o la intención. Es mi responsabilidad humillarme y crecer con cada crítica.

Pero esto no libera al que hace la crítica. En 1 Tesalonicenses 5:11, Pablo exhorta: “Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo”.

Del mismo modo, el escritor de Hebreos dice: “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras… exhortándonos unos a otros…” (Heb. 10:24-25).

Debemos distinguirnos por nuestra exhortación (1 Ti. 5:1), incluso imitando a los ancianos en las formas en que ellos imitan a Cristo (Heb. 13:7).

Mi oración es que la manera en que dirijo y sigo a otros se caracterice por animar a los demás, no por criticar. Al hacerlo, puedo edificar a los que me rodean y honrar la fuente de todo ánimo: Jesucristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Jenny Midence-García.
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